La historia de la Guerra Civil que no te cuentan
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I 25 de enero de 2026
1936, LA GUERRA
QUE TODOS PERDIMOS
La guerra no la perdimos todos. La sufrimos todos, pero la perdieron los republicanos. La ganó el bando franquista y se lucró de ello durante cuarenta años.
David Uclés, ganador del Premio Nadal de Novela 2026
Noventa años han transcurrido desde el inicio de uno de los episodios más dolorosos que puede acontecer en el seno de una nación: la guerra entre hermanos.
Lo más desesperanzador es pensar que hoy, noventa años después, toda aquella sangre derramada no fue suficiente para aprender y progresar.
Siempre se ha dicho que los eventos traumáticos tienen en común su capacidad para generar un fuerte sentimiento de unión.
En nuestro caso, por desgracia, el resultado ha sido el opuesto.
Ningún episodio, de los muchos que experimentaron nuestros antepasados durante el siglo precedente, ha servido para mostrarnos que una nación que no se encuentra unida para llevar las riendas sobre su futuro, le cede el testigo a quienes protagonizan los intentos de destruirla.
Esto es lo que nos enseña el ganador del Premio Nadal de Novela 2026.
David Uclés anunció su renuncia a participar en las XI Jornadas de las Letras en Sevilla, dirigidas por Pérez-Reverte, tras haber confirmado su presencia varios meses atrás.
Este evento, conmemorativo del noventa aniversario de la Guerra Civil, llevaba por título la frase que da nombre a este capítulo.
Para Uclés, resultaba absolutamente intolerable que la rúbrica del encuentro adquiriera la forma de afirmación, en lugar de una interrogación11.
Ello, sumado a la presencia de ponentes como Aznar o Espinosa de los Monteros, le llevaron a abandonar el evento al que se había comprometido a asistir.
Más allá de la decisión del escritor jienense, lo más revelador es el mensaje que esconde.
Esta polémica demuestra que la historia del siglo XX todavía sigue haciendo mella en la sociedad española.
La izquierda institucional ha gozado de una práctica impunidad en su labor de convertir a la historia en una herramienta política desde los albores de la Transición hasta hoy.
Su relato había alcanzado el destino soñado de todo manipulador: el imaginario colectivo.
Durante muchísimos años, las políticas del PSOE ―en colaboración con el silencio positivo de su presunta oposición― habían conseguido instaurarse como dogmas incuestionables.
Quizá, y solo quizá, eso explique la falta de predisposición de sus fieles al diálogo.
Piénselo, el recorrido hasta conseguir dominar el discurso mayoritario puede resultar extenuante; como para arriesgarse a perderlo en cuestión de minutos a través de un debate.
Pues bien, es justo este el motivo que nos lleva a plantear aquellas preguntas incómodas que muchos llevan décadas intentando silenciar.
¿Quiénes escriben la historia? ¿Con qué propósito?
Solo así conseguiremos discernir, libres de ataduras, la verdadera historia de dos Españas.