Julio de 2013
Katherine se había asegurado de bajar bien todas las ventanas. Se ponía muy nerviosa cuando tenía alguna de estas «sesiones especiales», como ella acostumbraba a llamarlas.
Bebió un trago de té helado y se puso el vaso contra su cuello para intentar rebajar la temperatura de su cuerpo. El verano en Londres estaba siendo especialmente caluroso.
Conectó el USB a la televisión y se recostó en el sofá. Con pudor se quitó la ropa interior.
Le había dicho a su mujer que hoy tampoco iría a dormir. Esta vez no se trataba de una juerga con sus compañeros del trabajo o de una visita a los bajos fondos de Tokio en busca de emociones fuertes. Ryu prefería ver sus películas en su despacho. No en el ordenador de la empresa, sino en su tablet.
Se aflojó el nudo de la corbata. Apuró otro trago de licor y acto seguido introdujo el pincho en el iPad.
Henry estaba de muy malhumor. Había tenido un día horrible. Nada parecía salir a derechas en el rancho esa semana.
Se había prometido a sí mismo que no abriría su regalo hasta el sábado, pero no había podido aguantar. El día antes había visto diez minutos y esa noche se disponía a verla entera. Esta vez le había parecido que era más fuerte que las anteriores. Más fuerte que lo que hubiese visto o hecho nunca.