La graduada (Cazadoras 2) Epílogo
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Epílogo

Tyler

Estaba luchando inútilmente con la erección que crecía dentro de mis pantalones, pero lo único que podía hacer era contenerla y ocultarla entre mis piernas. Esta mujer conseguía encenderme como una hoguera regada con gasolina.

No podía creerme el cambio que había causado en mí todo lo que me había revelado, pero no podía decir que hubiese preferido no saberlo.

Estaba demasiado nervioso y ofuscado cuando iba de camino hacia nuestra cita.

Necesitaba aclarar todo lo sucedido. Que ella actuase a mis espaldas no solo me hacía desconfiar, sino que me hacía sentir de alguna manera traicionado, y con lo de Sondra tan reciente, era como echar sal a la herida que seguía abierta.

Pero Tara tenía razón, necesitábamos a Dennise, era una abogada muy buena y no podíamos enfrentarnos a una negociación sin saber qué estábamos firmando. Como había descubierto, las palabras se las lleva el viento y lo que realmente cuenta es lo que está escrito.

Reclutarla era algo que no podíamos permitirnos, éramos realistas, pero prolongar nuestra asociación era factible.

Solo tenía que convencerla de que era una buena idea.

Y podía hacerlo, mi fuerte es la gente, interpretarla, analizar el entorno y anticipar sus movimientos.

Años enfrentándome a rivales en la pista había servido para analizar su juego, descubrir lo que les resultaba incómodo y utilizarlo para conseguir llevarme el partido.

Dennise era el mayor desafío al que me había enfrentado nunca.

Era una profesional segura de sí misma, sin miedo a jugar duro, sin temor a arriesgar si el premio merecía la pena.

Una mente retorcida y brillante dentro de un envoltorio tentadoramente pecaminoso.

Entendía a Trevelyan, uno no sabía si contratarla o llevársela a un lugar privado para seducirla.

Pero Dennise era mucho más de lo que creía.

Su conciencia la obligaba a defender a su cliente por encima de los grandes clubes, cuidaba de él, y ese era mi mismo principio.

Un agente deportivo sabía con quién jugaba, el mundo despiadado en el que se movía, pero debía proteger los intereses de su cliente y no permitir que lo explotasen por un puñado de dólares.

Al principio me cabreaba que esta mujer me atrajera como a un tierno adolescente, seduciendo a mis hormonas, prometiéndoles el paraíso.

No quería caer de nuevo, enamorarme como un estúpido de un cuerpo espectacular, una voz dulce y unas caricias en el momento adecuado.

Pero lo que había dentro de ella era mucho mejor de lo que había esperado, era como descubrir tu bizcocho favorito debajo del glaseado.

No sé cómo pude olvidarla. Su imagen me acompañó durante un tiempo, no podía olvidar sus ojos llorosos.

Las noticias no dijeron nada de denuncias ni nada por el estilo, así que traté de engañarme diciendo que todo estaba bien, como ella dijo.

Pero no había sido así, aquel desgraciado…

De haberlo tenido delante le hubiera roto cada hueso de su perfecta cara.

Y esa reacción me dio miedo, porque Dennise no era de mi propiedad, no tenía ningún derecho a erigirme en su caballero de brillante armadura.

Ella misma se había encargado de hacer justicia, y tengo que reconocer que eso me hizo sentir tremendamente orgulloso de ella.

Denise era hermosa, inteligente y fuerte.

La mezcla imposible de una guerrera y una pin-up.

Si no tenía cuidado acabaría atrapándome, y no podía permitir que ocurriese.

Tara y su bebé confiaban en que yo les diese un futuro, nuestra empresa debía funcionar, se lo prometí cuando dejó atrás Starline y me siguió. No podía dejarme llevar por los impulsos que me pedían que me lanzase sobre Dennise y besase sus tentadores labios, que debían de saber a paraíso. ¡Para!

Dennise era una tentación que debía alejar de mí, por mi bien, pero era tan difícil pelear contra ella.

Me moría por caer. No podía dejar de lado estos sentimientos que me dominaban.

Tenía que cuidar de ella, aunque sabía que era autosuficiente.

Las mujeres como ella no dejaban que otros las defendiesen, ella no era como Sondra.

—La cuestión es, ¿vas a arriesgarte a trabajar conmigo?

Ya sabes que si me la juegas iré a por ti y no pararé hasta hacértelo pagar.

—Sentí un escalofrío recorrer todo mi cuerpo.

Sus brillantes ojos me amenazaban medio ocultos por sus largas pestañas.

¿Cómo podía parecerme tentadoramente sexy que me amenazasen?

¡Diablos! Pero lo estaba haciendo. Sentí un fuerte tirón en mi entrepierna.

El guerrero de ahí abajo estaba preparado para la batalla, daba igual la que fuese, siempre que ella estuviese involucrada.

—Estoy dispuesto a aceptar el riesgo. —Podía arrastrarme al infierno e iría gustoso, porque ese lugar sería el paraíso del pecado, estaba convencido de ello, yo lo haría posible.

—Y las consecuencias. —Ojalá ella pensase lo mismo que yo. Nuestra relación laboral sería exitosa, no tenía dudas, pero nuestra relación personal… ¡Oh!, había tantas promesas…

—Todas ellas. —Estaba dispuesto a perder de nuevo, no me importaba. Sondra me prometió el paraíso y acabé en el infierno. Estaba escapando de él. Pero Dennise me estaba prometiendo un infierno diferente y yo deseaba que me arrastrase a él.

No podía entenderme a mí mismo. Estaba confuso, no quería ir allí y al mismo tiempo lo deseaba.

Esta mujer me volvía loco, pero no deseaba alejarme, ya no podía.

¿Quién en su sano juicio la dejaría escapar?

Aunque fuese una pequeña probada, tenía que intentarlo.

Puede que me arrepintiese después, pero no sería por haberla dejado pasar.

—Entonces supongo que tenemos un trato, socio.

—Tendió su mano hacia mí y yo la estreché para formalizar nuestro acuerdo.

Su piel, su maldita piel era suave y cálida, pero aquel contacto no solo se grabaría en mi memoria por la descarga eléctrica que sacudió con fuerza mis testículos, sino por ser la primera vez que la tocaba.

Sería una tortura no volver a hacerlo, o quizás la tortura fuese lo contrario, no lo tenía claro, pero sabía que nada ni nadie me impediría averiguarlo.