SOSPECHAS
Desayunábamos en la terraza.
Elías tenía delante unos huevos divorciados, aún humeantes. Yo apenas había tocado los chilaquiles. El café de olla olía a canela.
El dispositivo vibró.
Nos miramos al mismo tiempo.
—Es el Mono.
Elías activó la llamada.
La imagen tembló un segundo antes de estabilizarse. Medellín. Ojeras. Sin sonrisa.
—Buen día —dijo—. La cosa ya no está tranquila.
—Habla.
—Salinas ya no es solo un nombre.
Dejé el tenedor.
—¿Qué has encontrado?
—Ríos está nervioso.
Se inclinó hacia la cámara.
—El cargamento salió como siempre. Jueves. Atún enlatado. Ruta limpia. Seguridad comprada.
Hizo una pausa.
—Pero al llegar… algo no cuadró.
Nadie dijo nada.
—El peso no coincidía. Los precintos no eran suyos. Y los códigos internos… —negó— no eran los de su sistema.
Elías apoyó los codos en la mesa.
—No sabe que se lo quitamos.
—No —dijo el Mono—. Pero sabe que alguien entró.
Sentí el frío subir despacio.
—¿Salinas?
—Desaparecido. Versiones cambiantes. Viaje cancelado. Dos días sin rastro.
Elías me miró.
Lo entendí.
—Ríos huele traición.
El Mono bajó la voz.
—Y cuando la huele… corta.
Una pausa breve.
—Ayer cayó uno de los suyos. Nadie pregunta.
El mar seguía ahí, indiferente.
—Está limpiando por dentro —dijo Elías.
—Y eso lo vuelve peligroso —añadió el Mono—. Y menos preciso.
Respiré.
—¿Sospecha de nosotros?
—Todavía no. Pero sabe que quien hizo esto tiene estructura.
Silencio.
Elías sonrió apenas.
—Que busque.
—No va a parar —advirtió el Mono.
—Ni nosotros.
Me sostuvo la mirada.
—Eso quería oír.
La pantalla se apagó.
Miré el plato. El queso de los chilaquiles ya se había vencido.
Elías entrelazó sus dedos con los míos.
—Fue limpio.
—Pero ahora sabe que alguien entró.
—Sí —dijo—. Y eso cambia las reglas.
Lo miré.
—Entonces que venga.
No respondió de inmediato.
—Ya no somos los mismos.
Dos días después, el tablero empezó a moverse.
Ríos había cerrado filas: cambió escoltas, cortó comunicaciones y dejó de confiar en los suyos. Uno de sus hombres desapareció sin rastro. Salinas también.
Sin cuerpo. Sin explicación.
Algo se había roto dentro de su estructura.
Y aún no sabía hasta dónde llegaba