Epílogo
Hay historias que se escriben con una intención clara. Un objetivo, una idea, una forma de ordenar el ruido. Este libro nació con una de esas intenciones.
Pero las palabras tienen una manera extraña de escapar de quien las escribe. Empiezan obedeciendo y, sin avisar, toman otro rumbo. Y cuando uno se da cuenta, ya no está contando lo que quería contar, sino lo que la historia ha decidido ser.
No sé si este libro ha llegado a donde debía llegar. No sé si ha dicho lo que debía decir o si ha dejado en el lector la huella que yo imaginé al principio. Tal vez no. Tal vez no era eso lo importante.
A veces, escribir no es construir respuestas, sino convivir con las preguntas cuando dejan de ser cómodas.
Si algo queda después de estas páginas, ojalá no sea una conclusión, sino una duda. De esas que no molestan, pero permanecen.
Porque al final, algunas historias no terminan cuando se cierran. Simplemente dejan de escribirse.