La Intérprete CONSECUENCIAS
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CONSECUENCIAS

Mi corazón empezó a latir con fuerza. No podía disimularlo ya. Lo sentía en la garganta, en las sienes, en los dedos.

Elías dejó las llaves sobre la mesa.

Clinc .

Luego sacó algo del bolsillo interior de su chaqueta.

Mi teléfono.

El dispositivo con el que hablaba con Dan.

Lo dejó frente a mí.

—Siéntate —dijo.

No era una sugerencia.

Obedecí.

Me senté despacio, como si cada movimiento pudiera ser malinterpretado. La silla estaba fría. La madera dura bajo mis manos.

Él permaneció de pie.

—Antes de que digas nada —continuó—, quiero que sepas algo.

Levanté la vista.

Su expresión era impenetrable. No había ira. Tampoco ternura. Solo concentración. Como si estuviera a punto de tomar una decisión que no admitía marcha atrás.

—Hace ya un tiempo que sospechaba que hablabas con la DEA.

El aire se me quedó atrapado en los pulmones.

No respiré.

—Quería ver hasta dónde llegabas —añadió—. Quería saber dónde estaba tu límite.

Mis manos empezaron a temblar. Las escondí bajo la mesa.

—Todo acto tiene consecuencias. Y ahora —dijo, por fin mirándome de frente— vamos a hablar. Cara a cara.

Silencio.

Largo. Denso.

Sentí, con una claridad brutal, que mi vida acababa de entrar en una línea nueva. Que lo que dijera a partir de ese momento no solo decidiría nuestro vínculo… sino si saldría de esa casa siendo la misma.

O si saldría.