La impostora
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Prólogo
E l espejo le devolvió la imagen de una joven hermosa, demasiado para tratarse de una institutriz, tal y como había apostillado alguien días atrás.
Pero lo cierto era que Lenore no veía el fulgor que arrancaba la seda color marfil de su vestido ni los encajes de las mangas que dejaban entrever sus brazos. Tampoco le llamaba la atención el entalle del corpiño que resaltaba su cintura ni el recogido perfecto de su cabello dorado.
No. Era incapaz de percibir toda aquella hermosura que el espejo le mostraba, porque ella solo alcanzaba a ver la verdad que se escondía tras la imagen de su propio reflejo.
La de una impostora.
Cuando escuchó de nuevo golpear la puerta, supo que debía salir antes de que la excitación de lo que estaba por suceder se apoderase de él y entrase a buscarla.
Suspiró profundamente, se armó de valor y adoptó la identidad falsa que tan útil le había resultado durante las últimas semanas y de la que ya no podía desprenderse.
Había mentido a todos, y ahora eso le oprimía el pecho hasta dejarla sin aliento.
Lenore se giró para dar la espalda a esa imagen que le revolvía el estómago, se acercó a la puerta y compuso una sonrisa forzada en sus labios. Mientras lo hacía, sintió cómo su corazón la acusaba de traidora por primera vez desde que decidió tomar las riendas de su propia vida.