La fruta amarga (Crímenes de Cornualles 3) Capítulo 27
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Capítulo 27

Capítulo Veintisiete

Eden se despertó a la mañana siguiente sintiéndose magullada y ultrajada.

Los reportajes de la prensa ya eran bastante malos, pero ahora le parecían triviales.

Una cosa era leer cosas odiosas sobre una misma, otra muy distinta era presenciar de cerca su fealdad desgarradora.

Al forzar la vista para mirarse la espalda dolorida en el espejo, la diferencia se mostraba en tecnicolor. Estaba llena de moratones.

Se tragó un par de paracetamoles y llamó a Carmen.

—Hola, Carmen, soy Eden. Siento no haber llamado anoche, yo…

—¿Está ella ahí contigo? —interrumpió la mujer. Sonaba desesperada.

—No, me temo que no.

Eden la escuchó desinflarse al otro lado del teléfono.

—Pensé que como llamaste la habías encontrado. ¿Qué hacemos ahora?

—Si no está aquí para las once, habrá incumplido las condiciones de su libertad bajo fianza y tendré que avisar a la policía.

—Para ser sincera, no me importa. Al menos así la estarán buscando.

Ha pasado casi un día entero y estoy muerta de preocupación.

Hay tanta gente allá afuera que, si crees lo que se lee, la odia, le desea el mal.

Matthew me contó algunas de las cosas que se están diciendo en internet y me dan un miedo terrible.

—Mucha gente dice cosas en internet, eso no significa que las vayan a cumplir.

No te preocupes demasiado a menos que haya algo que consideres una amenaza o que incite a la violencia contra Rowan o tu familia.

Si lo hay, tienes que decírmelo y la policía se encargará.

Nadie tiene derecho a aterrorizarte y permanecer en el anonimato.

Eden pensó en su experiencia con los dos matones la noche anterior y se sintió una hipócrita. No lo había denunciado a la policía.

—Es tan repugnante, tan fuera de mi zona de confort. Sé que no debería hacerle caso y Matthew solo me lo contó porque Rowan está desaparecida y no podemos permitirnos ignorar nada que pueda ayudarnos a encontrarla.

—Es comprensible que estés preocupada y tienes razón. Lo más importante es encontrar a Rowan. En cuanto den las once llamaré a la policía, lo prometo.

Con esa tranquilidad, terminó la llamada.

Sonó el timbre y dejó entrar al repartidor que traía sus compras. Al menos podría desayunar decentemente antes de tener que reportar la desaparición de Rowan.

El olor del café recién hecho la hizo sentir un poco mejor. Mientras se comía un segundo cruasán, ensayaba lo que le diría a Luke sobre Rowan y su entrevista con Philip Marshall.

Podía ver en su móvil que él había intentado llamarla varias veces y había dejado un mensaje en el contestador de su teléfono fijo diciendo que había pasado por casa de sus padres y que Flora se estaba adaptando bien, pero que aún no había logrado contactar con Thea.

Ella no lo había llamado de vuelta.

Cuando dieron las once, se obligó a levantar el teléfono, llamar a la comisaría y pedir por él.

—Eden, he estado intentando llamarte.

—¿Ah, sí? —respondió con indiferencia.

—Gracias por la otra noche, por ayudarme.

—¿Qué otra cosa podía hacer? Flora es mi sobrina.

—Y tus padres han sido estupendos.

—Bien… eso está bien.

—¿Estás bien? Suenas un poco… decaída.

—Luke, no te llamaba por Flora. Es Rowan, ha desaparecido.

—¿Quieres decir que se ha saltado la fianza?

—Sinceramente, no lo sé. El juicio probablemente será dentro de varios meses, y si vas a huir no lo haces en medio de toda esta publicidad. Estoy preocupada. No se lo he dicho a su familia, pero me da miedo que haya otra persona involucrada.

—Quédate donde estás, voy para allá.