La Inscripción Oculta (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo I) BLOQUE 3
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El rastro de la carpeta continuó fuera de Burgos.

Una cámara de aparcamiento registró el segundo vehículo entrando en un estacionamiento privado de Valladolid a la 01:31.

Permaneció allí veintidós minutos.

Al principio parecía una parada sin importancia.

Los accesos peatonales demostraron lo contrario.

Una figura salió del aparcamiento llevando la carpeta gris y entró en un edificio cercano ocupado por oficinas compartidas.

Una sociedad vinculada con Llorca había utilizado uno de aquellos despachos hasta hacía poco tiempo.

No existía conexión directa con Velasco.

Los controles de acceso registraban una tarjeta temporal a nombre de Sergio Matos.

El verdadero Sergio Matos vivía en Zaragoza y aseguraba no haber estado allí.

La identidad había sido utilizada por otra persona.

El patrón se parecía al de las consultas documentales realizadas bajo nombres falsos.

Eso no demostraba que siempre fuese el mismo individuo.

Sí revelaba un método semejante.

La figura permaneció en el edificio y después regresó al estacionamiento con la carpeta.

A continuación condujo hacia Burgos.

Pero no utilizó el mismo automóvil para entrar en la ciudad.

El segundo coche quedó guardado en un garaje.

La persona salió de allí utilizando otro vehículo vinculado con la empresa de Llorca.

Era precisamente el automóvil que horas después aparecería frente a la vivienda de Pablo.

Por primera vez podían explicar por qué habían encontrado vehículos distintos en la carretera y en el domicilio.

Una sola persona podía haber utilizado ambos.

La secuencia temporal y las imágenes hacían esa posibilidad muy fuerte.

La identificación personal seguía abierta.

El cambio de coche, en cambio, mostraba una preparación mayor en la entrada posterior.

Elena mantuvo una diferencia importante.

Podían sostener con más confianza que el registro de la casa había sido organizado.

No podían afirmar todavía que la muerte de Pablo hubiese sido planificada.

Alguien podía haber previsto seguirlo, presionarlo o conseguir documentación.

La confrontación podía haber terminado de una manera que no formara parte del propósito inicial.

Después de la muerte, la conducta había sido mucho más metódica.

La oficina de Valladolid aportó la prueba más esclarecedora.

Una impresora compartida conservaba registros técnicos.

No almacenaba el contenido completo de los trabajos.

Sí los nombres de algunos archivos procesados.

A la 01:48 aparecía:

INDICE_PM.pdf

Cinco páginas.

Poco después:

BURGOS_REF.jpg

Y luego:

COPIA_2.txt

Clara se quedó inmóvil.

La expresión copia dos ya no pertenecía únicamente a las notas de Pablo.

Alguien había abierto, generado o procesado un archivo con ese nombre después de obtener la carpeta.

Eso permitía afirmar que quien la tenía conocía la existencia de una segunda copia pendiente.

No podían saber todavía si COPIA_2.txt había sido creado originalmente por Pablo o si era un archivo nuevo elaborado durante la revisión.

La diferencia no alteraba lo esencial.

La persona que revisó la carpeta entendió que esa referencia importaba.

La secuencia empezaba a adquirir una coherencia difícil de atribuir al azar.

La carpeta salió de la carretera.

Llegó a Valladolid.

Allí se procesó el índice de Pablo y se trabajó con una referencia llamada COPIA_2.

Después se cambió de vehículo y se regresó a Burgos.

Más tarde alguien entró en la vivienda.

La hipótesis más fuerte era que la propia investigación de Pablo había indicado qué buscar después.

Otro registro de la impresora mostraba un archivo llamado:

CONTACTOS

No podían recuperar los nombres.

Sí sabían que a las 02:04 se activó un número prepago en Valladolid y se comunicó con otro prepago situado en Burgos.

Aquello introducía por primera vez una posible segunda persona dentro de la operación.

La comunicación podía haberse utilizado para pedir ayuda o intercambiar instrucciones.

No podían saberlo.

Ninguno de los números estaba vinculado directamente con Velasco, Raúl o Llorca.

Pero el de Burgos ya había aparecido otras dos veces meses antes, y una de esas activaciones coincidía aproximadamente con una consulta atribuida al investigador que utilizaba identidad falsa.

La llamada de aquella madrugada no parecía un episodio aislado.

Existía alguna forma de coordinación previa.

Eso debilitaba la hipótesis de una actuación completamente improvisada e individual.

Cuando volvieron a la Catedral era de noche.

Adrián abrió nuevamente el índice de Pablo.

Cinco páginas.

La carpeta debía haber contenido más información de la que ellos habían logrado reconstruir.

Pero no todo había desaparecido con ella.

Pablo había enviado copias fuera de Burgos.

Había conservado materiales en el depósito.

Parte de sus archivos sobrevivía en sistemas automáticos.

La investigación podía reconstruirse por caminos que quien obtuvo la carpeta quizá no conocía.

La segunda copia seguía faltando.

Eso seguía siendo el punto central.

El rastro de la carpeta ya no terminaba en la carretera.

Había pasado por el segundo vehículo, por una estación de servicio y por una oficina de Valladolid. Después hubo un cambio de automóvil y una entrada nocturna en la casa de Pablo, precedida probablemente por una comunicación con otra persona.

Aquello ya no parecía una cadena de coincidencias.

Era una operación desarrollada después de la muerte.

Todavía quedaba por demostrar quién había dirigido cada parte y qué había ocurrido exactamente durante la confrontación en la carretera.

Pero una conclusión podía sostenerse con firmeza.

Quien obtuvo la carpeta no se limitó a llevársela.

Utilizó la investigación de Pablo.

Y continuó buscando la misma pieza que él había dejado sin marcar.