La graduada (Cazadoras 2) Prólogo
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La graduada (Cazadoras 2)

La graduada (Cazadoras 2)

Por Iris Boo

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Prólogo

—Estás deslumbrante. —Podía ver la sonrisa de Yumi reflejada en el espejo frente a mí.

—Me siento hermosa —confesé.

—Tu tía tiene un gusto exquisito. —Acaricié mi abdomen, sintiendo la suavidad de la tela bajo los dedos.

Cualquier vestido de noche era una obra de arte, pero el que llevaba puesto era perfecto en todos los sentidos.

No solo porque una modista lo hubiese ajustado a mis formas, sino porque tenía todo lo que necesitaba para triunfar esa noche: elegancia, sofisticación y refinamiento.

Lo sentía como la armadura que me protegería durante mi primera gran batalla.

—Tú tampoco te quedas atrás. —Dejé de admirar mi vestido vintage para contemplar su Dior. Puede que el mío no tuviese un apellido rimbombante como el suyo, Dior, pero pasaría la criba de la alta sociedad sin problema.

—Lo sé, estoy para darme un mordisco. —Se contoneó de forma sexy mientras se giraba.

—¿Tienes las invitaciones? —Tenía que asegurarme, no quería que nos hiciesen darnos la vuelta por haberlas olvidado.

—Mi padre me ha hecho pagar un alto precio por ellas, así que será mejor que no falles. —Alzó las dos cartulinas para que las viera, mientras sus párpados se entrecerraban hacia mí de forma desafiante.

—Hemos repasado el plan una docena de veces, no va a fallar. —No pensaba hacerlo—. Pero si no lo consigo, siempre podemos recurrir al plan B. —Yumi puso los ojos en blanco.

—No quiero ser melodramática, pero realmente esta noche está en juego mi futuro. —No sabía si me lo decía en broma o en serio.

—¿Qué quieres decir? —¿Tendría algo que ver con ese precio que tenía que pagarle a su padre por las invitaciones a la gala benéfica?

—Que si lo de esta noche falla, la que tendrá que buscarse un plan B seré yo. —Se dio la media vuelta para alejarse. Estaba claro que no quería contarme más.

—Yumi, la que se tiene que arriesgar esta noche soy yo, tú no deberías hacerlo. —Era mi guerra, no podía permitir que ella resultase dañada por mi culpa.

—Bah, no es tan importante. Ya me conoces, tiendo a exagerar. —Pero algo me decía que no era así. ¿Qué estaba ocultándome? No podía pedirle que fuese completamente sincera conmigo, pues si bien le había contado mi plan, no le había explicado la procedencia de las herramientas que iba a utilizar.

—Soy tu amiga, puedes contármelo todo —le ofrecí.

—Paso a paso, Demiku, paso a paso. —Cuando me llamaba por mi segundo nombre, sabía que trataba de quitarle hierro al asunto. No llegaría a ningún sitio esta noche, así que desistí, por el momento.

—Está bien. ¿Lista para irnos? —Recogí mi bolso de la mesa.

—Lista, Dennise-san. —Ya no me llamaba Didi, y eso me recordaba que habíamos dejado atrás nuestra época adolescente. Nos habíamos convertido en mujeres y había llegado el momento de demostrarlo.

Mientras los flashes de la alfombra roja me deslumbraban, no podía dejar de pensar en las enseñanzas de Desiré: «Levanta la cabeza, muéstrales que no te intimidan, así te respetarán».

Sonreí a las cámaras, sabedora de que no era el cebo que buscaban.

Sí, era joven y hermosa, pero no podrían sacar mucho jugo de mí, ni era una estrella de cine, ni una deportista famosa, ni una cantante…

Ni siquiera pertenecía a la clase alta de New York o a una familia adinerada.

Yo era solo yo, y aunque muchos me conociesen, no era en los círculos del cotilleo.

Cuando atravesamos las puertas de acceso a la sala principal, una extraña sensación me sobrecogió. Si en algún momento había tenido dudas sobre lo que iba a hacer, este era el momento de dar marcha atrás. El paso de hoy era el punto de no retorno.

Otros pensarían, ¿y todo el trabajo que has hecho durante este tiempo?

, ¿y la enorme y laboriosa tela de araña que has fabricado?

Pero no debía hacerlo por el simple hecho de no tirar por la borda todo mi trabajo y esfuerzo, debía hacerlo porque me convertiría en otra persona.

No estoy hablando solo en el acto de hacerme con mi primera pieza, la que me convertiría en una cazadora, sino en que cobrar mi venganza mancharía mis manos de sangre, bueno, no de forma literal.

Quiero decir que me convertiría en alguien capaz de destruir a otra persona.

—¿Estás lista? —preguntó Yumi a mi lado. ¿Lo estaba?

—Lo estoy. —Ray tenía que pagar y yo era la persona indicada para cobrar esa deuda. No iba a detenerme. Asumiría con gusto todas las consecuencias.

—Bien. Separémonos. La primera que lo encuentre que avise a la otra. —Yumi se presionó delicadamente el auricular oculto en su oído. Parecíamos dos espías en una misión de alto riesgo. ¡Alucina, Tom Cruise!, nosotras teníamos también nuestra misión imposible.

Cuando ella llegó con esos aparatos me imaginé que se los había facilitado alguien del equipo de seguridad de su padre. Ser la hija del embajador de Japón tenía sus ventajas, como poder alojarnos en el edificio mientras estuviésemos en la ciudad.

Instintivamente, acaricié el pequeño broche que me dio la tía Desiré para el evento.

Según me dijo, no estaba de más contar con ayuda si estaba cerca y, conociendo el evento, una gala benéfica para recaudar fondos, era muy posible que encontrase una aliada.

Como Desiré dijo: «Mostrar este emblema es como exhibir una acreditación del FBI».

No me abriría las puertas, pero sí que me daría esa garantía de que, si había alguien del club, se acercaría para prestarme su ayuda.

Aunque para esta misión yo tenía que llevar todo el peso de la actuación, una se siente más segura sabiendo que hay refuerzos cerca.