La inquilina que nunca existió Capítulo 15
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Capítulo 15

La furgoneta pertenecía a Marcos.

Había seguido el teléfono de Sofía hasta la residencia y llegó segundos antes de los disparos. Mientras conducía, llamó a una unidad y ordenó asegurar el edificio.

—¿Quién disparaba? -preguntó.

—No lo vi -dijo Amalia.

—Pero sabías por dónde escapar.

—Conozco los túneles.

Marcos la observó por el retrovisor.

—La policía lleva seis horas buscándola.

—La policía lleva veinte años sin encontrar nada.

Sofía se quitó una esquirla de cristal del cabello.

—¿Podemos interrogarnos después de llegar a un lugar donde no disparen?

Clara abrazaba la caja de expedientes. En su mente seguía viendo a la mujer de la ventana.

—Lucía estaba allí.

Amalia negó con la cabeza.

—No podías distinguir un rostro desde el jardín.

—Vi el pelo.

—Cualquiera puede teñírselo.

—¿Por qué intentas convencerme de que está muerta?

Amalia bajó la mirada.

—Porque buscarla destruyó a Inés.

Marcos los llevó a una comisaría pequeña fuera del centro. Utilizaron una sala de reuniones sin ventanas. Dos agentes recogieron la cinta, los expedientes y las cajas con una cadena de custodia grabada.

Cuando reprodujeron el vídeo, la imagen se detuvo después de que Daniel amenazara a la niña. Faltaban cuatro minutos de grabación.

—La cinta está cortada -dijo el técnico.

—¿Puede recuperarse?

—No existe información física donde alguien la borró.

Marcos se volvió hacia Amalia.

—Ahora hablará.

Ella colocó las manos sobre la mesa.

Contó que Lucía contactó con ella en 2004. Durante meses copiaron registros. Inés quería abandonar cuando descubrió que Elena figuraba como "paciente de observación". Julián había decidido estudiar los efectos del trauma y la sugestión en niños relacionados con casos de adopción.

La noche del 14 de septiembre, Lucía citó a un periodista en el 4B. En lugar del periodista llegaron Julián y Daniel.

—Yo estaba en el pasadizo -dijo Amalia-. Vi parte de la discusión por una rendija.

—¿Quién empujó a Lucía? -preguntó Clara.

—Daniel la agarró. Ella cayó contra la mesa, pero se levantó. Entonces llegó otra persona.

—¿Quién?

Amalia miró la cámara de seguridad de la sala.

—Quiero que la apague.

Marcos no se movió.

—No.

—Entonces no diré nada.

Sofía se inclinó hacia él.

—Si la identidad de esa persona pone en peligro a mi clienta, su negativa puede costarnos otra vida.

Marcos salió y regresó un minuto después. La luz roja de la cámara se apagó.

Amalia habló casi en un susurro.

—Inés.

Clara sintió el mismo vértigo que en la relojería.

—Mi madre ya estaba allí.

—Se había marchado y regresó. Lucía quería llevarte con ella. Inés decía que era demasiado peligroso. Discutieron.

—¿Inés la mató?

—No lo vi. Julián cerró el panel. Cuando pude entrar, había sangre y Lucía había desaparecido. Inés estaba en el suelo contigo. Daniel sostenía el bolso de Lucía.

—¿Y las grabaciones?

—Me las dio Inés años después. Dijo que había vuelto al piso y las encontró.

Marcos apoyó los codos en la mesa.

—¿Por qué vivía usted en el 4A con otra identidad?

—Para conservar lo que quedaba. Y porque Lucía prometió que volvería allí si seguía viva.

Un agente llamó a la puerta. Marcos salió.

Clara se acercó a Amalia.

—Cuando me viste, dijiste que creías que no volvería.

—Esperaba a otra persona.

—A Lucía.

Amalia asintió.

—Hace tres meses alguien empezó a vivir en el 4B. Dejaba comida, movía objetos, encendía luces. Nunca conseguí verla.

—¿Crees que era ella?

—Quería creerlo.

Marcos regresó con el rostro tenso.

—La unidad ha registrado la residencia. La sala 17B estaba vacía.

—Imposible -dijo Sofía.

—No hay archivadores, cajas ni equipo. Solo una sala pintada recientemente.

—Nos han encerrado allí.

—Y tenemos material que demuestra que existía -dijo Marcos-. Pero no es lo único.

Dejó una fotografía sobre la mesa.

Era una imagen de una cámara de tráfico. Mostraba la furgoneta de Inés la noche de su muerte. En el asiento del acompañante iba una mujer pelirroja.

—Esta mujer entró en la casa de Toledo diez minutos antes que Daniel -dijo Marcos-. Y salió después de que Inés cayera.

Clara miró el rostro ampliado.

Era la mujer que había visto en la ventana de Santa Elena.

Y, pese a los veinte años transcurridos, era idéntica a Vera.