La heredera del halcón MONZA EL TEMPLO DE LA VELOCIDAD
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MONZA EL TEMPLO DE LA VELOCIDAD

El refugio que Dante buscó debía generar paz y relajación; su asistente encontró esta casona de piedra y agua.

No era una mansión de cristal, sino una estructura antigua y restaurada a orillas del lago Como, rodeada de pinos y con un muelle privado de madera crujiente.

Por dentro, el olor a leña y cuero reemplazaba el aroma a gasolina y neumático quemado.

Serviría de base mientras estaban en Europa.

Por primera vez, Joshua aprovecha los momentos de calma para hablar por videollamada con su hermana.

Él corre para financiar un futuro que no le pertenece solo a él.

Su objetivo es ganar el campeonato para comprar una casa y obtener la custodia legal de su hermana menor, quien vive en un internado desde que sus padres fallecieron en un accidente.

Joshua sueña con sacarla de allí y formar un hogar real junto a Lukas, pero para lograrlo necesita los bonos de victoria de la Escudería Imperi. El peso de esa responsabilidad es lo que lo hace ser el escudero perfecto en la pista no puede permitirse fallar.

En la cabaña, Joshua resulta ser un cocinero mediocre pero entusiasta; intenta preparar pasta fresca para todos bajo la mirada divertida de Dante y la ayuda de los mayordomos, creando momentos de risas que rompen la jerarquía del equipo. Se siente, por fin, como un hermano menor , piensa Vanessa.

Pero no todo fue descanso. Dante instaló un simulador portátil de última generación en el salón de la cabaña, frente al ventanal que daba al lago. Durante las mañanas, Dante daba lecciones teóricas; les explicaba cómo la densidad del aire en Monza afectaría la resonancia acústica.

Dante se sentaba junto a Vanessa mientras practicaban; le enseñó a memorizar el circuito a través de ritmos de sonidos y vibraciones.

—En la variante del Rettifilo, el motor debe sonar en Do sostenido; si oyen un siseo, van tarde en la frenada —instruyó Dante.

Los pilotos aprendieron a comunicarse con códigos cortos para que los espías de Draken no entendieran sus tácticas por radio.

Por las noches, después de que Joshua se retiraba a su habitación, la cabaña se volvía el santuario de Dante y Vanessa.

Se sentaban en el muelle, con los pies colgando sobre el agua fría del lago.

Dante envolvía a Vanessa en una manta de lana gruesa.

No hablaban de conspiraciones ni de telemetría; solo observaban las luces de los pueblos lejanos reflejarse en el agua.

—En Monza la presión será máxima —susurró Dante una noche—, pero aquí, en este silencio, es donde realmente podemos ganar las carreras.

Vanessa se apoyó en él, sintiendo la solidez de su pecho. Esa semana de clases y calma la dejó lista para enfrentar cualquier cosa, mientras él estuviera hablando en su oído.

En Monza la tensión en los boxes se puede cortar con un cuchillo.

Estamos ante la posibilidad de un doblete histórico, por un lado, el Campeonato de Constructores es la prioridad para los recursos económicos de las carreras futuras; y el Campeonato de Pilotos es una danza perfecta, el monoplaza más rápido del mundo en manos del mejor piloto.

Ciertamente, llegar a Monza es entrar en territorio sagrado.

La ciudad, a las afueras de Milán, respira carreras; el aire huele a café expreso, risotto y caucho.

El circuito está dentro de un parque real inmenso, rodeado de árboles centenarios que han visto morir y nacer leyendas.

En Italia el color es el rojo; aunque Vanessa y Joshua son los nuevos favoritos, la presión de los tifosi es una fuerza física que te golpea en el pecho.

Monza es el circuito más rápido del mundo. Consta de 53 vueltas al límite absoluto. Aquí no se trata de aerodinámica compleja, sino de baja resistencia al avance (drag) y potencia bruta.

Dante configuró los monoplazas skinny con los alerones casi planos, reduciendo la carga al mínimo para que los Imperi pudieran volar en las rectas de curvas grandes; antes de la Parabólica, el motor debe aullar a una frecuencia tan alta que los pájaros van a huir del parque antes de que el auto pase. O esa era la idea en su cabeza.

Al final de la recta principal, los pilotos pasan de 360 km/h a 70 km/h en menos de 100 metros para entrar en la variante del Rettifilo.

Es una tortura para los discos de freno, que se ponen al rojo vivo, a más de 1,000 °C.

Desde el muro, Dante observaba las pantallas.

Sterling estaba desesperado por ganar en la casa de sus aliados.

[RADIO DANTE] —Halcón, Pichón. Modo de ahorro de energía. Dejad que Sterling pase en la vuelta 45 —ordenó Dante por el canal privado; su voz tan calmada como en la cabaña del lago.

No peleéis la posición, calmaremos los ánimos. El calor de Italia nos ayudará.

Vanessa, en P2, sintió el impulso de cerrar la puerta, pero obedeció. Debido a que la derrota no estaba esta vez en su mente, simplemente sentía el ritmo del motor y la instrucción de su creador.

Abrió ligeramente la trazada en la curva Alboreto y dejó Que Silver Arrow la adelantara con el rugido del triunfo. El resultado final fue Sterling P1, Vanessa P2, Joshua P3.

Max Vargas, en 5.º lugar, se bajó del monoplaza y se quitó los guantes, tirándoselos en la cara a un mecánico con desprecio; gritaba hacia las cámaras, rojo de la rabia que lo poseía en ese momento.

—¡Ella no me dejó pasar en la variante! —exclamó haciendo un gesto exagerado, tratando de mantener la fachada de galán incomprendido.

En el podio, la tensión era extraña. Sterling celebraba como si hubiera ganado la guerra, mientras Viktor Draken sonreía desde el muro, convencido de que por fin había encontrado el límite del motor de Imperi.

Dante, impecable con su traje de escudería, se acercó a Vanessa cuando bajó del podio; él puso la mano en su hombro ocultando su sonrisa real.

—Lo has hecho muy bien, Halcón —dijo Dante.

Para Vanessa no era muy grato el 2.º lugar, y Joshua estaba tan consternado como ella; ninguno entendía la estrategia de Dante. Vanessa, con el trofeo del 2.º lugar, miró a la multitud roja y luego a Dante.

La duda que Draken plantó en Mónaco seguía ahí, pero la paz de la semana en la cabaña le permitía seguir confiando en el ingeniero, incluso ahora que la hizo perder; pero sentía que estaba ganando.

Vanessa y Joshua caminaron sin siquiera mirar a Max, que a esas alturas estaba con una crisis de falta de aire sentado en el suelo de su garaje. Parecía, más bien, un niño con rabieta por no dejarlo salir a jugar con sus autitos.