Capítulo 22. La carpeta azul
El resguardo estaba oculto dentro de la funda del teléfono de Alba, bajo una lámina adhesiva. Los técnicos lo encontraron al desmontar el dispositivo para secarlo y confirmaron que ella había pagado el depósito.
Belda obtuvo autorización para abrir la taquilla. Dentro había copias de contratos, extractos de seis sociedades y una memoria azul. No encontraron dinero ni objetos personales.
Los documentos mostraban cómo Llevant Escènic recibía efectivo como supuestos ingresos de barras, patrocinios y venta de entradas.
Después pagaba facturas a proveedoras que devolvían parte del dinero mediante consultorías.
Una porción terminaba en cuentas controladas por Salvador Calatayud; otra financiaba gastos de Pórtico Nueve Consultores y de la Fundación Cendra Oberta.
La memoria contenía listados de contenedores. En la columna de contenido aparecían palabras inocuas: vestuario , paneles , luz , humo . Alba había añadido equivalencias tentativas. Vestuario parecía tabaco. Luz podía ser efectivo. No sabía qué significaban las otras.
Un archivo separado reunía transferencias a una sociedad llamada Métrica Once Gestión , propietaria de un apartamento frente al mar utilizado por Berta Vives. Llevant Escènic había pagado las cuotas de entrada como servicios de coordinación.
—Ya tenemos un motivo personal —dijo Rubén.
—Tenemos un beneficio oculto —corrigió Mara—. El motivo depende de que Alba fuera a revelarlo y Berta lo supiera.
Entre las copias había un correo impreso. Alba citaba a Berta en Nau Dotze a las nueve del dieciocho y le anunciaba que entregaría la carpeta a la fiscalía al día siguiente.
La respuesta decía una sola palabra.
Hablamos.