La Invitada PRÓLOGO
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La Invitada

La Invitada

Por Alexander Rhode

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PRÓLOGO

Una madre

Acabo de cumplir cuarenta años, soy funcionaria, concretamente soy la secretaria de un alto cargo de la administración pública.

También tengo dos niñas, de seis y ocho años, llevo casada desde los veinticinco, tenemos un bonito piso en una de las mejores zonas de Valencia, en la avenida Aragón, y hace poco nos compramos un apartamento en la playa de Pinedo, que se encuentra al sur de Valencia.

Cualquiera diría que tengo una vida perfecta.

Yo misma pensaba que tenía una vida perfecta, de hecho, tengo la vida que quería, la que siempre había querido.

Pero lo cierto es que, muy en el fondo, sabía desde hacía tiempo que no todo estaba bien, que no todo era tan sencillo como cumplir con los ítems de un checklist de logros para ser feliz, ¿verdad que no?

Jamás imaginé que haría lo que estoy a punto de hacer.

Mi invade un olor pútrido mezclado con ese pegajoso ambientador que se utiliza para que la lejía huela bien. Pero eso tampoco es una solución, la lejía nunca huele bien.

Me duele la cabeza.

Me duelen las piernas.

Todo está mal ahora.

Los ítems del checklist para ser feliz ya no valen de nada.

Solo hay una cosa que me empuja a seguir adelante, mis hijas. Si hay algo de cierto en mi vida, es el amor que siento por ellas, por mis niñas.

Y no hay nada comparado con lo que una madre es capaz de hacer por sus hijas.

Nada.

Yo ya he hecho cosas terribles, pero no es nada comparado con lo que voy a hacer ahora.

En mi mano derecha hay una pistola.

Después abro la puerta que tengo delante de mí.

Antes de que me juzgues recuerda que soy solo una madre, como podrías serlo tú, ¿vale? Una madre cualquiera, en un día cualquiera, y en un momento de mierda cualquiera.

Luego todo se llena de dolor y de gritos.