La Inscripción Oculta (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo I) BLOQUE 2
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Marcos Villalba llegó poco después de las cuatro.

Rondaba los cuarenta años y parecía incómodo por haber sido citado a un lugar donde había trabajado tantas veces.

Clara explicó únicamente que querían revisar algunos aspectos de la intervención de 2017.

No mencionó a Fernando.

Tampoco las identidades falsas.

Marcos miró la zona acordonada.

—¿Ha pasado algo con la piedra?

—Estamos revisando una actuación anterior.

Clara preguntó si recordaba haber trabajado allí con Pablo Mena.

Marcos sonrió.

—Sí. Porque a Pablo le obsesionó una raya.

Al principio la llamaba así.

Una marca.

Después empezó a decir que podía tratarse de una letra.

No recordaba cuál.

Sí recordaba que Pablo había tomado más fotografías de las que figuraban en el informe final y que acostumbraba a guardar copias en su archivo personal.

Adrián preguntó si había consultado a alguien.

Marcos tardó.

—A un historiador.

No recordaba el nombre.

Pocos días después de la reintegración, Pablo había vuelto diciendo que la marca podía pertenecer a una inscripción anterior.

También empezó a comentar que algunas letras de la inscripción visible parecían rehechas o retocadas.

Clara y Adrián se miraron.

Años antes, Pablo había recorrido un camino extraordinariamente parecido al suyo.

Clara decidió preguntar por Fernando.

La reacción de Marcos fue distinta.

No negó de inmediato.

Recordaba una fotocopia doblada dentro de una libreta de Pablo.

Un documento antiguo.

Creía haber visto allí el nombre Fernando.

No sabía de dónde procedía.

Pablo lo había conseguido después de comenzar sus consultas.

Marcos también recordó una fotografía tomada con luz lateral.

Pablo se la había mostrado.

—¿Qué te dijo?

—Que debajo podía haber otro nombre.

—¿Mencionó cuál?

—Al principio no.

Tiempo después comentó que empezaba por F.

Marcos no podía asegurar si llegó a decir Fernando de manera expresa.

Clara no lo presionó más de lo necesario.

Lo importante era otra cosa.

Pablo continuó investigando durante meses.

De vez en cuando llamaba a Marcos para preguntarle si recordaba trazos adicionales o fotografías que no hubieran sido entregadas.

También quería saber si alguien se había puesto en contacto con ellos por aquella lápida.

Adrián levantó la vista.

—¿Pensaba que alguien sabía que estaba investigando?

Marcos se quedó pensativo.

No lo había oído hablar de seguimientos ni amenazas.

Lo recordaba más incómodo que asustado.

Parecía haber encontrado algo que no sabía cómo interpretar.

Clara cambió de dirección.

—¿Cuándo fue la última vez que hablaste con él?

Marcos buscó mensajes antiguos.

Once meses atrás.

Cuando encontró la conversación, su expresión cambió.

Giró el teléfono.

Pablo había escrito:

“Si alguien pregunta por la piedra, no digas que vimos la F.”

Marcos había respondido:

“¿Quién va a preguntar?”

Y Pablo:

“No sé todavía.”

Clara comprobó la fecha.

Era anterior a la primera consulta falsa que habían localizado.

Aquello ampliaba la cronología.

Pablo había empezado a preocuparse por preguntas externas antes de que aparecieran las identidades falsas.

Marcos recordaba otra conversación incluso anterior.

Pablo le preguntó si había dado su número a alguien.

Cuando Marcos respondió que no, Pablo cerró el asunto con un simple:

“Nada. Olvídalo.”

No tenían el número desde el que lo habían llamado.

No sabían quién había sido.

Pero las visitas con identidades falsas ya no parecían necesariamente el comienzo de la búsqueda contemporánea.

Podían formar parte de una etapa posterior.

Marcos siguió reconstruyendo lo que recordaba.

Meses después de la intervención, Pablo se mostró convencido de que el nombre de la sepultura había sido cambiado.

No llegó a esa conclusión solo por la piedra.

Había conseguido fotografiar un documento procedente, según él, de un archivo privado.

Marcos recordaba una frase subrayada.

Algo relacionado con “la memoria del hijo”.

De esa expresión solo estaba seguro de la palabra hijo.

La fuente privada podía explicar por qué Pablo avanzó más rápido que ellos.

También recordaba que hablaba mucho del patronato.

Según Pablo, el cambio visible en la sepultura parecía coincidir con un cambio en la administración de la fundación.

Después dejó de hablar del tema.

No gradualmente.

De golpe.

Una vez dijo que no merecía la pena seguir.

Y añadió que algunas historias llevaban demasiado tiempo cerradas para que alguien agradeciera que las abrieran.

La frase no demostraba una amenaza.

Pero sí mostraba que Pablo había dejado de considerar aquella investigación una simple curiosidad profesional.

Clara preguntó si alguien le había pedido abandonar el asunto.

Marcos no conocía ninguna advertencia directa.

Solo aquella llamada cuyo origen Pablo nunca explicó.

La cronología empezaba a tomar otra forma.

Pablo había investigado durante años.

Había accedido a una fuente privada.

Después comenzó a mostrarse prudente con lo que contaba.

Solo más tarde aparecieron las consultas mediante identidades falsas.

Y cuatro meses atrás alguien había preguntado específicamente por él.

Clara miró a Adrián.

—Ya no podemos tratarlo como dos historias independientes.

Adrián tardó unos segundos.

—No.

Era la primera vez que aceptaba la conexión sin reservas.

La búsqueda contemporánea estaba relacionada con algo que Pablo había encontrado.

Y quien la realizaba sabía que Pablo había investigado.