La Intérprete EL NOMBRE
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EL NOMBRE

Nos pidió que activáramos nuestros contactos. Quería respuestas antes de que otros empezaran a tomarlas por él.

Y las respuestas no estaban sobre la mesa. Estaban tras la única puerta que aún no se había abierto.

Yo tenía la llave.

Marqué. Dan respondió al segundo tono.

—Dime.

—El ataque a Park —dije—. Quiero el origen.

Silencio breve.

—No solemos empezar así.

—Hoy sí.

Exhaló despacio.

—Nos estás dando menos de lo que esperábamos, Sofía.

—Os estoy dando lo necesario.

—No es suficiente. Queremos saber quién mueve a Park Joon-seok desde Asia. Quién decide.

Me apoyé en la mesa.

—Yo también.

—Eso no es un trato.

—Claro que lo es. Tú quieres información. Yo quiero claridad.

—No funciona así.

—Sí funciona así. Porque si no, lo único que vais a tener es una colaboradora que empieza a cansarse.

Silencio.

—Habla —dijo al final.

—Sabéis más de lo que decís. Quiero el origen.

—No puedo darte eso.

—Puedes. Y si no lo haces, todo lo que salga mal a partir de ahora será tu responsabilidad.

El silencio se volvió más denso.

—¿Qué quieres exactamente?

—El nombre de quien dio la orden.

—Haré lo que pueda. Te mantendré al corriente… pero no prometo nada.

Asentí, aunque no pudiera verme. Nunca prometían nada.

—Ten cuidado, Sofía —añadió—. Las cosas se están moviendo rápido.

No sonó oficial. Tampoco sonó vacío.

—Siempre lo tengo.

Colgué.

A la mañana siguiente el teléfono vibró demasiado pronto.

Dan.

—Corea del Sur. Entorno empresarial cercano. Un hombre desplazado. Perdió peso cuando Park Joon-seok creció demasiado.

—Nombre.

—Lee Minjae. Exfinanciero dentro de la estructura de Park Joon-seok. Investigado por blanqueo y desvío de fondos a través de sociedades en Busan, Macao y Singapur. El caso se archivó.

Continuó.

—Durante la investigación, Park lo apartó del núcleo operativo. Cuando quedó limpio, el organigrama ya había cambiado. En la práctica: perdió posición y acceso.

Bajó la voz.

—Todo apunta a que la orden vino de él.

—Esta semana tendrás lo que te conviene. No más.

Colgué.

Marqué a Park.

—Viene de Corea. De los tuyos. Te diré quién.

Cuando pronuncié el nombre, no habló durante varios segundos.

—Me has salvado dos veces —dijo al fin—. La vida… y el control.

—Cuida a quién sientas a tu mesa. No todos esperan a que te levantes para atacarte.

—A partir de ahora, tú eres mi referencia. Aquí y donde haga falta.

Colgué.

En Ciudad de México estaba empezando a llegar cada vez más lejos sin dejar huella.

Había resuelto el enigma. Pero ahora Elías empezaría a preguntarse cómo. Y eso no era una buena pregunta.