La farmacia de noche Capítulo 6 #7
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Capítulo 6 #7

A Mun-seong se le hizo un nudo en la garganta.

Acababa de ver cómo se llevaban a Ran-i, herida y cubierta de sangre.

Recordó su voz alegre, aquella forma despreocupada de hablar.

«Ajeossi, parece que me he convertido en una agente 007.

» Mun-seong apretó los puños. Bo-ho no parecía dispuesta a ceder.

—Además, ¿no les resultará raro que de pronto cambie la farmacéutica? Esos tipos no son idiotas.

—Aun así, no puedo permitir que un civil se convierta en rehén. No me obligue a repetir el mismo error.

—Entonces sálvela esta vez. Aunque sea esta vez, inténtelo.

—¿Esta vez quiere ser usted la rehén?

—Si con eso consigo despertar de esta pesadilla, no hay nada que no esté dispuesta a hacer.

—¡¿Por qué tiene que llegar hasta ese extremo?! ¡Estamos hablando de una organización criminal!

—¿Cree que no lo sé? ¡Ese maldito iba drogado! ¡El mismo que mató a mi hermana!

Un silencio pesado cayó sobre la farmacia. Fue Mun-seong quien terminó rompiéndolo.

—No me diga… ¿lo sabía y estaba esperando? Después de lo de Da-in, ¿sabía que los miembros de la organización vendrían a la farmacia?

—Que el hombre que mató a mi hermana pertenecía a una organización de narcotráfico era algo que todo el mundo sabía.

Y, solo porque ella murió en el mismo lugar que él, hubo quienes llegaron a decir que Ja-yeon no había salido a comprar ropa vintage, sino droga, a primera hora de la mañana.

Ella no tenía nada que ver con eso. Era una víctima.

Pero la gente habla sin saber absolutamente nada.

El asesinato de una rehén delante de la propia policía había conmocionado al país.

La identidad del agresor no tardó en salir a la luz: pertenecía a una red de tráfico de drogas y, en el momento del crimen, acababa de consumir una nueva sustancia sintética.

Según los expertos, el efecto había sido tan intenso que la realidad se le habría distorsionado hasta convertirse en algo parecido al escenario de un videojuego.

Incluso hubo quienes llegaron a especular que Ja-yeon había salido aquella noche a comprarle droga.

Pero el culpable ya estaba muerto, y nadie pudo descubrir la verdadera razón por la que Ja-yeon había acabado entre sus manos.

Nadie sabría nunca si todo había comenzado, sencillamente, con un gesto de bondad por parte de ella.

La justicia ni siquiera pudo castigar al asesino de Ja-yeon.

El caso terminó con una sentencia de «falta de competencia para enjuiciar» debido a la muerte del agresor.

Una persona había muerto, pero nadie asumió la responsabilidad de lo ocurrido.

Además, al pertenecer el agresor a una organización, la policía no contaba con pruebas suficientes para iniciar una investigación contra toda la red.

En definitiva, no quedaba nada más que investigar, y la verdad sobre lo ocurrido aquella noche permaneció sin esclarecer para siempre.

Cuando Bo-ho encontró en la mochila que Da-in le había entregado algo que parecía droga, pensó que quizá aquella organización había regresado al barrio H.

Por precaución, lo apartó en secreto y lo guardó.

Unos días después, Da-in resultó herido y Mun-seong irrumpió en la farmacia, confirmándole que la organización había vuelto al barrio.

Lo único que lamentaba era no haber previsto que Da-in pudiera acabar pagando las consecuencias.

Sí, aunque ya no pudiera salvar a su hermana muerta, pensó que al menos debía descubrir quiénes eran los miembros de aquella organización.

Por eso había esperado. Había esperado a que acudieran a recuperar aquello que tanto ansiaban y que, desesperados por encontrarlo, seguía oculto dentro de la farmacia.

—¿Y qué piensa conseguir usted sola?

—Esta vez tendrá que atraparlos usted. Con las manos en la masa. Desde aquel día no he vuelto a dormir bien. ¡Hasta ahora nadie ha respondido por lo que ocurrió aquella noche! ¡Soy la única que sigue recordándolo!

—… No puedo dejar algo así en sus manos.

—Tengo que hacerlo yo. Si han venido hasta aquí, será porque sospechan que la farmacia tiene algo que ver.

Bo-ho esbozó una leve sonrisa. En ese instante, Mun-seong comprendió que no conseguiría hacerla cambiar de opinión.

Aquella muchacha había decidido llegar hasta el final.

La misma niña que, doce años atrás, había llorado ante él hasta quedarse sin voz, como si el alma se le estuviera desgarrando por dentro, sonreía ahora por primera vez.

Como si, por fin, hubiera llegado el momento que llevaba tanto tiempo esperando.

—… El día D será probablemente mañana de madrugada.

Según nuestra investigación, el barco en el que planean sacar la mercancía del país zarpa mañana a las cinco.

Por culpa de lo que tiene en su poder, han tenido que aplazarlo varias veces, así que mañana será su última oportunidad.

Vendrán a recuperarlo antes de que llegue la hora.

Bo-ho asintió con determinación. Después empujó a Mun-seong y a Hwan-gyeong hacia la salida.

—Váyanse. Ya está amaneciendo. Es hora de cerrar la farmacia.