La Historia, fuera de guion Un producto que hubo que enseñar a usar
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Un producto que hubo que enseñar a usar

El lanzamiento tampoco fue un éxito inmediato. Resultaba difícil explicar, solo con palabras, por qué merecía la pena pagar por un papel que se pegaba únicamente "un poco":

la propia idea sonaba, en el mejor de los casos, a curiosidad sin mucho recorrido comercial.

3M tuvo que insistir con campañas de muestras gratuitas, repartiendo aquellas notas adhesivas para que la gente descubriera, usándolas directamente sobre sus propios documentos y escritorios, todo lo que se podía hacer con un papel que se pega y se despega sin esfuerzo. Una vez superado ese obstáculo inicial, las notas reposicionables no tardaron en colonizar oficinas, neveras, agendas y libros de texto en medio mundo. El pegamento que Spencer Silver descubrió en 1968 no sabía todavía para qué servía. Tardó doce años en encontrar su papel, su problema y su sitio exacto en un libro de himnos, pero desde entonces no ha dejado de encontrar sitio en nuestras vidas.