La fruta amarga (Crímenes de Cornualles 3) Capítulo 29
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Capítulo 29

Capítulo Veintinueve

Eden no estaba segura de si Elspeth había regresado de Francia, pero decidió probar suerte en el sitio. Había otra razón para ir.

Quería ver dónde estaba enterrado el bebé de Mary Bluet; el bebé que, de haber vivido, habría traído vergüenza a su madre. Necesitaba evaluar por sí misma el riesgo de que lo descubrieran.

Al llegar al sitio, le sorprendió la ausencia de cintas policiales amarillas ondeando al viento y la falta de reporteros, pero supuso que ya habían exprimido el lugar al máximo por el momento. Ahora iban tras otra presa. Probablemente aún estaban bloqueando su oficina.

Un bajo potente retumbaba desde el extremo más alejado del campo, donde un grupo de estudiantes trabajaba. No la oyeron llegar.

La última vez que había estado allí, la puerta del módulo prefabricado estaba abierta; esta vez, estaba cerrada.

Probó el picaporte —cerrado con llave. Luego golpeó la puerta —nadie respondió.

Se asomó por la ventana. El lugar tenía un aire de haber sido abandonado temporalmente.

Bajó de nuevo los escalones hacia la caravana —también cerrada.

Claramente, Elspeth seguía fuera y tampoco había señales de James. Se preguntó si estaría en el museo o ocupado construyendo su perfil mediático en algún chat en línea.

El lugar seguía siendo un lodazal. Recordó lo que Elspeth había dicho sobre los manantiales naturales que cruzaban el yacimiento.

Sus botas de agua habían tenido más salidas en las últimas semanas que en todo un año.

Se subió la cremallera de la chaqueta y avanzó con cuidado por las tablas hacia los estudiantes.

—¿Hola? —gritó por encima del golpeteo de la música que salía a todo volumen de la radio.

—Ah, hola —respondió una rubia guapa que parecía salida de un video promocional del Estado del Sol; toda bronceada saludable y una sonrisa tan deslumbrante que habría hecho que cualquier ortodoncista se orinara de orgullo.

Los demás eran un grupo variopinto en comparación; con rostros pálidos y aspecto nerd, envueltos en impermeables y gorros de lana. Eden supuso que a diferencia de la señorita California ellos sí eran de la zona.

—¿Puedo ayudarte? —preguntó un larguirucho de aspecto serio, trepando fuera de la zanja hasta una tabla de aluminio precariamente equilibrada—. Soy Sam.

—Busco a la profesora Fuller.

—¿Eres periodista? —preguntó la chica americana sin ningún pudor, se acomodó el escote y extendiendo la mano—. Soy Carrie.

—No, no soy periodista.

—Es la abogada de Rowan Lutey —dijo Sam—. ¿Verdad? ¿Eden Gray?

—Sí, así es.

La chica pareció decepcionada y les dio la espalda, volviendo a centrar su atención en un trozo de tierra infinitamente más interesante.

Sam, calculó ella, debía de estar en la mitad de sus veintitantos, con la torpeza desgarbada de alguien más joven. Sus manos y pies grandes parecían demasiado grandes para su cuerpo, como si el resto de él necesitara tiempo para alcanzarlos.

—Elspeth no está aquí.

—Qué pena, esperaba que ya hubiera vuelto.

—James está a cargo mientras ella no está, pero tampoco se encuentra aquí ahora mismo.

—Bueno, eso me enseñará a no aparecer sin llamar antes. ¿Te importaría si echo un vistazo al hoyo donde encontraron al bebé? Noté que ya quitaron la cinta policial.

—Claro, entonces te llevo, y si quieres te acompaño de vuelta al coche.

—Gracias.

El serbal se alzaba solo en la esquina más alejada a la izquierda del campo, un parche verde de hierba rodeaba su base. Racimos de brillantes bayas como rubíes resplandecían bajo el sol lechoso del otoño; un paraíso en medio de un yermo monocromático y embarrado.

—Qué árbol tan hermoso.

—Sí, el serbal. El homónimo de su clienta. Los celtas los plantaban para alejar la magia oscura y los espíritus malignos, aunque ese no es muy antiguo ya que tiene menos de cien años.

Eden sabía exactamente cuántos años tenía.

—Las bayas son bastante llamativas —dijo.

Él se detuvo mientras caminaban para mirar hacia el árbol, casi como si lo viera por primera vez.

—Supongo que sí. Los druidas solían teñir sus vestiduras con ellas y, según dicen puedes destilarlas en un licor bastante potente si tienes suficientes.

—Me sorprende que no haya sufrido daños con todo lo que ha pasado.

—No hay mucho en ese extremo del campo y Elspeth insiste en mostrar respeto por el lugar. Da mala suerte talar un serbal. Es muy estricta con esas cosas, aunque no esté protegido por ninguna orden de conservación.

Eden se sintió aliviada.

—Está tranquilo, ¿no hay prensa?

—Desde hace un par de días no. Supongo que James no está aquí y normalmente es a él a quien buscan. Al resto nos han dado instrucciones estrictas de no conceder entrevistas.

—¿De quién? ¿De la policía?

—De Elspeth, detesta la idea de que anden husmeando por todo el sitio.

Lo que hemos encontrado aquí es único. Podría proporcionar años de investigación académica en muchos campos especializados.

Es parte de nuestra historia social. Podría ser uno de los hallazgos más importantes de Europa Occidental.

Ahí estaba de nuevo, esa envidiable pasión por el trabajo.

—Entonces, ¿a Elspeth no le entusiasma la participación de la prensa? ¿Cree que la publicidad no ayudará a financiar la excavación ni a atraer la atención de un público más amplio?

—Dios, no, es muy de la vieja escuela. Cree en una investigación rigurosa.

No le interesa complacer a las masas. El peligro con un sitio como este es que todos se distraen con lo de la brujería y entonces los académicos serios pierden el interés.

Siempre ha pasado con hallazgos importantes, piensa en Tutankamón.

Todo el mundo conoce el descubrimiento de Howard Carter.

la maldición escrita en un cartucho en la tumba.

El asunto es que no existía, no se encontró ninguna maldición.

Nadie sabe realmente cuánta investigación arqueológica seria se perdió porque la prensa se hizo con esa historia falsa y todo el mundo se abalanzó sobre el Valle de los Reyes.

El lugar ha sido un desastre desde entonces.

Eden pensó que no era el momento ni el lugar para contarle a Sam que había frotado la frente de Iset Tayef Nakh para tener suerte.

—Y eso fue antes de las redes sociales —continuó el chico—, hoy una sola persona podría tuitear sobre este lugar y volverse viral, el trabajo tendría que detenerse.

—Pero James Ferris me dijo que Elspeth estaba de acuerdo con toda la publicidad, que había cambiado de opinión.

—Bueno, si eso es cierto, es un cambio radical. Se puso furiosa cuando encontré al bebé. Sabía que significaría la llegada de la policía y el interés no deseado de la prensa.

A Eden se le aguzaron los oídos.

—Disculpa, ¿tú encontraste al bebé?

—Sí.

—Así que fuiste tú quien se escapó a fumar un cigarrillo y vio que habían alterado el pozo de la bruja.

—No exactamente. Para empezar no fumo. Estaba excavando en la zanja número tres, allá, y James se acercó y me pidió que fuera a ver un pozo donde el marcador estaba caído y el suelo parecía removido.

Hice lo que me pidió y fue entonces cuando encontré al bebé, a unos quince metros delante de nosotros. El Pozo Diez.

Mientras se acercaban al último lugar de descanso del bebé, Eden se preguntó por qué la versión de James era distinta.

¿Quizás, en el caos que siguió, se había desordenado la cronología?

No era de extrañar. Sin embargo, había algo en ello que le producía inquietud.

Luego estaba Elspeth. Sam parecía convencido de que ella seguía disgustada con la atención mediática, y eso coincidía con las conversaciones que había tenido con ella, pero James insistía en que había cambiado de opinión.

Necesitaba hablar con ella en persona para averiguar quién decía la verdad, pero resultaba escurridiza.

Sacó el móvil para tomar una fotografía del pozo, ahora cubierto de nuevo, la tierra ligeramente más oscura, ya transformándose en barro.

—¿No había nada en este pozo cuando lo excavaron por primera vez? —preguntó.

—No, no todos contenían ofrendas. Algunos estaban vacíos. No sabemos por qué.

Eden sí lo sabía. Recordaba su conversación con Carmen la noche del incendio.

La mujer que había encargado a la familia Lutey excavar el pozo debía de haber concebido.

El lugar había sido bendecido hasta que el bebé fue enterrado allí.

Qué fácil era corromper un sitio. El Pozo Diez sería recordado para siempre como un lugar de horror en lugar de alegría. Se volvió hacia Sam.

—No sabrás, por casualidad, cuándo vuelve Elspeth de Bretaña, ¿verdad?

—¿Bretaña?

—Entiendo que ha estado en una conferencia en Bretaña sobre rituales celtas.

—¿En serio? Es la primera vez que lo oigo. Normalmente me pide ayuda con la presentación si va a dar una charla. No se le da bien el PowerPoint —dijo, y frunció el ceño desconcertado.

—Sam, ¿pasa algo?

—No, solo me sorprende, eso es todo. Pensé que había ido a visitar a su familia en Irlanda; alguna crisis o algo así. Me pregunto por qué no mencionó nada sobre la conferencia.

Eden no sabía qué pensar ni qué decir. ¿Qué demonios estaba tramando Elspeth?

—Probablemente lo entendí mal. Tengo tantas cosas en la cabeza que mi mente es como un colador últimamente. Puede que sí.

No parecía convencido.

—Sam, ¿cuándo esperas que vuelva?

—Este fin de semana. Empezamos las excavaciones en el Pozo de Cristal el fin de semana. Ella no se lo perdería.

—Carmen Lutey mencionó que había oído que ustedes habían terminado con las fosas de brujas y que iban a pasar a un pozo.

—Sí, es realmente emocionante. Estamos bastante seguros de que contendrá todo tipo de talismanes y ofrendas votivas: cerámica, objetos personales, trozos de tela con mensajes escritos, si tenemos suerte.

La turba ha conservado todo en los pozos en un estado fantástico, así que esperamos que haya hecho lo mismo con lo que hay en el pozo y podríamos encontrar algo realmente valioso, nunca se sabe.

En el pasado, se han encontrado monedas de oro y réplicas de cabezas humanas talladas en piedra en pozos como este.

—¿Se usaba en rituales? ¿Como los pozos?

—Eso creemos, especialmente en la época del equinoccio de primavera, cuando la luna parece lo bastante baja como para tocarla. Debía de verse increíble entonces, a la luz del fuego, la luna reflejándose en los cristales del granito, mágico.

—Bueno, suerte con eso, y si Elspeth se pone en contacto antes del fin de semana, ¿puedes decirle que me llame?

—Por supuesto, pero es más probable que hable con James. Él habla con ella todos los días, pero me aseguraré de decírselo cuando la vea.

Su teléfono sonó. Era Luke.

—Lo siento, Sam, tengo que atender esto.

—No pasa nada —sonrió el chico, y levantó la mano antes de regresar con los demás.

—Tenemos un problema —dijo Luke.

El corazón de Eden se hundió.

—¿Y ahora qué?

—Me vieron.

—¿Qué quieres decir con «vieron»?

—La prensa, saliendo de tu casa a primeras horas de la mañana.

—¿Y?

—Esto es tan vergonzoso, han sacado una idea completamente equivocada, he visto la foto y parezco… como si hubiera pasado la noche contigo. Llamaron a la oficina del superintendente para pedir un comentario.

A Eden se le encendieron las mejillas al imaginarse a ella y a Luke de esa manera.

—¿Así que estás en problemas? —tosió.

—Podrías decir eso. Me han suspendido… y Eden, me dijeron que podemos esperar algo en los periódicos mañana.

—¿Qué?

—Y…

—Vamos, no puede ponerse peor.

—Sí puede —suspiró él—, la prensa sabe que Rowan está desaparecida.

La vergüenza dio paso a la consternación.

—Esto es una maldita pesadilla.

—Una de la que no vamos a despertar pronto, eso seguro.

Les he dicho a mis superiores por qué estaba allí, pero aun así no están contentos de que no les contara antes lo de la conexión familiar.

Supongo que asumí que todos ya lo sabían.

No es como si alguna vez hubiera intentado ocultar que eres la hermana de Thea, pero así están las cosas.

Creo que deberíamos mantener un perfil bajo un par de días, hasta que todo se calme un poco y hayamos encontrado a Rowan.

Te mandaré un mensaje cuando crea que es seguro.

—Luke, lo siento muchísimo.

—No es exactamente tu culpa, pero significa que tendré que contarles a mis superiores lo de Flora, todo lo privado sobre Thea que no quería que supieran. Aun así, creo que ya será demasiado tarde para frenar lo que ya ha salido en prensa. Solo espero que Thea no se entere.

Eden pudo imaginar la reacción de su hermana, las acusaciones y amenazas. Le encantaría el drama, cualquier cosa que la pusiera en el centro del escenario.