La Jefa Capítulo 1
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Capítulo 1

Alice

Tres meses antes.

Estoy sentada en el sofá de nuestro nuevo salón, paralizada por el miedo ante todos los grandes cambios que está dando mi vida.

Sé que debería estar feliz ahora mismo. Estoy consiguiendo todo lo que siempre he querido. En cambio, mis inseguridades se han apoderado por completo de mi cerebro. Estoy atrapada entre las ganas de saltar de alegría y las de hacerme un ovillo y echarme a llorar.

Mañana es mi primer día en Lovely Beauty Supplies, o LBS para abreviar. Soy su nueva directora ejecutiva de ventas.

Aún se me cae la mandíbula al suelo cuando pienso en mi nuevo cargo.

Me costó años acceder a un puesto directivo cuando vivía en la Columbia Británica. Y, de repente, me he cruzado el país y ahora estoy a unos centímetros de ser una alta ejecutiva en una empresa de productos de belleza emergente que tiene un potencial enorme.

El trabajo duro me ha traído hasta aquí. He pagado mi derecho de piso ante mis jefes corporativos. He sacrificado gran parte de mi tiempo y de mi vida para llegar a donde quería estar, y ahora los frutos de mi esfuerzo están dando resultados.

Evan, mi marido, me ha servido de apoyo. No me ha frenado en lo que quería en la vida, aunque a veces puede ser una buena distracción.

Estamos cerca de los treinta. Él quiere ser padre. Cuando nos casamos hace casi dos años, le dije que yo quería lo mismo, y así es, pero no ahora mismo.

En este momento, Alice Walker necesita centrarse en sí misma. Necesito trepar por la escala corporativa tan alto como pueda y, una vez que sea imprescindible, una vez que haya demostrado mi valía, podré centrarme en formar una familia con Evan.

Soy joven y aún tengo tiempo de sobra. Aunque parece que Evan está pasando por su crisis de los cuarenta mucho antes de lo esperado, yo solo tengo veintisiete años. Eso me da mucho margen para llegar a donde necesito estar.

Si le preguntas a Evan, sin embargo, te diría lo contrario. Está obsesionado con mis óvulos y con cuántos años de fertilidad me quedan.

No deja de soltar estadísticas sobre los problemas que tienen los padres mayores cuando forman una familia tarde.

No estoy preocupada. Cuando llegue el momento, seré una buena madre, lo sé. Solo que no puedo empezar cuando estoy en lo más bajo. Quiero que mis hijos se críen en un entorno donde no tengan que preocuparse por el dinero. Quiero asegurarme de poder ofrecerles esos años iniciales de estabilidad.

Básicamente, quiero que no pasen por el infierno que viví yo de pequeña.

Evan, aunque es un marido bueno y comprensivo con su ambiciosa mujer, no ayuda mucho en ese aspecto.

Actualmente no trabaja, y eso no me importa ya que nos acabamos de mudar a Toronto para que yo pudiera empezar mi nuevo empleo.

Aunque tiendo a ser muy exigente conmigo misma, sé que no es razonable que se mude al otro lado del país conmigo y encuentre trabajo de repente.

Lo que sí era razonable, no obstante, era esperar que antes de mudarnos a Toronto tuviera una carrera estable. Estable y carrera no son palabras que se puedan aplicar a mi marido.

En el mundo laboral, somos casi polos opuestos. Yo soy emprendedora, ambiciosa y haría cualquier cosa, salvo vender a mi hijo no nato, para llegar a donde quiero estar en la vida. Evan es diferente.

Él no aguanta tonterías de sus superiores. Se limita a realizar el trabajo que se le exige y poco más. Se jacta de cómo dejó su último empleo mandando a su jefe a tomar por saco.

A veces noto que le molesta lo exitosa que soy. Nunca le echo en cara que gano más que él. Él lo sabe. Llevamos las finanzas juntos. Ve lo que gano yo en comparación con lo que él aporta, cuando tiene trabajo. No hace falta que le diga lo obvio.

Gano lo suficiente para que no tenga que preocuparse por ello. Sé que gran parte de su frustración en los diversos empleos que ha tenido se debe a que no ha encontrado algo que le apasione.

Desde que era niña, quería ser ejecutiva en una empresa. Imaginaba mi nombre en el exterior de una puerta grande en una oficina elegante, personal trabajando para mí y yo dirigiéndolos.

En un momento de su vida, pensé que Evan tenía eso encaminado. Estaba empezando el Grado en Educación para ser profesor, pero dejó la universidad a los veintipocos. Desde entonces le ha costado encontrar algo que quiera hacer.

Si de verdad quiere formar una familia conmigo, y dado que yo gano más que él, lo más probable es que sea él quien se quede en casa con nuestro futuro bebé más tiempo que yo.

Yo tendré que reincorporarme pronto de la baja de maternidad para centrarme de nuevo en mi carrera.

Él puede encargarse del grueso de lo que el bebé necesite.

—¿Quieres que sea el amo de casa? —me preguntó Evan una vez en broma.

Evan sube las escaleras desde el sótano; cada peldaño chirría en un tono distinto. Trae cables cortados en la mano.

—Bueno, esto es un desastre —dice—. La instalación eléctrica es propiamente de los años cuarenta. Esto no cumple la normativa, seguro. —Me mira, esperando una respuesta, pero yo solo sonrío.

Ya sabíamos que este sitio necesitaba algo más que un lavado de cara.

Evan encontró una oportunidad increíble, según decía. Una casa antigua anunciada en internet con un precio increíble en una zona buena.

La descripción era idílica, como era de esperar. Decir que una casa es cara en Toronto es quedarse corto. Es la ciudad más cara para vivir en Canadá, incluso del mundo, de hecho.

Siempre habíamos querido una casa propia, y si íbamos a tener un bebé en un futuro cercano, queríamos tenerlo en una casa unifamiliar.

Evan me devuelve la sonrisa. —No te preocupes, yo me encargo —dice con confianza.

Aunque mi marido no tenga confianza en el mundo laboral corriente, desde luego es un manitas. Su padre trabajaba en mantenimiento y enseñó a su hijo muchas cosas distintas, desde instalar suelos hasta electricidad.

Era algo que la familia Walker solía hacer junta. Para cualquier proyecto de la casa que hubiera que hacer, su padre reunía a Evan y al hijo menor, Tommy, y lo hacían juntos.

Cuando conseguí el trabajo en LBS, Evan se alegró de volver a donde se había criado. Estaría cerca de su hermano Tommy de nuevo.

Al padre de Evan le habría encantado trabajar en la reforma de este lugar con él, pero desgraciadamente falleció hace un año. En lugar de que la familia Walker trabajara junta en un proyecto de la casa, ahora solo serían Evan y Tommy.

—¿Cuándo vendrá Tommy a ayudar? —pregunto.

—Dijo que quería venir mañana —dice Evan, metiendo los cables en una bolsa de basura.

Ya ha amontonado un montón de escombros de las cosas que ha arrancado.

Tommy tiene una camioneta donde pueden cargarlo todo para llevarlo al vertedero—.

Dijo que tenía unas últimas cosas que hacer en la escuela antes de que sus vacaciones de verano empezaran de verdad.

—Se limpia las manos sucias en los vaqueros.

—Hay que ver qué bien viven los profesores —digo con una risa, e inmediatamente me arrepiento de mis palabras. A veces, Evan puede ser sensible cuando hablamos de que su hermano es profesor. Al fin y al cabo, era el trabajo de sus sueños al que él renunció mientras su hermano triunfaba.

—¿Qué estás mirando? —pregunta Evan, señalando mi móvil con la cabeza.

—La página web de mi nueva empresa. Lovely Beauty Supplies.

—Ya te han contratado —dice Evan con una risita—. No hace falta que te preocupes por el lema de la empresa ahora que las entrevistas han terminado. Tienes el puesto.

Evan no lo entiende. Tu trabajo no termina con la entrevista. Empieza el primer día y el siguiente. Tienes que entender la dinámica de trabajo de la empresa, lo que quieren. Es la única forma de mantenerse arriba o subir aún más en una compañía.

La cultura laboral la puedes aprender una vez que estés en la oficina, pero conocer a tu empresa, al menos su cara pública, es importante. En este momento, sin embargo, estoy leyendo la sección de «Sobre nosotros» y mirando las numerosas caras de los puestos activos y quiénes los ocupan.

A una de ellas la reconocí de inmediato. Fue la que me contrató. Nicole Barrett. Nunca me había entrevistado con la presidenta de una empresa y estaba nerviosa, pero fue sumamente amable, lo que hizo que todo fuera bien.

Lo que lo hizo aún mejor fue la cantidad de preparación que había hecho antes de que empezara la entrevista. Nicole incluso comentó lo bien preparada que estaba.

Sonrío a mi marido. —Necesito refrescar lo que aprendí. Mañana es el primer día, y solo tienes una oportunidad de causar una buena primera impresión.

—Pensé que habías dicho que tu jefa parecía simpática —dice confundido.

—Bueno, lo es, pero no es solo a ella a quien tengo que impresionar, es a todo el mundo.

Evan ladea la cabeza. —Te irá bien.

—Lo sé —digo con confianza—. Por eso me estoy preparando un poco más.

Evan asiente. —Dices que te irá bien, pero estás haciendo eso que haces cuando te estás muriendo de miedo por dentro pero intentas que no se note.

—¿El qué? —pregunto confundida.

—Es el único tic que noto cuando vas de farol. —Se ríe—. Si no fuera porque dilatas las fosas nasales como si intentaras inspirar todo el aire de la habitación a la vez, nunca sospecharía nada.

Me doy cuenta de inmediato de que tiene razón y relajo la cara.

Suspiro y dejo el móvil. Evan se sienta en el sofá a mi lado y me pasa el brazo por los hombros. —Mañana te va a salir todo de maravilla.

Aspiro hondo y apoyo la cabeza en su hombro. —Espero que tengas razón.

—Ya lo verás —dice—. Y si por alguna razón no fuera así, puedes dejarlo. Cualquier otra empresa tendrá la suerte de que mi exitosa esposa la dirija. —Me besa en un lado de la cabeza.

No lo corrijo. No es tan fácil. Si esto no sale bien, estamos totalmente fastidiados. Pero eso no se lo explico. A veces ojalá tuviera su actitud despreocupada.

Evan se saca una mano del bolsillo y un pequeño papel rectangular cae al suelo. Veo la imagen de una campana amarilla y por un momento temo que sea un rasca y gana. Evan solía comprar muchas loterías, y cosas mucho peores, pero prometió que lo había dejado. ¿Y ahora veo un rasca y gana en el suelo?

Él lo recoge y me mira al notar mi cara de enfado. Se ríe. —Es solo un recibo de la ferretería. —Me lo enseña y veo las letras en negrita junto al símbolo de la campana. «Ferretería Bell», reza.

—Te dejo tranquila —dice mientras me besa de nuevo antes de levantarse y volver a bajar, haciendo que los peldaños crujan de forma distinta a como lo hicieron cuando subió.

Suelto aire y me pongo un dedo en el cuello, tomándome el pulso. Suele ser rápido, pero ahora mismo late desbocado. Ralentizo mi respiración e intento calmarme.

Vuelvo a mirar mi móvil y sigo leyendo la web de la empresa, asimilando la información sobre los productos que venden y su marketing.

Mi teléfono empieza a vibrar en mi mano por una llamada de un número desconocido. Acepto la llamada y me lo pongo en el oído. —Diga —digo. Nadie me responde. Miro el móvil y veo que la llamada sigue activa. Intento saludar de nuevo a quien sea que haya llamado, pero cuelgo cuando nadie responde.

Otra estafa telefónica. Últimamente recibo muchas. Pero esta noche no tengo tiempo para eso.

Necesito absorber toda la información que pueda antes de mañana.

Necesito que mañana salga bien.

Por favor, que salga bien.

Espero que la gente a la que voy a dirigir me aprecie. Espero que no sean desagradables. Espero que mis superiores sean fáciles de tratar.

Me vuelvo a calmar respirando despacio. La presidenta de la compañía, Nicole Barrett, fue tan agradable durante las entrevistas, me recuerdo a mí misma. Si el resto de la empresa es como ella, mañana será increíble. Eso espero.