La hora de nadie (Casos de Mara Cid 3) Capítulo 5. Las 2302
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Capítulo 5. Las 2302

El sistema situaba la salida de Noelia a las veintitrés y dos. El lector estaba en el vestuario; fichar no demostraba que hubiera abandonado el edificio.

Rubén obtuvo una copia preservada de los datos y pidió además el registro original del dispositivo. La empresa que lo mantenía advirtió que la interfaz del hotel agrupaba movimientos y podía ocultar milésimas de segundo.

—Entonces no queremos la pantalla —dijo Mara—. Queremos lo que recibió el equipo.

Noelia conservaba su tarjeta. Paloma podía haber fichado con ella y devolvérsela antes de enviarla a terminar la planta.

El examen médico inicial situó la muerte después de la hora registrada. No precisaba todavía cuánto después. El cuerpo no presentaba una lesión compatible, a simple vista, con una caída limpia hacia atrás. Había que esperar.

Mara regresó al vestuario. Nueve taquillas estaban abiertas. En una percha vacía quedaban gotas recientes y una pinza roja.

—El impermeable de Noelia —dijo una trabajadora—. Siempre lo colgaba ahí.

—¿Lo llevaba al marcharse?

La mujer miró a Paloma, situada al fondo con los brazos cruzados.

—Creo que sí.

No era una respuesta sobre lo visto. Era la versión que mejor encajaba con una salida registrada.

Mara anotó la diferencia. A las veintitrés y dos, el sistema había cerrado nueve turnos. No había demostrado que nueve mujeres hubieran cruzado ninguna puerta.