La hija del dragón (El dragón de Hagure 1) Capítulo 20
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Capítulo 20

AZUSA

Mi padre me entrega el expediente a las siete de la mañana en la sala trasera de Hagure con la expresión neutra de siempre.

—Igarashi me lo ha enviado esta noche. Su agencia privada lleva semanas investigando a tu analista —suelta sin más.

Abro la carpeta. Cuatro páginas. La primera es un informe de la agencia.

“Shio Aramaki, identidad fabricada. Sin registro verificable anterior a 2019. Identidad real: pendiente de confirmación”.

La segunda es una copia de un correo electrónico del profesor Henderson, obtenido bajo presión, confirmando que proporcionó referencias falsas.

La tercera es un registro de logs del sistema de IT, firmado por Segawa, mostrando accesos irregulares a archivos de Hagure Dining, la sociedad en Singapur y cuentas consolidadas de la rama inmobiliaria.

Y la cuarta es una nota manuscrita de Igarashi: “Accesos desde el despacho de la directora. Dispositivo personal no registrado”.

Mi padre me mira.

—¿Lo sabías?

La pregunta tiene una sola respuesta correcta y no es la verdad.

—Tenía sospechas. Lo estoy investigando por mi cuenta.

—¿Y?

—Se lo he encargado a Nakamura. El exinspector. Le contraté hace dos semanas. Su informe preliminar confirmaba las mismas inconsistencias, pero sin más datos no significa nada.

Mi padre asiente. No me pregunta por qué no le informé antes. No me pregunta nada que pueda llevar a una respuesta que no quiere escuchar.

—Resuélvelo —ordena antes de salir.

Me quedo sola con el expediente y la taza de café que Matsubara ha dejado en la barra. Leo cada página como si los datos fueran a cambiar si los leo con la suficiente atención.

Nakamura llama a las siete y media. Su informe completo ha llegado esta madrugada y me lo acaba de enviar.

—El profesor Henderson está en el hospital. Alguien le hizo una visita antes de que yo llegara a él —me informa—. Su identidad real es Shio Enomoto. Hija de Noboru Enomoto, dueño de una pequeña cadena de restaurantes en Shinjuku. Se suicidó hace diez años.

Mi padre cocinaba, me dijo.

La frase me golpea con fuerza.

Shinjuku es territorio de Igarashi. Hace diez años es cuando Igarashi escaló las operaciones de extorsión sin la autorización de mi padre. Las mismas operaciones que Shio ha estado investigando desde su primer día en Onuki Holdings.

Todo encaja. Todo ha encajado siempre y no he querido verlo porque elegí mirar a la mujer con la que me acuesto cada noche, porque no quería perder a la única persona que me ha visto sin armadura.

Shio llega a mi despacho a las ocho. Puntual, tal como le ordené. Me sorprende que no haya desaparecido. Sin duda debe sospechar algo por el modo en que abandoné el penthouse. Vuelve a ser la Shio Aramaki que he visto cada mañana desde hace tres meses. Siempre correcta.

La Shio Aramaki que no existe.

Cierro la puerta. No le pido que se siente.

—¿Me has estado espiando en mi casa?

No le pregunto si es Shio Enomoto. Tampoco por qué lo está haciendo. No pregunto nada que no sea esto, porque esto es lo que me importa. No la identidad ni la venganza. Lo que me importa es esto: mi casa. Mi cama. Mi teléfono.

—Sí —admite con un suspiro.

—¿Antes o después de que te dijera que me había enamorado de ti?

Aprieta la mandíbula y su labio inferior tiembla medio segundo antes de que lo controle.

—Después —murmura.

La punzada de dolor que recorre todo mi cuerpo es insoportable.

—Confiaba en ti —confieso—. Te di el código de la única puerta que me importa en esta ciudad.

No contesta. No tiene respuesta. No hay respuesta posible para eso.

—Vete. Es mejor que desaparezcas de Tokio. Escóndete en algún lugar remoto y reza para que el clan no te encuentre.

No se mueve. Aprieta los puños.

—Ayer, mientras dormías, tuve acceso a todo tu móvil —dice de pronto—.

Todo. Contactos. Operaciones. Cuentas. Podría haber destruido al clan Onuki desde tu teléfono en quince minutos.

Solo copié lo de Igarashi. No quiero hacerte daño.

Yo también me he enamorado de ti. Cada vez que te lo dije estas noches fue real.

—Vete —repito.

Se da la vuelta. Camina hacia la puerta, pero se detiene justo antes de cruzar el umbral.

—Me llamo Shio Enomoto. Mi padre se llamaba Noboru. Tenía una pequeña cadena de restaurantes de ramen en Shinjuku. Igarashi lo destruyó. Se acabó suicidando por culpa de él. Todo lo demás fue real. Te lo prometo —añade antes de salir.

Solo copié lo de Igarashi.

La frase se queda en mi cabeza, quizá para siempre. Tenía acceso a todo. A los contactos de mi padre. A las cuentas del clan. A los correos que habrían destruido a la familia Onuki en una semana. Y eligió copiar solo lo que necesitaba para su venganza.

No eligió destruirme. Pudo hacerlo y no lo hizo.

No sé qué hacer con esa información. Está ahí, entre la traición y el dolor, ocupando un espacio demasiado incómodo.

Elegí ignorar las señales. Elegí creer que Shio Aramaki era real solo porque necesitaba que fuese real. Porque nuestros besos eran reales, porque el sexo también lo era, al menos para mí.

Me ha traicionado. Pero yo me he traicionado primero a mí misma y al clan.

Fuera llueve. No me había dado cuenta. Las gotas resbalan por el cristal y las luces de neón multiplican cada una de ellas. En algún lugar ahí abajo Shio Enomoto camina bajo la lluvia con los datos de Igarashi en su teléfono, quizá con el sabor de mi boca todavía en los labios.

Espero no volver a verla, porque si lo hago, será señal de que el clan la ha encontrado.

Solo espero que se esconda bien, que use esa información si puede, pero que lo haga desde un lugar muy lejano y con un cuidado extremo. Si lo hace, quizá todo siga igual.

Excepto yo.

Porque Shio Enomoto deja un hueco en mi corazón que nunca se va a llenar.

FIN DEL LIbrO 1