Capítulo 2. Veintidós nombres
En el vestíbulo del Faro del Odiel aún quedaban invitados de la gala: acreditaciones verdes, copas vacías y un panel donde el hotel prometía empleo responsable.
El jefe de noche condujo a Mara y Rubén hasta una oficina detrás de recepción. Consultó el sistema y dijo que Noelia había fichado la salida a las veintitrés y dos.
—¿La vio marcharse?
—No. Las camareras salen por personal.
Llamó a Paloma Cano, supervisora del servicio. Confirmó que Noelia había terminado el turno y que no tenía asignación al día siguiente.
—¿Dónde está ahora? —preguntó Mara.
—En su casa, supongo.
El teléfono de Noelia daba apagado. En el domicilio no contestaba nadie y una vecina informó de que su hija estaba fuera. Una patrulla comprobó después que no había regresado.
Rubén pidió la relación completa del personal presente. El jefe imprimió una hoja con diecisiete nombres.
—En los cuadrantes hay veintidós —dijo el subinspector.
—Eso lo lleva la empresa de limpieza.
—¿Y las llaves de planta?
El hombre abrió un cajón. Faltaba una tarjeta maestra. Según el registro, pertenecía a Noelia.
Mara pidió que conservaran las cámaras, los accesos y los datos de fichaje sin exportarlos todavía a otro formato. El jefe de noche empezó a decir que no podían interrumpir el servicio de un hotel lleno.
—No le he pedido que lo interrumpa —dijo ella—. Le he pedido que no borre nada.
En la impresora seguía la hoja de diecisiete nombres. El papel estaba caliente.