La habitación 17 CAPÍTULO 21
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CAPÍTULO 21

La frase permanece escrita en la libreta toda la noche.

NO PUEDO DEJARTE SOLA CON ÉL.

A la mañana siguiente sigue pareciéndome igual de ajena y, al mismo tiempo, demasiado mía.

Podría reconocer mi voz en esa grabación aunque me la reprodujeran dentro de veinte años, pero no consigo reconocer a la mujer que pronuncia esas palabras.

No sé qué estaba haciendo, de quién hablaba ni por qué parecía dispuesta a quedarse junto a Eva cuando ella insistía en que debía marcharme.

Lo único que sé es que necesito algo que no dependa de mi memoria.

Una fotografía puede demostrar que estuve en Nachtwerk, una grabación que hablé con Eva, pero ambas cosas siguen siendo fragmentos aislados. Necesito un documento, un correo, un contrato, cualquier rastro que conecte nuestros nombres de una manera imposible de discutir.

Empiezo por mis propios archivos.

Busco «Eva Keller» otra vez, aunque ya sé que no aparecerá nada.

Después pruebo con variaciones. Eva K., Keller, Nachtwerk, Friedrichshain, Vesper.

Reviso facturas antiguas, correos profesionales y copias de seguridad que llevo años arrastrando de ordenador en ordenador por pura incapacidad para borrar nada definitivamente.

Encuentro más trabajos de audio de aquella época. Ediciones para pequeños sellos, restauraciones, grabaciones en directo y dos proyectos asociados a empresas que ya no existen. Uno de ellos menciona Nachtwerk como lugar de entrega, pero no aporta ningún nombre.

Sigo buscando y, a media mañana, tengo tantas pestañas abiertas que el navegador empieza a protestar.

Eva no aparece en ninguna parte y eso me resulta cada vez más extraño. Si de verdad éramos amigas, debería haber quedado algún rastro. Mensajes, fotografías compartidas, correos. Cualquier cosa que demuestre una relación que, según Helena, fue importante.

La explicación más sencilla es que utilizáramos otro canal, otro teléfono o cuentas que ya no existen. Hace seis años cambiaba de móvil con demasiada frecuencia y tampoco era especialmente disciplinada con las copias de seguridad, así que no sería raro haber perdido parte de aquella información.

La explicación menos sencilla me gusta bastante menos: que alguien haya borrado cosas deliberadamente.

No tengo ninguna prueba que lo sostenga y procuro no volver a pensarlo, aunque la idea ya se ha instalado en algún lugar de mi cabeza.

Voy al archivo con la intención de trabajar y consigo mantenerme ocupada durante casi una hora. Después encuentro a Sabine junto a la impresora y decido hacerle una pregunta que llevo toda la mañana ensayando para que suene menos sospechosa de lo que realmente es.

—Necesito consultar documentación policial de hace unos seis años. No sé si existe alguna vía para acceder a denuncias antiguas o, al menos, averiguar qué ocurrió con una en concreto.

Sabine levanta la vista de las hojas que acaba de recoger.

—Vas rápido. Hace unos días estabas restaurando una cassette y ahora quieres consultar expedientes policiales.

—Es una investigación personal y, antes de que preguntes, no estoy acusada de ningún delito. Solo intento averiguar qué ocurrió con una denuncia que presentó otra persona.

—No sé si esa explicación mejora demasiado la situación. Y lo de no estar acusada de ningún delito me parece una precisión sospechosamente específica.

—Pensé que tranquilizaría.

—El día es joven.

Sonrío.

—En serio.

Sabine deja los papeles sobre una mesa.

—Entonces dime qué estás buscando exactamente, porque no es lo mismo una denuncia, un atestado o un expediente judicial, y el acceso cambia bastante según el caso.

—Sé que hubo una denuncia hace unos seis años relacionada con una mujer a la que conocía. Lo que no sé es si yo aparezco en ella.

La respuesta hace que me mire con más atención.

—Mara, eso ya suena bastante menos sencillo de lo que estabas intentando hacer creer.

—Lo es, pero no quiero convertirte en cómplice de una historia que todavía ni yo entiendo.

Le explico una versión reducida. Intento localizar información sobre una antigua conocida y sé que hubo una denuncia relacionada con ella. No menciono la cassette, la habitación 17 ni el detalle bastante más difícil de explicar de haber encontrado mi propia voz en una grabación que no recuerdo.

Sabine piensa unos segundos antes de responder.

—Si estabas implicada o apareces identificada en el expediente, quizá puedas solicitar acceso o, al menos, obtener alguna confirmación de que existe.

Si no figuras en ninguna parte, será mucho más complicado por protección de datos.

Yo empezaría por una oficina de información y llevaría todo lo que tengas, incluidas fechas aproximadas, nombres completos, el lugar y cualquier otro dato que pueda ayudarles a localizar el expediente.

Tengo uno que, al menos, debería bastar para empezar.

Eva Keller.

A la hora de comer hago la primera llamada. Me transfieren tres veces antes de que una cuarta persona me explique que no pueden proporcionar información sobre denuncias por teléfono y que cualquier consulta debe hacerse mediante una solicitud formal.

—El problema es que ni siquiera sé si aparezco en el expediente. Solo conozco el nombre de la persona que presentó la denuncia y una fecha aproximada.

—Puede presentar la solicitud igualmente con esos datos. Si existe documentación y usted tiene derecho a acceder a ella, se lo comunicarán por la vía correspondiente.

—¿Y estamos hablando de unos días o de varias semanas?

—No puedo darle un plazo concreto. Depende del tipo de expediente, de si está archivado y de la información que haya que comprobar antes de responder.

Odio esa palabra. Depende sirve para explicar cualquier cosa y comprometerse con ninguna.

Cuelgo con la sensación de haber encontrado una vía perfectamente correcta, razonable y diseñada para avanzar a una velocidad incompatible con mi paciencia.

Empiezo a buscar otras opciones. No necesito todavía el expediente completo. Me bastaría con una referencia pública, una noticia o cualquier mención que confirme que Eva presentó aquella denuncia y, quizá, aporte algún detalle que Helena prefirió callarse.

Busco combinaciones en alemán.

Pruebo primero con combinaciones sencillas. Eva Keller Polizei Berlin, Eva Keller Nachtwerk, Eva Keller Anzeige. Al principio no aparece nada útil, hasta que encuentro una referencia perdida en un foro archivado dentro de una discusión antigua sobre la desaparición de Vesper.

«¿No era Eva la chica que denunció a alguien después del problema de Nachtwerk?»

No hay ninguna respuesta que aclare a quién ni por qué, pero la palabra está ahí.

Denunció.

Busco la frase exacta y después pruebo con variaciones. En otro hilo antiguo, un usuario menciona «el asunto de la policía» y asegura que se cerró porque «nadie pudo demostrar nada». Me inclino hacia la pantalla, eso encaja demasiado bien con lo que me contó Helena como para ignorarlo.

Sigo buscando y encuentro un comentario aún más ambiguo: «Keller vs. B.»

La inicial me lleva inmediatamente a Jonas Becker, pero me obligo a frenar. Puede ser él o cualquier otra persona cuyo apellido empiece por be. Darlo por hecho sería exactamente el tipo de error que llevo días intentando evitar.

Busco noticias de aquella época relacionadas con Nachtwerk y posibles denuncias. Aparecen peleas, problemas de licencias y quejas de vecinos, pero nada que mencione a Eva.

A media tarde recibo un correo automático confirmando que mi solicitud de información ha sido registrada.

Fantástico. Ahora solo tengo que desarrollar paciencia.

Decido hacer lo contrario y escribo a Helena.

«Dijiste que Eva fue a la policía. Necesito saber aproximadamente cuándo ocurrió. Aunque no recuerdes el día exacto, cualquier fecha me sirve.»

La respuesta tarda casi una hora.

«Finales de noviembre. No recuerdo más.»

Noviembre.

Vuelvo al buscador y esta vez acoto por fechas.

Encuentro una captura antigua de una noticia breve publicada en una web local. No aparece el nombre completo de Eva, pero habla de una mujer de treinta y un años que denunció amenazas y una posible retención vinculada a un entorno nocturno de Friedrichshain.

El corazón se me acelera porque la fecha coincide.

Leo la noticia completa, aunque apenas ocupa unas líneas.

La policía habría acudido a una localización y tomado declaración a varias personas, pero no encontró pruebas suficientes para practicar ninguna detención ni seguir investigando por esa vía.

No menciona Nachtwerk ni a Eva, aunque cada detalle encaja demasiado bien.

Le envío la captura a Helena y tarda menos de dos minutos en responder.

«Sí. Era ella.»

Me quedo mirando el mensaje. Por primera vez tengo una confirmación externa de que aquella denuncia existió realmente y no depende solo de los recuerdos de Helena o de comentarios perdidos en foros antiguos.

Le escribo:

«Entonces necesito que me digas a quién denunció.»

Los tres puntos aparecen, desaparecen y vuelven varias veces antes de que llegue la respuesta.

«No quiero escribirlo.»

Eso es casi una respuesta.

La llamo. No contesta al primer intento, pero sí al segundo.

—Ya te he dicho que no quiero poner ningún nombre por escrito.

—Entonces dímelo ahora. Eva me conocía, yo estaba en Nachtwerk y mi voz aparece en una grabación donde ella me pide que me marche y yo me niego a dejarla sola con un hombre.

Ahora además sé que denunció amenazas y una posible retención.

No puedo seguir juntando piezas mientras todo el mundo decide qué parte de mi propia historia tengo derecho a conocer.

Helena permanece unos segundos en silencio antes de responder.

—No se trata de que tengas derecho o no. Se trata de que Eva nunca pudo demostrar quién estaba detrás de aquello y yo no voy a darte un nombre como si fuera un hecho cuando solo conozco lo que ella creía que estaba ocurriendo.

—Entonces al menos dime si hablaba de Jonas, porque es el único hombre que aparece constantemente alrededor de Nachtwerk.

—No. No era Jonas. Eso sí puedo decírtelo.