Treinta y ocho minutos de fuego
Al amanecer del 27 de agosto, se produjo un último intercambio indirecto. Khalid hizo llegar que no pensaba arriar la bandera y que no creía que los británicos fueran a disparar. Cave respondió que no deseaba abrir fuego, pero que lo haría si no se aceptaban las condiciones.
A las nueve en punto de la mañana, los buques británicos abrieron fuego. El ataque provocó daños inmediatos en la estructura del palacio. Los obuses atravesaban las paredes de mampostería, provocando incendios y cubriendo los patios de escombros.
El cañón de bronce de la defensa apenas tuvo oportunidad de disparar antes de quedar inutilizado. En el agua, el único barco del sultán —un yate reconvertido llamado Glasgow, que curiosamente había sido un regalo previo de la reina Victoria— intentó disparar contra el crucero británico St George. La respuesta fue inmediata: los disparos británicos perforaron el yate en pocos minutos, hundiéndolo en la bahía mientras la tripulación saltaba al agua.
La organización dentro del palacio se deshizo con rapidez. Ante la magnitud del bombardeo y la imposibilidad de responder al fuego, Khalid abandonó el complejo unos quince minutos después de comenzar los disparos, buscando refugio en el consulado alemán de la ciudad. Sin dirección al mando, la bandera del sultán que ondeaba sobre el tejado permaneció allí hasta que a las nueve y treinta y ocho minutos un disparo derribó el mástil. El fuego cesó en ese instante.