La guía del Señor Oscuro para la seducción (y otros crímenes de guerra) 77 Domina el poder definitivo (las voces inexplicables de tu cabeza probablemente no sean nada) #2
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77 Domina el poder definitivo (las voces inexplicables de tu cabeza probablemente no sean nada) #2

Cuando recuperé la lucidez, me encontraba en el suelo de piedra de aquella estrecha torre, con el sabor acre del poder bruto aún ardiendo en mi boca.

Gemí y levanté la vista hacia Arabella entre parpadeos.

Estaba arrodillada a mi lado, con la mano sobre mi corazón.

Tenía los ojos muy abiertos y los labios separados por una mezcla de angustia y alivio.

—Kaz —jadeó con la voz cargada de preocupación—. ¿Te encuentras bien? ¿Te acuerdas… de algo?

Tragué saliva y me incorporé. Me palpitaba la cabeza, como si reverberara en ella algo descomunal.

—Yo… —Las palabras se me atragantaron—. La Reliquia inició el proceso y luego me desmayé. ¿Lo… hemos conseguido?

No respondió de inmediato. Me miró fijamente a la cara, con un torbellino de pensamientos ocultos tras su mirada firme.

—¿De verdad no recuerdas nada?

Retazos de recuerdos quedaron suspendidos, inalcanzable.

—Recuerdo la luz. Una ráfaga. Luego, una tormenta de sombras. ¿Por qué? ¿Qué he…?

—Míralo tú mismo. —Su voz sonaba demasiado cautelosa.

Giré la cabeza y descubrí que la Reliquia brillaba con una combinación perfecta de oro y sombras. El zumbido que emitía hacía vibrar el suelo y me subía por la columna vertebral, provocándome una sensación eléctrica y un leve mareo.

—Está… completamente activada. —Al darme cuenta, me puse en pie dando tumbos. Arabella se acercó para sujetarme, pero le hice un gesto con la mano para que no lo hiciera, demasiado exaltado por la adrenalina como para preocuparme por estar débil—. Mírala. Es… Esto es lo que queríamos.

Me acerqué al artefacto, extendí la mano y dejé que mis dedos rozaran el metal caliente.

Una energía me recorrió el brazo con una intensidad casi insoportable.

Pero también sentí algo más: un vínculo que se extendía desde la Reliquia hasta mí, y desde mí directamente hasta Arabella.

Nuestro vínculo recuperó toda su fuerza con un intercambio íntimo de poder y aliento.

Me volví y la encontré mirándome fijamente, con los ojos aún llenos de confusión y tal vez de un miedo por expresar.

—¿Puedes sentirlas? —pregunté, con voz grave y conteniendo a duras penas la emoción—. Las líneas ley. Están ahí mismo. Estamos en el centro de un mapa viviente.

Ella tragó saliva y asintió lentamente.

—Sí. Es casi… demasiado grande.

—¿Demasiado grande? —Una risa voraz brotó de mi interior—.

¡Es magnífico! —En un impulso, la agarré por la cintura, la hice girar y solo la solté cuando ella jadeó—.

Podemos hacer cualquier cosa. Desviar la magia que fluye bajo reinos enteros, cortar el suministro de agua, matar de hambre a los ejércitos.

El Sindicato ya no puede tocarnos. Y Solandris… Ya sabes de lo que somos capaces.

Se quedó quieta al oír mis palabras. Algo se reflejó en su expresión.

—¿Y el Rey de las Sombras? —preguntó bajito—. Mi padre creía que…

—Leyendas. —Me burlé al instante, sintiendo un escalofrío involuntario recorriendo mi piel.

No había dicho ni una palabra sobre su padre desde que lo dejó en las mazmorras y ahora se interesaba por sus divagaciones—.

Pero si alguna fuerza ancestral acecha, la trataremos igual que a todos los que intentan interponerse en nuestro camino. Ahora la Reliquia es nuestra.

No apartó la mirada de mí. No conseguía descifrarla.

No era exactamente confianza, ni tampoco desconfianza, sino un reconocimiento cauteloso de algo que no estaba preparada para decir.

Odiaba esa incertidumbre. Quería que el mundo entero temblara ante nuestra llegada, y ahí estaba ella, poniéndome trabas que yo no quería.

—Anímate —le dije, aunque una punzada de inquietud me atravesaba el pecho—. Esto es una victoria. Hay que celebrarlo, no… poner esa cara. —Le señalé el semblante serio con un gesto.

Ella apretó los labios, claramente decidida a no seguir con el tema.

—Vale. —Exhaló de forma temblorosa y colocó su mano sobre la mía, que estaba sobre la corona. Su contacto me transmitió energía—. Al menos lo hemos conseguido. La Reliquia es nuestra.

Sí , pensé, nuestra . Pero ¿qué me había pasado durante esa visión?

¿Por qué no podía recordar las partes importantes?

Mi mente se negaba a fijarse en los detalles, que se dispersaban como hojas en una tormenta.

Tragué saliva para contener mi frustración.

Lo único que importaba era la renovada estabilidad del artefacto.

Arabella me guio para que captara las líneas ley.

Unas redes luminosas cruzaban la oscuridad bajo nuestros pies, a kilómetros por debajo de la fortaleza.

Ahora ella y yo disfrutábamos de una ventaja única, la de un dominio imparable.

Todos los Reinos Occidentales se extendían ante nosotros, esperando a que los conquistáramos.

—Funciona —murmuré, dejando que una pura sensación de triunfo impregnara la palabra.

Apartó la mano de la Reliquia y me rodeó la cintura.

—Pues claro que sí —dijo, con voz apagada pero resuelta—. Formamos un equipo peligroso.

Le dediqué una sonrisa que me pareció un poco más afilada de lo habitual.

—Y tan peligroso.

La atraje hacia mí, impulsado por la necesidad de saborear sus labios suaves y acallar cualquier vestigio de aquella inquietante presencia.

Por un instante, vi nuestras sombras fusionadas parpadear en la pared detrás de nosotros.

La silueta parecía demasiado grande, con unas alas de murciélago que se desplegaron antes de reducirse a una silueta normal. Parpadeé y desapareció.

Arabella percibió mi tensión y me pasó una mano por el pecho, probablemente para distraerme.

Rozó mis labios con los suyos e hizo desaparecer mis dudas provocándome una oleada de calor.

Me dejé llevar, ignorando el cosquilleo de miedo que sentía en la base del cráneo.

Teníamos poder, nos teníamos el uno al otro y nuestro dominio era imparable.

Fuera cual fuera la pesadilla que nos acechaba, la afrontaría a mi manera.

Se echó hacia atrás y susurró:

—Deberíamos contárselo al resto. Y luego reforzaremos la seguridad alrededor de la torre y mantendremos oculta la Reliquia. El Sindicato percibirá este cambio.

La solté con el corazón desbocado.

—Sí. No confiemos en que se alegren de vernos con un artefacto así de poderoso, capaz de alterar todo el mapa. Más guardias, más vigilantes… Y si vienen buscando problemas, los encontrarán.

Un destello de su habitual rebeldía le iluminó el rostro

—Por ahora, compartamos las buenas noticias con Vex, Griffin y Thorne. Y averigüemos cómo mantener estable la Reliquia si la forzamos un poco más.

No volvió a mencionar al Rey de las Sombras.

Estaba más que satisfecho con dejar el tema enterrado.

Con renovada confianza, le ofrecí mi brazo.

Ella aceptó, apretándose contra mí. Aquella energía constante recorrió mis huesos, acompañada por el calor de su cuerpo contra el mío.

Una reliquia increíblemente poderosa, una unión imparable, una conquista detrás de otra.

Lo que hubiera sucedido en aquella visión era secundario.

Nos habíamos levantado de los escombros antes; lo volveríamos a hacer las veces que hicieran falta.

Conduje a Arabella hacia el exterior, con el resplandor de la Reliquia pulsando a nuestras espaldas. Que el resto del mundo se preparara. Estábamos a punto de desatar un caos imparable.

Sin embargo, mientras caminábamos por los pasillos dañados de Skyspire, aparté de mi mente la molesta certeza de que estaba olvidando algo importante.