Capítulo 6
Nicole
Estoy en la oficina tarde por la noche. No es inusual que me encuentre aquí a estas horas, mucho después de que todo el mundo se haya marchado por hoy.
Ha llegado un punto en que los de seguridad saben que, si las luces de la planta están encendidas, seré yo a quien vean en el despacho. Por suerte, no me molestan.
Esta noche, sin embargo, he estado haciendo cualquier cosa menos trabajar.
Lo único que puedo hacer es sentarme en el despacho y preguntarme qué pasará después.
Toda mi carrera está a punto de implosionar. Solo espero a ver la mecha para saber cuándo ocurrirá la explosión.
Podría suceder cualquier día de estos. Camino entre los cubículos vacíos y observo los objetos que mis trabajadores han pinchado en sus paredes. La mayoría tiene fotos de la familia y de seres queridos en sus áreas de trabajo.
Mi despacho está desnudo, a excepción de las costosas obras de arte que adornan la única pared que no es de cristal.
Regreso a mi oficina y me quedo mirando el oscuro cielo de Toronto. Observo los coches ajetreados en la intersección de abajo. Puedo oír el sonido lejano del tráfico.
Frunzo el ceño al pensar en lo enfurecida que estoy.
¿Y si hubiera tomado mejores decisiones?
¿Y si me hubiera centrado en llenar mis paredes de recuerdos de seres queridos, incluso de niños? Nunca quise a esos bichos molestos, pero ahora que he pasado de los treinta, tengo remordimientos.
Cada vez que miro hacia abajo desde las alturas, pienso en lo liberador que sería si saltara.
¿Tendría siquiera miedo mientras caigo al vacío hacia mi muerte?
Una parte de mí imagina que descubriría que tenía alas y que me iría volando hacia una vida diferente, una en la que realmente quiera seguir viviendo.
En cambio, estoy atrapada con la mía y con las consecuencias que se avecinan.
Necesito vino.
Aunque el día de hoy no ha sido tan malo.
Despedir a mi vicepresidenta ha sido divertido.
Hay gente que se siente incómoda cuando tiene que despedir a alguien, pero yo no.
La mayoría se lo merece. Sus actos los han llevado a su destino de sentarse frente a mí mientras yo les decía esas dos palabras aterradoras.
—Estás despedida.
Sus propios motivos son los que los han traído hasta aquí.
Mi antigua vicepresidenta no ha sido diferente.
Bueno, un poco supongo. Empezó a indagar demasiado en lo que yo estaba haciendo.
Podría haber descubierto lo que he hecho.
Estaría más que encantada de ocupar mi lugar como presidenta. Así que ahora no tiene trabajo.
Eso es lo que pasa cuando te metes conmigo. Le desearía suerte para encontrar un nuevo empleo, pero le resultará casi imposible hacerlo en esta provincia. Puede que incluso tenga que mudarse de continente para encontrar trabajo.
Su nombre es basura porque yo he dicho que eso es lo que ella es. Otras empresas no querrán contratar a alguien como ella después de lo que le he hecho a su reputación.
Está arruinada, y yo no, al menos por ahora.
El primer día de Alice Walker ha ido bien, según ella se habrá imaginado. Debe de estar en casa, revoloteando en su vida perfecta, más feliz que nadie. Le he dado un atisbo de ese puesto de vicepresidenta y se ha animado enseguida.
De verdad cree que tiene una oportunidad.
Sé que es unos años más joven que yo. La ingenuidad es algo propio de los jóvenes que se cura con la edad.
Puede que Alice Walker no lo descubra hasta que sea demasiado tarde para ella.
Camino hacia su oficina y abro la puerta. Me tomo mi tiempo, quedándome de pie ante su escritorio antes de sentarme en su silla. Su área de trabajo está ordenada, tal como esperaba. Los papeles ordenadamente apilados sobre la mesa.
Una foto de ella y su marido, Evan, me observa. Sus caras de felicidad me dan asco. Qué momento tan encantador compartían cuando se la hicieron. Imagino que pronto sus paredes estarán decoradas con otros recuerdos cariñosos que irá creando. Muchos más con Evan.
A pesar de lo que me ha dicho hoy, tarde o temprano también tendrá hijos. Su vida estará llena de momentos felices.
Quizá haya algo que yo pueda hacer respecto a esa parte.
Cojo la foto de la feliz pareja y la miro fijamente, deteniéndome para ver lo guapo que se ha vuelto Evan Walker.
Recuerdo lo que hizo y estampo el marco de la foto contra el escritorio. Los cristales saltan por la superficie y caen al suelo.
Cuando levanto la mano, tengo un pequeño corte en la palma. Succiono la sangre, manchándome la mano con el pintalabios.
Nuestra nueva marca de pintalabios que no mancha no parece estar cumpliendo su promesa. Sigo succionando mi herida mientras me levanto del escritorio y salgo del despacho.