La farsa del amor (Club de los cincuenta fabulosos nº 1) Capítulo veintiocho
41%

Capítulo veintiocho

Adam

Despierto con la mente aún enredada en los restos de un sueño vívido. Imágenes de Evie danzan por mi subconsciente, dejando una marca indeleble que se aferra a mis pensamientos. Me froto los ojos y el leve sonido de chapoteos me saca de mi aturdimiento.

Quizás sea otra vez el perro del vecino, ese collie que siempre se las apaña para colarse en mi jardín.

Con cuidado de no despertar a Evie, avanzo sigilosamente por el pasillo y me detengo frente a la puerta cerrada de la habitación de invitados. El impulso de verla es abrumador.

Desde que vi a Evie en Yosemite Sam's, no puedo quitármela de la cabeza. Es tremendamente femenina, con un alma bondadosa. Y además, atlética, divertida y singularmente cautivadora: el tipo de mujer con la que siempre me he imaginado.

Conocerla estos últimos días ha sido un placer, pero no soy tonto. Tiene una vida en Nueva York, hijos adultos y una carrera.

El silencio en su habitación me indica que sigue profundamente dormida.

Salgo al patio y me quedo paralizado. Evie flota plácidamente en la piscina, con los ojos cerrados. Bañada por la suave luz de la mañana, parece un ángel. En ropa interior de encaje rosa.

Me quedo sin palabras, incapaz de apartar la mirada. El corazón se me acelera. He estado soñando con ella, y ahora, aquí está, y me asombra su espíritu despreocupado.

Me acerco al borde de la piscina y observo sus brazos tonificados, sus largas piernas. Podría marcharme y ella nunca sabría que estuve aquí.

Pero ¿qué gracia tendría eso?

—Buenos días —digo en voz baja, para no asustarla.

Los ojos de Evie se abren de golpe, las mejillas sonrojadas, mientras cruza los brazos sobre el pecho. Al hacerlo, las piernas le descienden y empieza a patalear para mantenerse a flote.

—Lo siento, no pude resistirme —dice, recomponiéndose enseguida, con un toque de inocencia juguetona en la voz y quizás un desafío.

¿Está coqueteando conmigo?

Yo tampoco puedo resistirme y, en un movimiento rápido, me quito la camiseta y me lanzo a la piscina. El chapoteo se mezcla con su risa sorprendida.

Salgo a la superficie, el agua cayéndome a chorros por el pecho, y acorto la distancia entre nosotros.

Nuestras miradas se cruzan; la conexión crepita en el aire y enciende un fuego en lo más profundo de mí. A esta distancia, solo puedo concentrarme en sus labios húmedos y carnosos.

Mi autocontrol se evapora y alargo la mano hacia ella. Sus ojos se agrandan; su boca esboza una sonrisa deliciosa, invitadora.

Y entonces algo me golpea en la frente.

En un instante, gruesas gotas golpean la superficie del agua, seguidas de un trueno. Sobresaltada, Evie se aleja nadando hacia el borde de la piscina. El hechizo se ha roto.

La sigo, temblando más de emoción que de frío. Lo absurdo del momento me hace gracia y no puedo evitar reírme. Juntos, corremos hacia la casa, los dos empapados, dejando charcos sobre las tablas de madera.

Mientras Evie corre a la habitación de invitados, con su risa resonando tras ella, me doy cuenta de que algo poderoso y emocionante ha cambiado entre nosotros.

Tengo toda la intención de explorarlo.