Capítulo 27
Tres semanas después, Clara regresó a la casa de Toledo.
La policía había retirado las cintas y los precintos, pero el hueco de la escalera conservaba una claridad extraña. Al pie, una marca más pálida señalaba el lugar donde había quedado el cuerpo de Inés.
Clara se sentó en el tercer peldaño.
No intentó imaginar la caída. No necesitaba ofrecer a la muerte una representación nueva cada vez que pensaba en ella.
Subió al dormitorio y abrió los armarios. La ropa de Inés seguía ordenada por colores. En el cajón de la mesilla encontró caramelos de menta, gafas de lectura y una libreta con listas de tareas:
Comprar aceite.
Llamar a Elena R.
Revisar billetes Lisboa.
Terminar carta para Clara.
En la última página había una frase:
Una verdad entregada tarde también puede ser una forma de mentira.
Clara pasó el dedo por la tinta.
Durante años había defendido en su trabajo que restaurar no significaba hacer desaparecer una herida.
Una reparación honesta debía permitir que el lector distinguiera lo original de lo añadido.
Inés le había enseñado ese principio y, al mismo tiempo, había construido su vida sobre una restauración invisible.
No sabía si perdonarla.
Tal vez no tuviera que decidirlo de una vez.
En el despacho, detrás de una hilera de manuales, encontró El ruiseñor y la rosa. Era el mismo ejemplar que habían reparado juntas. La tira de papel japonés seguía uniendo la página rota.
Al abrirlo, una tarjeta de memoria cayó al suelo.
Contenía un único vídeo.
Inés apareció sentada frente a la cámara, con el cabello recogido y una taza azul entre las manos.
"Clara, llevo veinte años ensayando una explicación y ninguna empieza sin parecer una excusa."
La grabación duraba cuarenta minutos.
Inés contó que, después de recuperar a Elena de la clínica, consideró entregarla a los servicios sociales. Temía no saber ser madre. La niña no dormía si no podía tocar su mano y se escondía cada vez que veía un coche oscuro.
"La primera vez que me llamaste mamá, no te corregí. Esa fue mi primera mentira. La segunda fue decirte que tu madre había muerto. Después resultó fácil añadir una mentira cada vez que la verdad intentaba salir."
Habló de Daniel.
"Lo reconocí el día que lo trajiste a casa. Pensé en denunciarlo, pero no tenía pruebas y él ya estaba dentro de tu vida. Me juró que había abandonado a Julián. Me enseñó documentos, me ayudó a localizar pacientes. Durante un tiempo creí que buscaba redimirse."
Inés bajó la mirada.
"Quizá te amó. Eso no lo hace menos peligroso. Algunas personas utilizan el amor para justificar el derecho a decidir quién puedes ser."
Al final, se acercó a la cámara.
"No quiero que lleves mi culpa como yo llevé la de Lucía. Quédate solo con lo que te sirva. Devuelve el resto a los muertos."
Clara reprodujo el vídeo dos veces.
Después llevó el ordenador a la cocina, preparó café en la taza azul y abrió todas las ventanas.
La casa se llenó de aire frío.
Por primera vez desde el funeral, pudo recordar a Inés sin verla caer.
La vio riendo con harina en la mejilla, cantando mal en el coche y reparando una página rota bajo una lámpara.
No era toda la verdad.
Pero también era verdad.