El muerto no habló, pero Roma sí
Lo que Esteban VI no calculó bien fue la reacción de la propia ciudad. La escena del cadáver juzgado generó un rechazo profundo entre buena parte del clero y de la población, que vio en aquel juicio una humillación excesiva incluso para los estándares de una época acostumbrada a las purgas políticas dentro de la Iglesia.
Pocos meses después del sínodo, Esteban VI fue depuesto, encarcelado y finalmente ejecutado, probablemente estrangulado en prisión. La venganza política romana, una vez puesta en marcha, no distinguía entre verdugos y víctimas.
Con el tiempo, sucesivos papas revisaron lo ocurrido. Se anuló formalmente el sínodo, se restituyó la validez de las ordenaciones realizadas por Formoso y se prohibió expresamente volver a juzgar a un pontífice ya fallecido.