La falsa novia del CEO CAPÍTULO 26
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CAPÍTULO 26

La Verdad De Priya

—No —dijo Priya, apenas Claire abrió la boca—. Esta vez no.

Claire, que había estado a punto de soltar algo ligero sobre el estado de la cocina, sobre cualquier cosa que no fuera lo que las dos sabían que había que hablar, cerró la boca de golpe.

—Ni siquiera sabes lo que iba a decir.

—Sí lo sé. Ibas a decir algo gracioso sobre el desastre de harina en el mostrador, o sobre lo mal que me queda este delantal, y yo me iba a reír, y las dos íbamos a pasar la siguiente hora hablando de todo menos de la única cosa de la que tenemos que hablar.

—Priya se cruzó de brazos, apoyada contra la mesa de acero donde, unas horas antes, Claire había estado amasando pan con una furia silenciosa que no tenía nada que ver con el pan—. Llevas dos días haciendo eso. Se acabó.

La panadería estaba cerrada, las luces del frente apagadas, y solo quedaba encendida la lámpara sobre la mesa de trabajo, un círculo de luz cálida en medio de la cocina a oscuras.

Afuera, Meridian City seguía su ruido de siempre, indiferente, como si el mundo no hubiera cambiado nada en las últimas cuarenta y ocho horas, aunque para Claire había cambiado todo.

—No tengo ganas de hablar de esto, Priya.

—Lo sé. Por eso mismo tenemos que hacerlo.

Claire se dejó caer en uno de los taburetes altos junto a la mesa, de pronto exhausta de una manera que no tenía que ver con el trabajo del día. Se pasó las manos por la cara.

—¿Qué quieres que diga? Vio el comunicado. Todo el mundo lo vio. "Nathaniel Ashford confirma su asistencia al compromiso." No hay mucho más que analizar ahí, ¿no? Es bastante claro.

—¿Lo es?

—Sí.

—¿Hablaste con él?

Algo en la pregunta, en su llaneza, hizo que Claire se pusiera rígida.

—No necesitaba hablar con él. Ya me lo dijo con lo que hizo.

—Eso no es lo que pregunté. Pregunté si hablaste con él.

—Priya.

—Responde la pregunta, Claire.

Claire apretó los labios. El silencio se estiró entre ellas, incómodo, y por primera vez en mucho tiempo Priya no lo rompió con una broma ni con un gesto suave. Se quedó ahí, mirándola, esperando, con una paciencia que a Claire le pareció casi cruel.

—No —dijo finalmente Claire—. No hablé con él.

—¿Por qué no?

—Porque no había nada que hablar. Salió en las noticias antes de que él siquiera me llamara. ¿Qué se supone que tenía que hacer, esperar sentada a que se dignara a explicarme por qué decidió ir a comprometerse públicamente con otra mujer sin decirme una palabra?

—Sí llamó, Claire. Tienes tres llamadas perdidas suyas de esa noche. Y un mensaje pidiéndote que lo llamaras antes de ver las noticias.

Claire sintió que algo se le encogía en el pecho, un malestar que no quería nombrar todavía.

—Los vi. Después.

—¿Y lo llamaste?

—No.

—¿Por qué no?

—¡Porque ya sabía lo que iba a decir! —La voz de Claire salió más fuerte de lo que pretendía, rebotando contra el metal de la cocina vacía—.

Iba a decir que tenía sus razones, que era complicado, que necesitaba que confiara en él sin explicarme nada, otra vez, porque siempre es así con él.

Decide, y después espera que yo simplemente lo acepte.

—Eso es lo que crees que iba a decir.

—Es lo que siempre dice.

—No es lo mismo, y lo sabes.

Claire abrió la boca para protestar y no encontró nada que decir. Priya se acercó, despacio, y se sentó en el taburete de al lado, ya sin los brazos cruzados, con algo más blando en la expresión, aunque no menos firme.

—Claire. Te quiero. Lo sabes. Y justo porque te quiero, no te voy a dejar hacer esto otra vez sin decírtelo a la cara.

—¿Hacer qué?

—Esto. —Priya hizo un gesto que abarcó todo: la cocina a oscuras, los ojos hinchados de Claire, los dos días de silencio detrás del mostrador—.

Decidir que ya sabes cómo termina la historia antes de escuchar el final.

Te lo dije hace semanas, ¿te acuerdas? Te dije que hacías esto.

Con tu casera. Con el proveedor. Y te reíste, y lo dejaste pasar, porque en ese momento era más fácil que mirarlo de frente.

—Esto es distinto.

—¿Por qué es distinto?

—¡Porque esta vez tenía razón! —La voz de Claire se quebró en la última palabra, y odió el quiebre casi tanto como odió la verdad debajo de él—.

Se fue, Priya. Eligió el compromiso, eligió la seguridad de su empresa, eligió todo lo que yo siempre supe que iba a elegir en cuanto las cosas se pusieran realmente difíciles. Igual que Daniel. Exactamente igual.

—¿Sabes eso? —preguntó Priya, con una suavidad que no disminuía la dureza de la pregunta—. ¿O lo estás suponiendo?

—Es lo mismo.

—No, Claire. No es lo mismo. Y ese es exactamente el problema.

Claire se levantó del taburete, incapaz de quedarse quieta, y caminó hasta el otro extremo de la cocina, donde los hornos apagados formaban una fila de sombras metálicas.

—¿Qué quieres que haga? ¿Que le crea? ¿Que finja que no vi lo que vi?

—Quiero que escuches lo que realmente pasó antes de decidir que ya lo sabes. —Priya se puso de pie también, pero no se acercó; se quedó donde estaba, dándole a Claire el espacio para moverse sin dejar de sostener su mirada—. ¿Sabes por qué fue al evento?

—Porque quiso.

—¿Lo sabes, o lo supones?

—¡No importa por qué fue! Lo que importa es que fue, sin decirme nada, sin darme la oportunidad de saber lo que estaba pasando antes de que todo Meridian City lo viera en un titular.

—Eso es justo. Eso es exactamente justo, y tienes todo el derecho de estar furiosa por eso.

—Priya levantó una mano, no en rendición, sino pidiendo un momento—.

Pero furiosa porque no te contó lo que estaba pasando es distinto de furiosa porque asumes que ya sabes por qué lo hizo.

Lo primero es sobre él. Lo segundo es sobre ti.

—No hagas eso.

—¿Qué cosa?

—Convertir esto en algo sobre mí. Él es el que se fue a comprometerse con otra mujer, Priya. Él es el que decidió, sin consultarme, sin una sola palabra, hacer eso.

—Y tiene que responder por eso. No te estoy diciendo que no.

—Priya dio un paso hacia ella, esta vez sí, despacio, como quien se acerca a algo frágil—.

Pero también tiene que responder por eso frente a ti, Claire, no frente a la versión de él que ya construiste en tu cabeza antes de darle la oportunidad de hablar.

Porque eso es lo que hiciste. Construiste la historia completa, con el final incluido, y ni siquiera le diste la oportunidad de contarte el medio.

—¿Y si el medio es exactamente lo que ya imaginé?

—Entonces lo sabrás con certeza, en vez de con miedo. Y esas dos cosas se sienten parecido, pero no son lo mismo.

Claire se quedó de pie junto a los hornos apagados, los brazos cruzados sobre el pecho, sintiendo algo removerse dentro de ella que no quería nombrar todavía: no duda, exactamente, sino la primera grieta diminuta en la certeza que llevaba dos días sosteniendo como un escudo.

—Estás asumiendo que hay una buena razón —dijo, más baja—. Que hay algo que lo justifique.

—No estoy asumiendo nada. Ni siquiera yo sé por qué lo hizo, Claire.

Eso es exactamente lo que estoy diciendo.

—Priya se acercó lo suficiente para tomarle la mano, y esta vez Claire no se apartó—.

Ninguna de las dos lo sabe. Y eso debería asustarte más que cualquier historia que te hayas contado a ti misma, porque significa que decidiste cómo sentirte antes de tener la información completa.

Claire cerró los ojos un momento. Cuando volvió a abrirlos, algo en su expresión había cambiado, algo menos defensivo y más expuesto.

—¿Y si escucho la versión completa y es exactamente lo que temo? ¿Y si resulta que sí, que eligió la seguridad, que eligió la empresa, que eligió todo lo que un hombre como él siempre elige cuando las cosas se ponen difíciles?

—Entonces lo sabrás. Y podrás irte con la conciencia tranquila de haber escuchado antes de decidir.

—Priya le apretó la mano—. Pero ahora mismo no sabes eso, Claire.

Ahora mismo solo sabes que tienes miedo, y decidiste llamar a ese miedo "certeza" porque es más fácil que sentarte con la incertidumbre.

El silencio que siguió fue distinto de los anteriores. No tenso, exactamente, sino cargado de algo que Claire no lograba nombrar del todo: el peso incómodo de reconocer, aunque fuera solo un poco, que Priya podía tener razón.

—Se supone que tú estás de mi lado —dijo finalmente, sin verdadero reproche en la voz, más bien cansancio.

—Estoy de tu lado. Por eso te estoy diciendo esto y no lo que quieres escuchar.

—Priya la miró con una ternura que no suavizaba ni una palabra de lo dicho—.

Si estuviera de tu lado como tú quieres que esté, te diría que tienes toda la razón, que él es exactamente lo que temes, y te dejaría seguir construyendo esa historia sola, en esta cocina, dos días más.

Pero eso no es estar de tu lado, Claire.

Eso es dejarte hacerte daño para no tener que ver cómo te duele.

Claire sintió que algo en su pecho cedía, no del todo, no de golpe, pero sí lo suficiente para que las lágrimas que había estado conteniendo dos días le llegaran, por fin, a los ojos.

—No sé qué hacer con esto —dijo, con la voz quebrada—. No sé si quiero saber la verdad completa, porque una parte de mí prefiere quedarse con la versión donde tenía razón, donde no me equivoqué, donde no confié en alguien que no lo merecía.

—Lo sé.

—Y otra parte de mí... —Claire se detuvo, se obligó a terminar la frase, aunque cada palabra le costara más que la anterior— otra parte de mí tiene miedo de descubrir que sí lo merecía, y que me fui de todos modos.

Priya no dijo nada. Solo la abrazó, y por un momento Claire se permitió apoyarse en ella, sentir el peso de los últimos dos días aflojarse un poco, aunque nada estuviera resuelto todavía.

—¿Qué pasó realmente, Priya? —preguntó finalmente, la voz apenas un susurro contra el hombro de su amiga—. Porque tú siempre pareces saber más de lo que dices.

Sintió a Priya dudar un instante, un titubeo pequeño pero perceptible, antes de responder.

—Sé que hay algo más de lo que muestra el titular. Todavía estoy tratando de confirmarlo. —Se apartó lo suficiente para mirarla a los ojos—. Pero eso no te lo puedo dar yo, Claire. Eso solo te lo puede dar él, si se lo permites.

Claire se quedó en silencio, mirando la cocina a oscuras, los hornos fríos, el lugar donde había pasado dos días fingiendo que ya sabía todo lo que necesitaba saber.

—No sé por qué lo hizo —dijo al fin, y la admisión le salió como algo físico, como soltar un peso que llevaba cargando sin darse cuenta—. La verdad es que no lo sé. Solo sé lo que asumí que significaba.

Fue lo más cerca que había estado, en dos días, de decir la verdad completa. Y aunque no supiera todavía qué hacer con ella, sintió que algo, por primera vez desde el titular, empezaba a moverse dentro de ella otra vez.