La Intérprete RESISTIR
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RESISTIR

El vuelo fue tranquilo.

Demasiado.

Mientras el jet avanzaba sobre el Pacífico, miraba por la ventanilla sin ver nada. El cielo, limpio. Azul. Una ironía.

Intenté concentrarme.

Tenía que hacerlo.

Aterricé en la costa oeste al caer la tarde. El calor húmedo me golpeó de inmediato, pegajoso, ajeno al aire seco de La Paz.

Park me esperaba junto a un coche negro en la zona privada del aeropuerto.

Sin chófer.

Sin escoltas.

Solo él al volante.

Me saludó con su leve inclinación de cabeza y nos adentramos en el coche. Dentro olía a cuero y café.

—Gracias por venir tan rápido —dijo—. Sé que no es el mejor momento.

—Si me has llamado así, es porque no podía esperar.

Asintió.

—Ríos está nervioso. Más de lo que esperábamos. Lo de Manzanillo no le dolió solo por las pérdidas. Le dolió porque no entiende cómo ocurrió.

Park dejó una carpeta entre los dos.

—Emisarios de Ríos.

Empujó la primera fotografía.

—Serhiy Kovalenko. Ucraniano. Trabaja para quien pague más. Ahora, para Ríos.

Segunda.

—Dmytro Hrytsenko. Dinero. Lavado y movimiento de capital.

Tercera.

—Oleksiy Marchenko. Infraestructura logística.

Deslizó la última hoja.

—Daniel Mercer. Capital privado. Si entra, los otros lo siguen.

Miré los planos.

—¿Dónde?

—Suite privada. Planta dieciséis.

Levanté la vista.

—No vengas a verme —añadió—. Yo me quedaré en el downtown. Si Kovalenko me ve cerca, cancela. Si necesitas algo, llamada cifrada.

—¿Qué necesitas?

—Nombres. Cifras. Empresas. Qué compran exactamente.

—¿Y si puedo romper el acuerdo?

Negó.

—No. Información. Yo me encargo del resto.

Lo observé un segundo

—Cuenta conmigo.

Park me sostuvo la mirada.

—Por eso quería verte. No iba a dejar esto en manos de otros.

Sacó un bolso deportivo negro y me lo entregó.

—Aquí tienes lo que necesitas.

Hizo una pausa.

—Sofía… no improvises. Son gente peligrosa.

Un escalofrío leve.

—Entendido.

Era trabajo.

Frío. Preciso. El tipo de cosas que antes me absorbían por completo.

Cuando abrí la puerta del coche, Park me observó con atención.

—¿Estás bien?

—Estoy funcionando.

Una leve sonrisa.

—Eso basta en este mundo.

Le envié un mensaje a Elías:

Todo va según lo previsto.