La Gracia PRÓLOGO 2
8%

PRÓLOGO 2

Elena…, cuando no se tiene esto puede uno ver un milagro con los ojos del cuerpo y no creer en él; pero cuando uno siente dentro, dentro de uno, el milagro más maravilloso, la transformación radical del ser, el mundo del misterio es solo lo verdadero.

Dios me ha cogido por los cabellos y me ha sumergido en su misma Esencia.

Ya no es que no haya dificultad para creer, para entender lo inexpresable… Es que no se puede no creer en ello.

Rezo el credo por la calle sin darme cuenta. Cada una de sus palabras son luz. Elena, la Gracia tal y como la he recibido es la felicidad más completa que existe. Jamás, jamás se puede sospechar cosa así. La pobre voluptuosidad humana, Elena, no es nada comparada con esto. Nada…”

La carta sigue con ese tono místico de quien acaba de descubrir el secreto de la vida.

Yo me inclino por creer que el hallazgo de Laforet tiene más que ver con el desbordamiento de felicidad que le supuso el descubrimiento del amor correspondido por Lilí Álvarez.

Un despertar sáfico que, en mi opinión, ellas y muchas otras trataron de reconducir mediante la sublimación religiosa.

Sea como fuere, Laforet decide pasar una semana en un convento para perfeccionar con ejercicios espirituales ese nuevo acercamiento a Dios aplaudido por Fortún y por Álvarez.

¿Es casual que varias de estas mujeres decidieran seguir ese camino místico y refugiarse en él?

¿Pudo ser el misticismo una forma socialmente aceptable de enfrentarse a esos “pequeños o grandes deseos” que, según Laforet, pueden llevarla “a la destrucción”?

“La Gracia es la felicidad más completa que existe”, dice Laforet. ¿La Gracia como la felicidad pura causada por la experiencia de Dios o la Gracia como el inmenso río de amor que se desbordó entre dos mujeres en la España de los años 50?

Gracias a las investigaciones de Anna Caballé e Israel Rolón, hoy podemos leer aquella relación como un vínculo amoroso que se prolongó durante años.

Laforet tenía tres hijas y esperaba otro hijo.

El miedo a las habladurías, a la condena social y la responsabilidad hacia sus hijos, entre otras circunstancias ,c ontribuyeron a convertir aquel amor, desde el principio, en un amor imposible.

Esta obra recrea de forma ficcional la semana de retiro espiritual que Carmen Laforet pasó en un convento de Madrid para profundizar en su recién estrenada fe religiosa. Cualquier parecido con la realidad será pura coincidencia.