Capítulo 14. Diecisiete
Las firmas de entrega de llaves confirmaron diecisiete trabajadoras. Los partes de lavandería sumaban diecisiete lotes de uniforme. El comedor de personal había servido diecisiete cenas.
La factura decía veintidós.
Una persona podía no cenar, olvidar una firma o reutilizar un uniforme. Cinco diferencias repetidas durante semanas exigían otra explicación.
Rubén localizó transferencias a veintidós cuentas. En cinco, parte del dinero regresaba con conceptos vacíos a una sociedad que compartía domicilio fiscal con Brisa Sur. Desde allí se repartía entre comisiones y pagos en efectivo.
—Cinco nóminas sostienen una caja —dijo.
—Aún no sabemos quién la controla.
Paloma tenía acceso a las tarjetas, César a las altas y Laura validaba el servicio desde el hotel. Ninguna función bastaba sola.
Una trabajadora habló lejos de sus responsables. Noelia llevaba semanas preguntando por cinco iniciales y la noche de la gala enseñó una hoja a Paloma.
—Le dijo: «Si somos diecisiete, deja de cobrar por veintidós».
—¿Qué respondió Paloma?
—Que no sabía contar lo que no veía.
La mujer firmó su declaración. Antes de marcharse preguntó si seguiría teniendo empleo al día siguiente.
Mara no le prometió algo que la policía no podía decidir. Le explicó los recursos disponibles y dejó constancia del temor laboral.
Diecisiete era una cifra. Para quienes la habían dicho, podía costar un sueldo.