CAPÍTULO 3 — El cable de Bruselas #2
El Mercado Alternativo de Renta Fija, gestionado por Bolsas y Mercados Españoles en Madrid, era una plataforma especializada diseñada originalmente para que las pequeñas y medianas empresas industriales pudieran emitir títulos de deuda comercial —pagarés de empresa y bonos corporativos a corto y medio plazo— con menores costes regulatorios y mayor agilidad que en el mercado oficial de deuda de la Comisión Nacional del Mercado de Valores.
Para el entramado productivo de la Corporación Mondragón y sus cooperativas auxiliares de la división de automoción, el MARF había representado durante los últimos cinco años una vía eficaz para financiar la modernización tecnológica de sus instalaciones, la adquisición de robots de mecanizado y la transición hacia moldes de fundición de aluminio y fundición nodular de alta resistencia, sorteando la rigidez crediticia del sistema bancario tradicional.
Pero lo que Dumont acababa de extraer de los registros de custodia y compensación no era una operativa ordinaria de mercado secundario. Era una maniobra de depredación a gran escala ejecutada con la frialdad de un algoritmo militar.
—Mira esto, Mathieu —indicó Dumont, señalando con el cursor una serie de bloques de negociación fuera de mercado identificados con el código de compensación internacional ISIN ES0505412089—.
Durante los últimos cuatro meses, Fagor Ederlan y tres de sus cooperativas filiales de estampación y mecanizado de precisión en Arrasate, Bergara y Oñati habían emitido cuatro programas de pagarés comerciales a plazos de entre seis y doce meses, por un importe nominal agregado de ciento ochenta y dos millones de euros.
Los pagarés devengaban un cupón fijo del cuatro coma dos por ciento y estaban colocados inicialmente entre fondos de pensiones regionales, cooperativas de crédito locales como Laboral Kutxa y aseguradoras institucionales.
—Hasta ahí la operativa es impecable —apuntó Mathieu, inclinándose sobre el teclado—. Emisiones regulares para financiar circulante y materias primas. ¿Dónde se produce la anomalía?
Dumont amplió la gráfica de profundidad de mercado y el histórico de transacciones bilaterales extrabursátiles.
—La anomalía empezó a finales de agosto, justo después de que comenzaran a filtrarse los primeros rumores sobre problemas de control de calidad y rechazos de lotes en las entregas de manguetas de dirección para las fábricas de BMW en Baviera y de Volkswagen en Navarra.
De pronto, un intermediario financiero de Ginebra, operando a través de una cuenta ómnibus en el Banque Cantonale de Genève, comenzó a contactar de forma agresiva con los tenedores institucionales de los pagarés vascos, advirtiéndoles de que Fagor Ederlan se enfrentaba a demandas millonarias por vicios ocultos y que la cooperativa no tendría capacidad de refinanciación al vencimiento.
Les ofrecieron una salida inmediata: comprarles los pagarés en bloque en el mercado secundario.
Mathieu apretó la mandíbula.
—¿A qué precio?
—Con un descuento salvaje del sesenta por ciento sobre el valor nominal —respondió Dumont, haciendo clic sobre una tabla de liquidación—.
Pagaron apenas cuarenta céntimos por cada euro de deuda.
Los fondos institucionales, temiendo una repetición de lo que ocurrió con la quiebra de Fagor Electrodomésticos en 2013, aceptaron la quita para sanear sus balances antes del cierre del tercer trimestre.
Y adivina quién estaba al otro lado de la mesa de compensación como comprador final de los títulos.
La pantalla parpadeó y mostró la titularidad de las cuentas receptoras en Euroclear. Mathieu reconoció de inmediato las denominaciones mercantiles: la cuenta de custodia LU-8834-ATALANTE y la sociedad patrimonial Vandamme Metals S.A.
—Compraron ciento ochenta millones de deuda viva pagando poco más de setenta millones de euros —murmuró Mathieu, mientras los engranajes de la conspiración terminaban de acoplarse en su cabeza—.
Y los cuarenta y cinco millones que Sorokin transfirió el viernes desde Dubái a través de Horizon Trust eran el último tramo de liquidez que Deschamps necesitaba para cerrar la compra del paquete final de pagarés que vencen la semana que viene.
Los talleres mecánicos de Oñati y las plantas de estampación de Bergara estaban asfixiados por los sobrecostes energéticos de la fundición; les hicieron creer que vendían deuda problemática para salvar los talleres auxiliares, y en realidad les estaban entregando las llaves del cadalso.
—Es aún más perverso, Mathieu —añadió el analista, abriendo el documento en formato PDF del folleto de emisión registrado en el MARF—.
He analizado las cláusulas de subordinación y prelación de créditos.
Todos los pagarés emitidos por Fagor Ederlan y sus cooperativas auxiliares del Alto Deba incorporan una cláusula estándar de sindicación anglosajona que los letrados de Madrid introdujeron en 2022: una cláusula de vencimiento anticipado cruzado, el clásico cross-default .
Mathieu se incorporó de golpe, apartándose de la pantalla. El café en su taza tembló ligeramente.
—Explícame los términos exactos de esa cláusula, Marc.
—Si cualquiera de las entidades emisoras del grupo cooperativo incumple el pago de un solo vencimiento de pagarés o intereses por un importe superior a cinco millones de euros en la fecha fijada, la totalidad de la deuda sindicada de todas las cooperativas participantes vence de forma automática e inmediata.
Y el primer vencimiento crítico, Mathieu...
el primer pagaré de veintiocho millones de euros emitido por Fagor Ederlan para la adquisición de suministros siderúrgicos, vence exactamente dentro de cinco días hábiles.
El próximo martes a las doce del mediodía.
El silencio que siguió a las palabras del analista pesó como una losa en la sala de pantallas. Mathieu miró el calendario digital de la pared: martes veinticuatro de noviembre.
El mecanismo de la trampa financiera era de una precisión matemática y despiadada:
En primer lugar, la red de Sorokin y Deschamps había introducido partidas de chatarra secundaria adulterada con fósforo en las tolvas de fundición de Eskoriatza, saboteando la resistencia estructural del metal para inducir fallos de fatiga mecánica en las piezas de automoción.
En segundo lugar, con el rumor de la crisis industrial envenenando el mercado, Atalante Capital había recomprado en el MARF más del sesenta y cinco por ciento de los pagarés de la cooperativa a precio de derribo, utilizando el dinero opaco canalizado desde Dubái.
En tercer lugar, habían asesinado a Xabier Beloki en el horno de inducción número tres a las dos de la madrugada, saboteando los autómatas de seguridad de la planta para forzar el precinto judicial de la nave de fusión y paralizar por completo la producción de componentes de dirección.
Y en cuarto lugar, con la fábrica precintada por la Ertzaintza y los contratos internacionales de suministro cancelados por los fabricantes alemanes, Fagor Ederlan no dispondría de los veintiocho millones de euros de caja para liquidar el vencimiento de los pagarés el próximo martes.
En cuanto se produjera el impago en la cámara de compensación de Euroclear, la cláusula de cross-default saltaría como un resorte automático: los ciento ochenta millones de deuda sindicada vencerían al instante, arrastrando a la insolvencia inmediata no solo a Fagor Ederlan, sino a la totalidad de los talleres auxiliares del Alto Deba que habían firmado como avalistas solidarios de la emisión.
—No buscan cobrar la rentabilidad de los bonos —dijo Mathieu, y su voz sonó tan fría como el granito de la Rue Joseph II—. Saben perfectamente que la cooperativa no puede pagar ciento ochenta millones de golpe. Lo que buscan es el concurso de acreedores necesario.
Dumont asintió con gravedad, ajustándose las gafas sobre la nariz.
—Bajo el texto refundido de la Ley Concursal española, un acreedor que ostente más del cincuenta por ciento de la deuda vencida y no satisfecha puede solicitar la declaración de concurso necesario ante el juzgado de lo mercantil de Donostia.
En el momento en que el juez admite la solicitud, los órganos de gobierno de la cooperativa quedan intervenidos y las facultades de administración del Consejo Rector quedan suspendidas y transferidas a un administrador concursal designado por el tribunal.
—Y la soberanía asamblearia deja de existir —completó Mathieu, apretando los puños dentro de los bolsillos de su chaqueta—.
El principio de «un socio, un voto» consagrado en la Ley Vasca de Cooperativas queda subordinado al derecho de quiebra mercantil ordinario.
El administrador concursal no responde ante los trabajadores ni ante los principios de Arizmendiarrieta; responde ante la masa pasiva de acreedores.
Y para satisfacer la deuda de ciento ochenta millones que ostenta Atalante Capital , el juez de lo mercantil sacará a subasta pública los activos tangibles e intangibles de la sociedad: las prensas, los centros de mecanizado, la planta de Eskoriatza...
y la patente internacional de wolframio que Beloki custodiaba en Bergara.
Mathieu se dio media vuelta y caminó con paso decidido hacia la salida de la sala de análisis.
—Marc, imprime tres copias completas de la traza de Euroclear, el folleto del MARF y los registros de las transferencias de Dubái. Certifícalas digitalmente con el sello de fe pública de la OLAF.
—¿Adónde vas, Mathieu?
Mathieu se detuvo en el umbral de la puerta blindada.
—A la séptima planta. Voy a ver a Bernard Marchand. Y esta vez no voy a pedirle permiso para abrir un expediente; voy a exigirle que firme la orden de intervención antes de que nos cierren la frontera.
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