La familia que el mafioso viudo rechazó (Cartel de los García n°2) Capítulo 36
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Capítulo 36

Ha sido maravilloso pasar todo el día con los niños y con Jade.

La piscina de espuma fue la mejor idea que he tenido, igual que la cama elástica, la piscina gigante de bolas y el futuro parque que tendremos en la parte trasera de la casa, que estaba tan vacía...

Todo está tan perfecto que hasta da miedo pensar que pueda derrumbarse, o quizá solo sea mi mente intentando recordarme a Geórgia, la tragedia que fue.

Parecía que todo estaba bien, fui a una reunión con un socio estadounidense y, cuando llegué a casa, la encontré ahorcada en la habitación...

Niego con la cabeza para que esa imagen no vuelva y lo arruine todo.

En lugar de eso, otra cosa ocupa mi mente y me doy cuenta de que estoy golpeando el volante al ritmo de «Pão de queijo».

Sí, Jade tenía razón, esa cosa no se te va de la cabeza.

Pero tiene que salir, porque acabo de llegar a mi destino.

Aparco el coche y bajo, encontrándome a mi hermano pequeño, Marcelo, justo delante de la casa de nuestros padres.

—¿Qué bicho te ha picado? —pregunta antes incluso de que pueda abrir la boca para saludarlo.

—¿De qué hablas?

—Has salido del coche sonriendo y sigues mirándome con una sonrisa. ¿Estás fumando marihuana? —susurra—. Papá la odia, por si no lo recuerdas. Pedro se metió en eso una vez y ya sabes la bronca que se llevó.

Me río de su teoría.

—¡Definitivamente estás fumando! Nunca te reirías tanto...

—Estoy enamorado.

Marcelo se queda paralizado, ni siquiera pestañea.

—Y tengo un hijo.

Ahora abre los ojos como platos.

—Es un milagro que los cotillas de Lya y Pedro no hayan difundido la historia.

—Espera, ¿esos dos lo saben y yo no?

—No te ofendas, es que Lya más o menos ayudó con todo esto y Pedro lo sabe por Mariana. Es Jade, la amiga...

—¿Has dejado embarazada a la amiga de Mariana?

—No, estoy con la amiga de Mariana y fue Geórgia la que se quedó embarazada...

—¿No se había suicidado?

—Joder, ¡qué difícil es explicar esta historia!

—Hasta la semana pasada estabas amargado como siempre y ahora, de repente, sales con la amiga de Mariana y resulta que una muerta estaba embarazada.

—Será mejor que te lo explique con detalle...

—He llamado «muerta» a Geórgia y ni siquiera me has dado una colleja. Los milagros existen de verdad.

—¿Quieres escuchar o no?

—Claro que quiero escuchar. Tengo que contarle la historia a Andreza.

Menuda panda de cotillas.

Aprovecho que la reunión todavía no ha empezado y le cuento todo lo que ocurrió con Geórgia y Gui, además de lo de Jade y Nico, que están en mi casa, aunque no le cuento que ella intentó ser stripper.

—Entonces, ¿Geórgia tuvo miedo y por eso dejó a Guillermo atrás? —Asiento—. ¿Y si recibió alguna amenaza externa y por eso entró en pánico?

—He pensado en tantas cosas desde que conocí esta información... En aquella época teníamos los enemigos de siempre y, si lo pensamos bien, solo amenazaron a Geórgia, ¿a nadie más?

—Sí, eso también es verdad. —Asiente con la cabeza—. Ella estaba bastante enferma; debió de cortocircuitarle la cabeza cuando entendió lo que había hecho.

—Y tengo que volver a hacerlo. Quiero encontrar al ex de Jade y darle una lección. Ya he pedido que lo busquen; en cuanto lo encuentren, al menos me aseguraré de que no vuelva a caminar.

—Siempre haciéndote el héroe de las mujeres. —Se ríe—. Me alegro de que estés siguiendo adelante. Pon una fecha para que pueda conocer a mi sobrino, a tu mujer y a tu hijastro.

—Uno de estos días. Al parecer estamos en paz y volvemos a tener un poco de libertad, a nuestra manera, para ir y venir.

—Sobre lo que pedisteis Cassio y tú, la frontera está bajo una vigilancia más discreta y de momento no hay nada.

Aunque solo llevamos unos días. En la reunión se hablará de eso.

¿Seguiremos diciendo que estamos de acuerdo con ellos?

¿Que no estamos pagando por nuestra cuenta para mantener la vigilancia como antes?

—Será mejor que no. Conocemos a nuestro padre y a su hermano; los dos odian gastar dinero en suposiciones —respondo—. Ya han gastado mucho en dieciocho meses. Aunque sea nuestro dinero, dirán que somos miedosos, no prudentes.

—No entiendo cómo pueden subestimar tanto a la Calle Doce como para reducir la vigilancia en una frontera que sabemos que la gente de allí sabe cruzar de un lado a otro.

—La cuestión es que Anthony y Jorge siguen pensando que la Calle Doce no es un gran problema, pero no me trago la facilidad con la que entraron aquí.

Hay un financiador importante en este país, quizá incluso en nuestra ciudad, pero gastar dinero en esas búsquedas, cuando podríamos invertir en expansión, les parece una estupidez.

Será mejor investigarlo a nuestra manera y, cuando descubramos la verdad, restregarles por la cara que nosotros lo conseguimos.

Otro coche se acerca. Cuando el conductor baja, vemos a Jorge, el hermano mayor de nuestro padre. Viene prácticamente desfilando, con esa forma siempre arrogante de caminar, como si fuera el dueño del mundo.

—¿La reunión va a celebrarse aquí fuera?

—pregunta sin siquiera saludar, desprendiendo ya el tono irónico de siempre.

Yo era así, pero solo intentaba esconder mis pensamientos sobre Geórgia; Jorge es así porque siempre ha sido el más egocéntrico de los García—.

¿O es una reunión de hermanos? Aunque falta uno, Pedro sigue de luna de miel.

—Aprovechando la paz después de un año y medio —respondo.

—Un problema que él mismo provocó cuando trajo a esa mujer a nuestro lado.

—Ha pasado un año y medio y ¿todavía no has entendido que la Calle Doce ya estaba en nuestro territorio y que Mariana y su familia no tuvieron nada que ver? ¿Cuándo vas a dejar esa manía?

—¿«Manía»? Gracias a aquel enfrentamiento que tú y tus hermanos organizasteis, con el visto bueno de Cassio, llevamos dieciocho meses agazapados, esperando un conflicto que, claramente, no va a ocurrir. ¿Quién coño es la Calle Doce al lado de nosotros, los García?

—Todavía no has superado que perdiste el territorio frente a Pedro, ¿verdad? —sonrío—. Y que Cassio tenía razón en su juicio sobre Mariana. Te equivocaste en todo y además perdiste el territorio frente a Pedro, precisamente el descerebrado de la familia. Eso es lo que te irrita.

—Lo que me irrita es saber que mis negocios están en manos de hombres que no sirven para una puta mierda.

Uno que hace todo lo que le manda el coño, al que llama esposa, y otro que hasta hoy sigue llorando por una mujer que se suicidó, cuando estaba más que claro que iba a matarse en cualquier momento.

—Si no fuera por todos nosotros, Jorge, ¿qué serías tú?

Porque lo único que sabes hacer es presumir y engañar a tu mujer.

En las reuniones solo sabes seguir lo que diga tu hermanito e ir en contra de lo que pensamos mis hermanos, Cassio y yo.

¿Quién eres tú exactamente, Jorge? El hijo mayor que ni siquiera tuvo capacidad para liderar los negocios, porque mi abuelo confió en Anthony, no en ti.

—No olvides que para mandar en toda esta mierda necesitarás mi aprobación.

Lo que digo es lo que veo. Sois demasiado emocionales, demasiado movidos por esa mierda de la familia, el amor y yo qué sé qué más.

Pedro podría haberlo jodido todo al quedarse con Mariana y tú, Júlio, podrías haberlo jodido todo por culpa de una enferma.

Y tú, Marcelo... —mira a mi hermano—. Solo haces lo que te mandan tus hermanos.

Ahora podemos entrar, la reunión está a punto de empezar.

La reunión acaba de empezar y el primer tema es precisamente la interrupción del pago para vigilar la frontera.

—Sigo pensando que es demasiado precipitado, pero ya que habéis votado a favor... —Cassio se encoge de hombros—. Tendremos que cumplirlo.

—Gastábamos muchísimo cada mes para prevenir una posible entrada de gente del otro país —vuelve a hablar mi padre—. No hemos vuelto a oír nada de ellos por aquí...

—Pero tampoco oíamos nada cuando ya estaban aquí —empiezo a hablar y todos me miran—.

Es un hecho que entraron y empezaron a fabricar drogas justo debajo de nuestras narices.

Podéis odiar la idea de que Mariana forme parte de la familia, pero fue gracias a ella como nos enteramos de todo y cortamos el problema de raíz.

—Pero eso solo ocurrió porque la Calle Veintitrés, principal rival de la Doce, quería asociarse con nosotros.

Pensaban que darnos respuestas haría que les vendiéramos mercancía a precio de saldo; y mira que el saldo está caro, porque querían algo todavía más barato —añade mi padre—.

Sigo sin tragarme eso de que la Veintitrés fuera tan servicial mientras estaba aquí, pero bastó con que volvieran al otro lado para que no supieran una puta mierda.

—Usted dijo que no los ayudaría al otro lado, lo dejó claro. —Casi me río—. ¿Y ahora quiere que nos den información? ¿Qué sentido tiene?

—Ellos nos necesitaron, no podemos bajar la guardia y hacernos los amiguitos —dice Jorge—. La Calle Veintitrés es la que está jodida, no los García. Si fueran tan buenos y estuvieran tan preocupados por Mariana, nos darían información, ¿no crees?

—¿Estás intentando decir que la Calle Veintitrés también intentó jugar con nosotros? —pregunta Marcelo.

—¿Tanto tiempo para encontrar a Mariana y van a encontrarla justo cuando empieza con Pedro?

—mi padre deja caer la discordia en el aire—.

¿No les ofrecimos una asociación y desaparecieron?

¿Dónde está ese amor por el pueblo? Porque la historia que cuentan es que la Calle Veintitrés surgió para liberar al país de las garras de los carniceros de la Calle Doce.

¡Son todos de la misma calaña! Así que se maten entre ellos al otro lado; nosotros tenemos mucho que hacer aquí.

—Si tenemos dos bandas como posibles enemigas, ¿por qué estamos evaluando gastos? —pregunta Cassio—. No tiene sentido.

—Lo que no tiene sentido es preocuparnos por una pandillita que estaba en una fábrica con, ¿qué?, ¿diez hombres armados? —Jorge cruza los brazos—. ¿Por esa banda estamos desembolsando incontables dólares al mes? ¿Sabes cuánto cuesta pagar a los guardias de frontera cada mes?

—Pronto tendremos la respuesta a eso...

—¿Sabes cuál sería el método de prevención, ya que te preocupa tanto?

Que tu hija pequeña dejara de ir de «soy diferente a vosotros» y estuviera aquí.

Bastó con que Natasha no respondiera durante veinticuatro horas para que ya estuvierais reuniendo hombres para ir a buscarla a otro estado.

Si todos viviéramos como las personas importantes que somos, no tendríamos tanto miedo.

—No voy a obligar a Natasha a vivir algo que no quiere.

—Entonces esa preocupación seguirá siendo real, con o sin la Calle Doce —continúa mi padre—.

Mariana no tendrá una vida normal, Natasha no tendrá una vida normal, ¡y Andreza ha empeorado!

Ninguna de ellas puede andar por ahí libremente creyendo que la vida es un camino de rosas.

Tened cuidado y buena parte de nuestros problemas estarán resueltos.

Y ahora basta de hablar de la Calle Doce.

Llevamos un año y medio con esto, ya va siendo hora de pasar página.

Hablemos de las redadas que están haciendo en los clubes.

El pago tendrá que aumentar si queremos que todo el esquema de prostitución y tráfico siga funcionando.

Centrémonos en lo que da dinero, no en lo que nos hace perderlo.

La reunión por fin termina y puedo contarle a mi padre la novedad de mi vida.

—Ya sé, has venido a pedirme que no cambie de idea sobre la frontera. —Ni siquiera me deja abrir la boca—. Todo porque crees que estamos en peligro. Estás pasando demasiado tiempo con Pedro, tu hermano, que se volvió paranoico por culpa de Mariana.

—Pensaba que ya la habías aceptado.

—Acepto que ella no tiene la culpa y acepto que es el amor de la vida de tu hermano.

Incluso tengo que agradecérselo, gracias a ella Pedro está más centrado en los negocios.

Pero ¿decir que me gusta su historia dentro de la familia?

—Niega con la cabeza—. Además, no confío en la Calle Veintitrés y sabes perfectamente que ellos tienen relación.

—¿Desde cuándo existe esa sospecha?

—Desde siempre.

—¿Y por qué no me lo contaste, si yo voy a liderar todo esto?

—Tenías la cabeza siempre hecha un lío...

—Hecha un lío para hablarme de matrimonios por interés. —Levanto un dedo—. Para los negocios, no.

—Bueno, casarse por interés forma parte de los negocios. Yo tenía planes para ti, pero no, tú fuiste detrás de una enferma y jodiste tu vida por completo.

—Con o sin Geórgia, mi plan nunca fue casarme con ninguna heredera...

—Mira, Júlio, de verdad ya es tarde y estoy cansado. No quiero escuchar tu sermón sobre que no crees en los matrimonios concertados, ¿vale? Entiendo lo de tu depresión, aunque sabes de sobra que para mí esa mierda son tonterías...

—¡No fue depresión!

—Culpa por creer que una enferma se mató por tu culpa, cuando tú siempre has matado sin pestañear. —Cruza los brazos—. Esa mujer te cambió la vida, para peor. Si te hubieras casado con alguna heredera que mereciera la pena, puedes estar seguro de que el divorcio habría salido más barato.

—Y si encuentro a una mujer que no sea heredera, ¿la vas a amenazar igual que hiciste con Mariana?

—Si se lo merece, sí.

No se le puede contar nada.

—Cuando la Calle Doce o la Veintitrés se instalen aquí, no digas que mis hermanos, Cassio y yo no te avisamos.

—Buenas noches, Júlio.

—Buenas noches, Anthony.