6 #2
—A mí me pone mucho la idea de la prohibición, de la tentación o de la transgresión—dijo. Imaginar que tiene una mujer esperándolo en casa, que sabe que no debería… pero no puede evitarlo. Que su mano tiemble un poco la primera vez que me toca. Que intente controlarse y fracase.
Sofía se mordió el labio inferior y sirvió más vino en las dos copas.
—Hostia, Moon… me estás poniendo un poco cachonda solo de escucharte. Nunca había pensado en eso. Siempre creí que los mayores eran aburridos en la cama.
—Al contrario —continuó Moon. Muchos llevan años conteniéndose. Cuando se sueltan… se sueltan de verdad. Me gusta imaginar cómo me follarían con todas las ganas acumuladas. Primero despacio, casi con culpa, y luego más fuerte, como si necesitaran descargar todo lo que no descargan en casa.
Sofía soltó una risita nerviosa, pero sus ojos brillaban con interés.
—¿Y tú? ¿Has estado ya con alguno así?
—Todavía no del todo —admitió Moon. Pero he estado cerca. Y solo de pensarlo… me mojo.
Hubo un silencio cargado. La música seguía sonando bajito. Sofía dejó su copa sobre la mesita y se acercó un poco más en el sofá, mirándola fijamente.
El ambiente se había vuelto espeso otra vez. Las tetas de Sofía subían y bajaban con cada respiración más profunda. Moon sentía el calor entre sus propias piernas creciendo de nuevo.
Sofía se pasó la lengua por los labios y, sin decir nada más, se inclinó hacia delante. Con un movimiento decidido pero tembloroso, puso una mano en la nuca de Moon y la besó.
Fue un beso repentino, cargado de riesgo. Sofía sabía que Moon podía apartarla en cualquier momento. Sus labios eran suaves y cálidos, y temblaban ligeramente por los nervios. La mano que tenía en la nuca de Moon apretaba con fuerza, como si temiera que se escapara.
Moon se quedó rígida al principio. Sus ojos se abrieron por la sorpresa y sus manos se quedaron suspendidas en el aire. El corazón le latía tan fuerte que parecía que iba a salírsele del pecho.
Durante unos segundos eternos, Moon dudó. Su cuerpo estaba tenso, su mente daba vueltas. Pero entonces Sofía profundizó el beso, deslizando la lengua con timidez entre sus labios, y algo dentro de Moon cambió.
Un gemido bajo escapó de su garganta y, finalmente, se dejó llevar. Sus manos subieron hasta la cintura de Sofía y la atrajeron más cerca. Le devolvió el beso con creciente pasión, abriendo la boca y dejando que sus lenguas se encontraran. El sabor del vino blanco aún estaba en sus labios.
Cuando se separaron para tomar aire, ambas jadeaban. Los ojos de Sofía brillaban con una mezcla de miedo y deseo.
—Perdona… —susurró Sofía con voz entrecortada. No pude contenerme más. Si quieres que pare…Moon negó con la cabeza lentamente, todavía procesando lo que acababa de pasar. Sus mejillas estaban rojas y sus pezones ya se habían endurecido otra vez.
—No… no pares —murmuró. Es solo que… nunca había hecho esto. Me da un poco de miedo, pero… me gusta. Me gustas.
Sofía sonrió con alivio y volvió a besarla, esta vez con más confianza. Sus manos bajaron por la espalda de Moon hasta llegar al borde de sus vaqueros todavía húmedos.
—Entonces déjame acariciarte —susurró contra sus labios. Quiero saber cómo se siente tu piel… cómo te mojas cuando te meto mano.
Moon asintió, respirando agitada. Sofía desabrochó los vaqueros de Moon y se los bajó junto con las bragas en un solo movimiento. Moon levantó las caderas para ayudarla. Cuando quedó completamente desnuda, Sofía se apartó un poco para mirarla.
—Joder… —susurró Sofía, recorriendo con la mirada el cuerpo de su amiga. Eres preciosa. Cariño, estas bragas están empapadas, casi tanto como las mías. Esto no ha sido la lluvia ¿verdad?
Moon, aún un poco avergonzada, no supo que decir e intentó cubrirse con las manos, pero Sofía se las apartó con ternura.
—No te tapes. Quiero verte toda.
Luego se quitó ella misma los pantalones cortos y las bragas. Su coño estaba completamente depilado, con los labios hinchados y brillantes de excitación. Un pequeño piercing brillaba en su clítoris.
Se tumbaron en el sofá cama, besándose con más urgencia. Sus tetas se aplastaban una contra la otra. Los pezones duros se rozaban con cada movimiento, enviando descargas de placer a las dos.
Sofía fue la primera en bajar. Besó el cuello de Moon, luego bajó hasta sus pechos y tomó un pezón rosado en su boca. Lo chupó con suavidad al principio, luego con más hambre, pasando la lengua en círculos mientras su mano acariciaba el otro pecho.
Moon arqueó la espalda y soltó un gemido largo.
—Ah… Sofía… eso se siente muy bien…Animada por la reacción, Sofía siguió bajando. Besó el vientre plano de Moon, separó sus piernas con cuidado y se colocó entre ellas. Miró el coño de su amiga: rosado, depilado y ya mojado.
—Nunca le había comido el coño a nadie —confesó Sofía con voz ronca, levantando la mirada. Pero quiero probar el tuyo.
Moon tragó saliva, nerviosa pero excitada.
—Hazlo… despacio al principio.
Sofía separó los labios hinchados de Moon con los dedos y pasó la lengua lentamente desde abajo hasta el clítoris. Moon soltó un gemido ahogado y agarró las sábanas. El placer era distinto a todo lo que había sentido antes: más suave, más preciso, más intenso en ciertos puntos.
Sofía se volvió más valiente. Lamió con más presión, saboreando el gusto dulce y salado de Moon. Introdujo un dedo en el interior caliente y apretado mientras seguía chupando el clítoris con la lengua plana.
—¡¡Aaaaahhh!! Dios… sí… justo ahí —jadeó Moon, moviendo las caderas contra la boca de su amiga.
Sofía añadió un segundo dedo y empezó a moverlos con ritmo, curvándolos ligeramente. Moon se corrió por primera vez con un grito ahogado, temblando violentamente y apretando la cabeza de Sofía contra su sexo.
Cuando bajó de la ola, Moon miró a Sofía con los ojos vidriosos y una sonrisa tímida.
—Ahora… déjame a mí.
Intercambiaron posiciones. Moon se colocó entre las piernas morenas de Sofía. El olor de su excitación era fuerte y embriagador. Al principio fue torpe, besando el interior de los muslos antes de atreverse a lamer el coño hinchado. Pero pronto encontró el ritmo que hacía gemir a Sofía.
—Así… chúpamelo, cómetelo y bébetelo todo mmmm. Si…ooh cari sigue. —jadeaba Sofía, moviendo las caderas. —Joder, Moon… qué bien lo haces…
Moon introdujo dos dedos y los curvó buscando el punto sensible mientras lamía con dedicación. Sofía se corrió fuerte, gritando el nombre de Moon y apretando los muslos alrededor de su cabeza.
Se quedaron un rato abrazadas, recuperando el aliento, besándose perezosamente. Pero la noche no había terminado.
Sofía sacó un pequeño vibrador del cajón de la mesita y lo usaron entre las dos.
Se frotaron los coños una contra la otra en tijera, sintiendo cómo sus clítoris se rozaban directamente.
El placer fue lento y profundo, construyéndose hasta que ambas se corrieron casi al mismo tiempo, gimiendo contra la boca de la otra.
Después probaron más cosas: Moon descubrió lo mucho que le gustaba que Sofía le chupara los pezones mientras le metía los dedos. Sofía se volvió loca cuando Moon le pasó la lengua por el culo mientras le follaba el coño con el vibrador.
Pasaron horas explorándose con curiosidad, ternura y una lujuria creciente. Se corrieron varias veces más, cambiando de posiciones, usando la boca, los dedos y el pequeño vibrador hasta quedar exhaustas, sudorosas y con las sábanas revueltas.
Ya casi de madrugada, se tumbaron abrazadas bajo una fina sábana. La lluvia seguía cayendo fuera.
Sofía besó la frente de Moon y susurró:
—No puedo creer que hayamos hecho todo esto…Moon sonrió y se acurrucó contra el pecho grande y cálido de su amiga.
—Yo tampoco… pero no quiero que sea solo esta noche.
Sofía rio bajito y la abrazó más fuerte.
—Entonces que no lo sea.
Se durmieron así, desnudas, con las piernas entrelazadas y el olor a sexo todavía flotando en el aire.