Miércoles, 14 de noviembre de 2012
El objetivo se había alcanzado. Los números eran incontestables. Lisandro había conseguido el gran triunfo que ansiaba desde hacía tanto tiempo.
Ahora solo quedaba poner la guinda al pastel.
Habían sido cuatro programas especiales para recordar.
El de hoy, el quinto y último, tenía que ser memorable.
Desde la aparición de los cuerpos el pasado sábado, habían trabajado sin descanso para prepararlo.
El descubrimiento de los dos cadáveres había proporcionado un final apoteósico para su guion.
No había sido complicado conseguir que la madre de Mario estuviese esa noche en el plató.
Más reticente se había mostrado el padre, aunque al final también iba a participar.
La familia de Bruno había preferido redactar un comunicado para que se leyera durante la emisión y no acudir al programa.
Además, no faltarían los colaboradores habituales y algún invitado especial como León Salas, uno de los periodistas más respetados de la profesión, experto en criminología y que daría una versión muy cercana a la de la policía, totalmente opuesta a la sensacionalista de hace quince días de Javier Redondo.
Con respecto a este último, Lisandro no sabía muy bien cómo afrontar su muerte.
En un principio tenía pensado no hablar de ella, pero, al final, había decidido que el hecho de que hubiera sido un suicidio le desacreditaba aún más, lo cual era positivo para él y para su programa.
Las primeras imágenes que se vieron fueron las del entierro de los dos jóvenes, los rostros de dolor de sus familiares llorando a sus seres queridos.
Sin música. Sin voz en off. Cinco minutos de testimonio crudo y directo.
Un puñetazo en el estómago de la audiencia.
Acabada la dramática intro, primer plano de Lisandro.
Silencio. Mirada de hielo. Comenzaba el gran espectáculo final:
—Si por mí fuera, podríamos prolongar este silencio sepulcral durante el resto del programa.
Sinceramente, no se me ocurre nada que decir que pueda ser más elocuente, más claro que lo que acabamos de ver.
Les dije hace varios programas que seguiríamos aquí hasta que Mario y Bruno pudiesen estar de vuelta.
Lo deseé con todas mis fuerzas, igual que los cuarenta y cinco millones de españoles que han sufrido con este caso.
Ahora es tiempo para el duelo, para arropar a estas familias con las que hemos compartido muchos momentos en este programa, para intentar hacerles más llevadero, si es posible, el dolor que los ha devastado.
Pero también es el momento de hacernos preguntas y buscar respuestas.
El sábado pasado conocíamos el terrible desenlace, y, desde entonces, todos queremos saber quiénes han sido los autores de este horrible crimen y por qué lo cometieron.
La primera pregunta tiene respuesta gracias al magnífico trabajo de las fuerzas de seguridad del Estado.
La policía ha conseguido identificar a los presuntos asesinos y detener a uno de ellos.
Pero queda por resolver el enigma más terrible: ¿por qué les hicieron eso a unos jóvenes inocentes?
¿Por qué asesinaron de esa forma a Mario y a Bruno?
La cámara iba siguiendo a Lisandro por el plató, mientras el realizador intercalaba planos de los padres de Mario y los colaboradores del programa.
—El programa de hoy quiere servir de apoyo para estas familias que están sufriendo —continuó con su monólogo Lisandro—, pero también como vehículo para poder resolver esas incógnitas que nos invaden.
Esta noche estarán con nosotros nuestros colaboradores habituales: Concha, Moncho y Esther, y también contaremos con la presencia de uno de los mayores expertos en criminología de nuestro país, el periodista y profesor León Salas.
También se encuentran aquí dos personas que nos han acompañado desde que empezaron estos especiales, los padres de Mario, Carmen y Luis.
No estarán los de Bruno. Sus familiares han agradecido nuestra invitación, pero han preferido no acudir.
Nos han explicado sus razones en un comunicado que procederé a leer después de la publicidad.
Durante los diez minutos de anuncios, las redes sociales ardieron.
Twitter se colapsó con tuits con el hashtag #QueremosQueVuelvan.
Los muros de Facebook también se llenaron de comentarios, positivos y negativos, sobre los primeros veinte minutos del especial.
En las redes sociales, la gente cambiaba su foto de perfil y se ponía la de Bruno y Mario.
Una cosa estaba clara: todos los españoles, de una forma u otra, estaban pendientes de las palabras que salían por la boca de ese gran prestidigitador llamado Lisandro Meneses.
—Como les comentaba antes del bloque de publicidad: la familia de Bruno ha declinado la invitación para estar esta noche con nosotros. A continuación, les leeré íntegro el comunicado que nos han remitido:
»“Queremos empezar agradeciendo al programa, a su presentador y a la cadena de televisión, así como al resto de la prensa, el interés prestado al caso de la desaparición de nuestro hijo.
Somos conscientes de que sin su ayuda no habríamos conseguido el apoyo que hemos recibido durante la búsqueda de Bruno.
»”Una vez conocido el triste final al que nos enfrentamos, pedimos que se respete nuestra privacidad y nuestra decisión de no volver a aparecer en la televisión.
Asimismo, rogamos a todos aquellos medios de comunicación que están publicando noticias sobre Bruno que lo hagan de una forma adecuada, valorando el dolor que puede causar una información no confirmada o equivocada.
»”También nos gustaría que las opiniones de la otra familia, con la que estamos unidos en el dolor de nuestra pérdida, se orienten solo a la desaparición de Mario y las consecuencias de la misma en su entorno familiar.
»”Agradecemos a todos los medios su comprensión y les rogamos que eviten intentar ponerse en contacto con nuestra familia. Esta es la última declaración pública que realizaremos sobre el caso.
»”Familia de Bruno Sánchez Hernández”.
»Como es lógico, nos gustaría haber tenido aquí a Rosa y a Fernando, y también a los familiares que les están ayudando en estos difíciles momentos.
Nos gustaría que hubiesen estado aquí para transmitirles nuestra solidaridad y conocer de primera mano su reacción ante estos hechos tan dramáticos.
Respetamos profundamente su decisión, igual que respetamos la de Carmen y la de Luis, que sí han querido estar con nosotros esta noche.
La intervención de los padres de Mario fue todo lo melodramática que se podía imaginar.
Incluso Luis, que siempre se había mostrado como una roca, sucumbió a las lágrimas provocadas por la emoción del momento y el taimado interrogatorio de Meneses.
«Una oda a la telebasura», tituló su columna un conocido crítico cinematográfico y televisivo al día siguiente.
Terminada la entrevista a los padres de Mario, llegó otro bloque de anuncios carísimos: coches, bebidas energéticas, joyas, colonias…; todo se vende y se compra. Como en el circo romano, después de las vísceras y la sangre también hay tiempo para el negocio.
El programa se reanudó con la entrevista a León Salas.
Lisandro lo presentó de nuevo como uno de los mayores expertos en criminología de la profesión periodística y también de la docente, colaborador habitual de la policía española y, en ocasiones, de la de otros países.
«¿Por qué si este señor sabe tanto y es tan reconocido no vino antes al programa?
», preguntó alguien en Twitter. De soslayo, y sin querer incidir demasiado en el tema, Lisandro recordó la muerte de su efímero colaborador.
Aunque no volvió a ser mencionado el resto del especial, sí que lo fueron sus «descabelladas teorías conspiranoicas».
—Buenas noches, señor Salas.
—Llámame León, por favor, y tutéame, si no te importa.
—Buenas noches, León. Podríamos estar el resto de la noche hablando de tu currículo, de todos tus títulos y reconocimientos.
—Creo que no es necesario —contestó aséptico Salas, dejándole claro que no quería que siguiese por el camino de la adulación.
—Efectivamente, no es necesario. El motivo por el que te hemos llamado es para arrojar algo de luz sobre este caso.
—No creo que sea necesaria demasiada luz. El trabajo policial ha sido tan brillante que lo único que podemos hacer es relatar lo ocurrido.
—¿Cómo es posible que se consiguiese averiguar la identidad de los dos presuntos asesinos en un tiempo récord? —preguntó Lisandro, que había decidido pasar al estilo directo y evitar los adornos.
—Por dos motivos: primero, porque ya existía una línea de investigación clara y nítida que apuntaba a personas del entorno de Bruno como posibles implicados en su desaparición.
—De hecho, y perdona que te interrumpa, León, uno de los dos acusados, Sergio María Sedano, alias «Chucky», llegó a ser interrogado al principio de la investigación.
—En realidad, fue algo rutinario. Entre septiembre y octubre se habló con varios amigos y personas del entorno de los dos chicos y Sergio fue uno de ellos.
—Resulta chocante, sin embargo, que pese a haber fijado la atención en estos sospechosos no se les volviese a interrogar.
—En estos casos, un seguimiento puede resultar mucho más efectivo que un hostigamiento. Además, hay que tener en cuenta que Illiescu estuvo encarcelado desde mediados de octubre hasta principios de la semana pasada.
—¿Cómo pudo escapar?
—Illiescu dispuso de tres días para planear su huida. Hasta el viernes, el día antes de que se descubran los cadáveres, la policía judicial no tenía constancia de que hubiese sido puesto en libertad.
—Quizá deberíamos explicar a nuestros telespectadores por qué había ingresado en prisión.
—Estaba acusado de varios robos y su abogado consiguió una fianza.
—¿Cómo es posible que fuese puesto en libertad un delincuente acusado de un robo en el que un guardia de seguridad quedó paralítico?
—No soy juez ni policía. He empezado diciendo que la labor de las fuerzas del Estado había sido ejemplar a la hora de conseguir esclarecer el asesinato de los chicos casi un día después de la aparición de los cuerpos, pero los problemas que han llevado a que Nicolae Illiescu esté fugado son otra cuestión.
Por desgracia, esto es algo que ocurre habitualmente con estas bandas criminales.
—León, acabas de decir que se consiguió identificar rápidamente a los culpables.
—Sí. A los dos sospechosos ya se les seguía la pista.
De hecho, se llegó a pensar en un ajuste de cuentas por motivos de drogas que se les había ido de las manos.
Además, en la nave donde se encontraron los cadáveres aparecieron diversos objetos personales de los agresores y también sus huellas dactilares.
—Podemos asegurar entonces que todo fue un poco chapucero.
—Podemos afirmar entonces que no eran unos profesionales.
—Sergio María ha confesado ser cómplice del secuestro, aunque ha negado su participación en la muerte de los dos muchachos.
—Así es. Por lo que sabemos, todas las pruebas recogidas apuntan a Illiescu como autor material de los abusos y de la muerte de ambos.
—¿Dónde puede estar en estos momentos?
—Es difícil de predecir. Sus conexiones con bandas internacionales pueden haberle facilitado la huida. Pero sería muy extraño que se implicasen en un caso como este.
—¿Por qué?
—Porque esa gente no quiere problemas. Y la desaparición y muerte de dos muchachos puede poner demasiados ojos sobre sus actividades. Ellos viven en la clandestinidad, y lo último que buscan es una repercusión mediática como la que puede suscitar este caso.
—¿Cuáles son las otras opciones que puede haber tenido Nicolae Illiescu para escapar?
—Es difícil saberlo. Sus actividades delictivas no le generaban tanto dinero como para poder costearse un plan de huida muy elaborado, pero sí lo suficiente para poder escapar a algún lugar donde iniciar una nueva vida sin demasiados apuros.
Sin la ayuda de las mafias todo queda supeditado a su intuición y sus propios recursos.
—¿Crees, León, que Illiescu sigue en España?
—Lo dudo. Si algo tengo claro es que ya no está en nuestro país. El caso es ahora más de la Interpol que de la policía española.
—En relación con esta teoría, se ha hablado en las últimas horas de informaciones que apuntan a África Central, Sudamérica y varios países de la antigua Unión Soviética como posibles destinos.
—Es normal que ahora surjan tantas posibilidades. Eso es lo peor en estos casos, porque quiere decir que no hay una pista clara. Esta historia ya la vivimos hace años. Tengo claro que si no aparece en las próximas semanas, probablemente no lo haga nunca.
—Una última pregunta: ¿ha habido más gente implicada en este crimen?
—Rotundamente, no. Las pruebas son tan concluyentes que no dejan margen a la duda. Ha sido un crimen chapucero perpetrado por dos aficionados.
El último programa de Queremos que vuelvan se alargó hasta casi las dos de la madrugada y terminó con un polémico debate entre los colaboradores del programa, al que León Salas declinó unirse en el último momento.