La falla que no ardió (Casos de Mara Cid 5) Capítulo 5. Cinco días
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Capítulo 5. Cinco días

Roser Belda los esperaba en dependencias policiales con una carpeta y dos acreditaciones temporales. Era una mujer de voz baja que no gastó tiempo en cortesías.

—La autopsia preliminar sitúa la muerte entre las nueve y las once de la noche del dieciocho —dijo—. Traumatismo craneal y estrangulación. El golpe pudo aturdirla; la causa principal fue la compresión con una cinta de amarre.

Sobre la mesa había fotografías del hueco, el bolso y el sellado. Alba había sido colocada en la falla entre el final de la tarde del dieciocho y la mañana del diecinueve, antes de cerrar los registros de la base.

Mara entregó el expediente de Giras Marejada. No presentó el doble fondo como prueba de contrabando, sino como una modificación no declarada de un vehículo vinculado a las mismas facturas.

—Hecho, inferencia y versión —dijo Belda, señalando tres columnas que había trazado en una pizarra—. Si mezclamos las tres, los abogados harán el resto.

Rubén dejó una copia de los precintos hallados en Huelva.

Belda añadió un dato. El teléfono de Alba conservaba borradores de mensajes a una tal Aina, pero ninguno mencionaba la falla. El historial de ubicación se interrumpía al entrar en Nau Dotze a las veinte cuarenta y seis del dieciocho.

—¿Qué es Nau Dotze? —preguntó Mara.

—Un almacén municipal cedido a empresas culturales. Llevant Escènic ocupa casi la mitad.

La falla había sido diseñada allí.

También se habían preparado allí los escenarios que viajaban a Huelva.