La esposa secreta del multimillonario Capítulo veinticinco
54%

Capítulo veinticinco

Intenté mantener la calma, pero era casi imposible. Jhonny notó que algo no iba bien, me hizo sentarme y me trajo un vaso de agua.

—¿Qué ha pasado, Maju? —preguntó, visiblemente preocupado.

Antes de que pudiera responder, Eleanor soltó:

—¿No estará embarazada, Jhonny?

Respiré hondo y respondí, intentando mantener la compostura:

—No estoy embarazada, Eleanor. Estoy bien. Seguramente ha sido solo una bajada de tensión. Jhonny, ¿puedo irme a casa?

Dudó, pero finalmente aceptó:

—Claro, te llevo.

—No, llamaré a Laila para que venga a recogerme. Tengo algunas cosas que resolver con ella. Y tú hace tiempo que no ves a tu hermana. Quedaos y poneos al día.

Cogí el teléfono y llamé a Laila. En menos de quince minutos, estaba en la entrada del edificio. En cuanto me subí al coche, no pude contenerme más y rompí a llorar.

—¿Qué te ha hecho Eleanor para dejarte así, Ju? —preguntó Laila sin apartar los ojos de la carretera.

—No ha hecho nada. Absolutamente nada. Me asusté cuando vi su anillo de compromiso. Creo que tuve una bajada de tensión, y luego ella sacó un tema que me aterró.

—Explícamelo despacio, Ju. No me estoy enterando de nada...

—Eleanor va a celebrar una cena de compromiso. Vino a invitarme en persona.

—No vas a ir, ¿verdad? Envenenará a todos...

—Cuando le enseñó el anillo a Jhonny, le agarré la mano. ¡Es un anillo idéntico al de mi madre!

Laila se quedó callada un momento y luego dijo:

—Vaya, qué coincidencia tan extraña.

Asentí, sintiendo cómo se me aceleraba el corazón.

—Hacía mucho tiempo que no revivía ese dolor. Pero entonces me mareé, pensé que era una bajada de tensión. Jhonny se preocupó, y Eleanor preguntó si estaba embarazada.

—Ningún anticonceptivo es cien por cien eficaz. ¿Te preocupaste?

Suspiré, intentando poner en orden mis pensamientos:

—Peor que eso. Mi receta caducó hace unos dos meses. Como mi periodo era regular y Jhonny y yo no nos veíamos, no me preocupé de renovarla.

Laila me miró incrédula.

—¿Has tenido relaciones sin ningún anticonceptivo?

—Sí. Pero aún no se podría saber si estoy embarazada, ¿no?

—No lo sé, Ju. Yo estudio derecho, no medicina. ¿Cuánto hace que volvisteis a tener relaciones?

—Diez días.

—No creo que puedas saberlo todavía. —Puso el intermitente y aparcó delante de una farmacia—. Voy a solucionar esto ahora mismo.

Cuando volvimos al apartamento, me dijo que el dependiente le había explicado que solo se podía tener certeza después de catorce días, pero había comprado cinco pruebas para que me hiciera una al día hasta el decimocuarto. Fui directa al baño e hice la primera. Negativa.

—Sabes que podría ser un falso negativo, ¿verdad? —me advirtió Laila.

—Lo sé. Pero tengo otros cuatro días para aferrarme a la esperanza.

Cuando me calmé un poco, Laila me preguntó:

—Pero no fue solo ese estrés lo que te dejó así. ¿Hablamos de tus padres?

Suspiré, sintiendo cómo se me volvía a hacer un nudo en la garganta.

—Laila, ese anillo era idéntico al de mi madre. Llevo días intentando reunir el valor para abrir la caja del tesoro de mi padre y no lo he conseguido. Estoy segura de que el anillo de mi madre no estaba en su caja.

—Entonces es hora de que te enfrentes a esos fantasmas, Ju.

—Nunca había pensado en ese anillo hasta hoy. Pero crecí viéndolo en el dedo de mi madre. Cuando no combinaba con las joyas que llevaba, lo ponía en el muñeco de nieve de adorno. Lo más extraño es que papá diseñó el anillo para mi madre. Es un diseño exclusivo.

Bajamos las cajas juntas. Mientras Laila revisaba la caja de mi madre, yo abrí la mía y releí su carta para reunir el valor de abrir la de mi padre.

—¿Sabes qué es lo que nunca entendí? —dijo Laila, mirando la carta con los ojos llorosos—. ¿Por qué tu madre no le contó a tu padre lo de su herencia?

—Quizá ya sospechaba del tío Thomas.

De repente, Laila gritó:

—¡Maju!

—¿Qué pasa, mujer? ¿Estás loca?

—¿Y si Thomas robó el anillo de tu madre? Tenía la llave de la casa y sabía lo importante que era ese anillo para ella.

Mi mente empezó a dispararse hacia posibilidades aún peores.

—¿Y si no vendió el anillo? ¿Y si ese es el anillo de mi madre y él es el prometido de Eleanor?

Laila frunció el ceño.

—Eleanor no se casaría con un hombre que podría ser su padre.

—Pero sí se aliaría con uno para hundirme...

Llamamos a la secretaria de la empresa y confirmamos que una mujer llevaba meses viviendo en su casa. Todo encajaba ahora. Eleanor y Thomas estaban juntos, y tenían el anillo de mi madre.

Hablamos con Douglas, le advertimos sobre Eleanor y le pedimos que cuidara de Sheila.

Con tantas cosas en la cabeza, una vez más postergué lo de abrir la caja de mi padre…