Capítulo Treinta y Tres
Adam
No puedo creer mi suerte. Los últimos minutos no podrían haber salido mejor, ni aunque los hubiera orquestado yo mismo. La visita sorpresa de mi madre resulta ser una bendición disfrazada. Con su poder de persuasión y el mío, puede que consigamos convencer a Evie de que se quede.
Al observar la expresión de Evie, percibo su determinación y quizás un toque de escepticismo. Tengo que ir con pies de plomo.
—Adam, ¿por qué está aquí tu madre? —pregunta Evie con un deje de incertidumbre.
Me paso una mano por el pelo, intentando parecer sereno.
—Con mi madre, nunca se sabe, pero supongo que es exactamente lo que ha dicho. Quieren asegurarse de que eres real. O de que Ronna es real. Me apuesto algo a que Steph la ha convencido. Por cierto, lo has hecho muy bien.
—Gracias —responde Evie, y niega con la cabeza—. Seguramente porque apenas he abierto la boca.
Su tono se suaviza.
—Por mucho que me gustaría cumplir mi palabra, tengo que volver a casa y salvar mi puesto. Dile a tu madre lo que necesites, que yo te seguiré el juego, ¿vale?
Se vuelve hacia la puerta, con la mano en el aire sobre el pomo.
—¿Y si mejoro la oferta? —suelto de golpe.
La mano de Evie se queda paralizada. Me mira y se cruza de brazos con un suspiro. Tiene la frustración pintada en la cara.
Sé que solo tengo una oportunidad, y no pienso desaprovecharla.