La Inscripción Oculta (El secreto de la Catedral de Burgos: Tomo I) BLOQUE 2
18%

BLOQUE 2

Álvaro escuchó sin interrumpir mientras Clara reconstruía la secuencia de consultas.

La utilización de una identidad perteneciente a una persona fallecida.

La documentación solicitada.

La carpeta que aparecía en la grabación al salir del archivo.

Los correos enviados posteriormente a la empresa de restauración.

Y, finalmente, Fernando.

Cuando terminó, Álvaro dejó la tableta sobre la mesa.

A partir de ese momento quería que cada acceso al material quedara registrado y que se limitara la circulación innecesaria de imágenes.

Adrián preguntó por qué.

—Porque alguien lleva meses buscando exactamente lo que acabamos de encontrar.

Eso no demostraba que existiera intención de dañarlo.

Pero sí dejaba claro que ignoraban qué perseguía aquella persona.

Teresa quiso revisar la identificación de Fernando.

Adrián explicó las fuentes documentales y los fragmentos epigráficos compatibles con el nombre.

Teresa preguntó si habían conseguido leerlo completo sobre la piedra.

No.

—Mejor —respondió.

Clara la miró.

Teresa explicó que esa ausencia de una lectura total obligaba a mantener separadas la evidencia material y la reconstrucción histórica.

Adrián sonrió.

—Me cae bien.

Clara negó con la cabeza.

Teresa propuso ampliar el registro del microrelieve sin retirar ningún material.

Álvaro autorizó incorporarlo al informe.

Durante la siguiente hora, el área de trabajo se transformó.

El descubrimiento ya no pertenecía a un grupo reducido. Cada observación empezaba a ser revisada por otros especialistas.

Era exactamente lo que debía ocurrir.

También significaba que la información circulaba más.

Santiago llegó mientras preparaban el nuevo registro.

Traía una novedad sobre las consultas falsas.

El mismo hombre no había visitado el archivo una sola vez.

Habían identificado al menos tres accesos relacionados.

En dos casos utilizaron identidades falsas confirmadas; la tercera seguía bajo comprobación.

La búsqueda había comenzado casi nueve meses antes.

La primera visita fue amplia y se centró en documentación sobre fundaciones funerarias.

Meses después, las solicitudes empezaron a dirigirse hacia intervenciones sobre lápidas y movimientos de sepulturas.

En la última visita, el investigador ya sabía qué tumba quería estudiar.

Teresa observó los registros.

—Entonces reconstruyó un camino parecido al vuestro.

Adrián negó.

Ellos habían partido de la piedra.

El desconocido había empezado en los archivos.

Esa diferencia era fundamental.

No se había encontrado por accidente frente a una marca extraña.

Había llegado a ella después de una investigación prolongada.

Adrián pidió el detalle completo de las unidades documentales consultadas en cada visita.

No solo los títulos generales.

Necesitaba saber exactamente qué había tenido delante aquel hombre.

Mientras Santiago preparaba la relación, Ignacio llamó a Clara desde el sistema de registro.

El nuevo levantamiento del relieve había mejorado la lectura de una zona cercana al final del nombre antiguo.

Un trazo que antes parecía únicamente curvo mostraba ahora más información.

Podía ser compatible con una O.

La posición seguía ajustándose a la hipótesis de Fernando.

Pero Teresa señaló además una incisión pequeña situada antes de esa posible letra final.

No aparecía con claridad en las imágenes anteriores.

Podía pertenecer a otro carácter.

También era posible que fuera un signo de abreviatura o parte del texto siguiente.

Aquello obligaba a reconsiderar el límite exacto de la palabra.

Por primera vez desde que Fernando se convirtió en la explicación más sólida, el encaje material parecía menos limpio.

Clara preguntó si el nombre podía ser más largo.

Adrián levantó una mano.

—No construyamos palabras que todavía no vemos.

La piedra volvía a resistirse.

Y quizá fuera saludable.

Una hipótesis que podía modificarse ante nueva evidencia seguía siendo una hipótesis histórica.

No una creencia.

Clara pidió continuar el registro.