Capítulo 73
En algún lugar de Europa
Siempre supe que tenía hermanos.
Nunca me sentí vinculado a ellos, no tenemos nada en común excepto la sangre. Fuera de eso, vivimos en realidades diferentes. Ellos son los héroes, los buenos. Yo, el villano.
Nunca tuve la oportunidad de conocer a mi padre. Cuando descubrí quién era, ya estaba muerto.
Lo desprecié cuando supe su nombre. Y sigo sintiéndome igual ahora.
Traiciona, roba, mata, pero no finjas ser alguien que no eres. Asume quién eres.
Mi padre era un mentiroso. Engañaba a su esposa y se hacía pasar por un santo, un hombre de familia, con una reputación impecable, cuando, en realidad, abandonó a mi madre a su suerte cuando supo que estaba embarazada.
Tal vez incluso haya más hijos dispersos por el mundo.
—Ahhhhhhhhh... —Escucho gritar al desgraciado con el que llevo casi veinticuatro horas y me paso una mano por la frente, intentando decidir si me quedaré un rato más divirtiéndome con él o pondré fin a su miserable vida.
No soy del tipo que hace favores. Nunca me sentí vinculado a ninguno de los Yavuz Aydin, aun sabiendo que somos hermanos, pero tengo una conexión extraña con el menor de ellos, Zehab.
¿Tal vez porque tenemos la misma edad? Es posible.
El hecho es que, aunque ignoro la vida de todos los demás, siempre le presté especial atención.
Lo vigilaba desde lejos, manteniendo un ojo sobre sus mierdas.
Hasta hace poco, aunque le gustaba follar por todo el mundo, mi hermano no hizo nada que pudiera requerir mi ayuda. Y entonces cometió el error de enamorarse y, con ese puto sentimiento, llegó todo lo que lo acompaña.
Drama, celos, envidia, codicia.
Enemigos.
¿Cómo puede un CEO tener enemigos? ¿No se supone que están hechos para andar del lado correcto de la ley?
Zehab los tiene y, en este momento, hay alguien obsesionado que no parece dispuesto a desistir.
Easton Prescott estaba siguiendo de cerca a mi hermano y a su esposa.
Regresaron a Turquía hace algunos días y, como siempre, ordené a mis hombres que lo vigilaran. Así fue como encontraron a Easton acechando su casa.
Con una búsqueda superficial, descubrí quién era. Un expiloto de la aerolínea de Zehab.
Busqué su nombre en Internet. Vi que lo buscan Interpol y el FBI, pero jamás le pondrán las manos encima porque ese hijo de puta no saldrá de territorio turco.
—Su tío lo está esperando, jefe. —Escucho decir a uno de mis hombres.
—Me reuniré con él en media hora.
Veo cómo se abre de par en par el único ojo que le queda a mi prisionero.
—Sí, exactamente. Llegó el momento de despedirnos —le aviso—. Drogaste a una mujer embarazada. Normalmente, eso no me afectaría, pero, para tu mala suerte, era la esposa de mi hermano.
Le clavo el cuchillo a la altura del intestino, lo retuerzo y él ruge de dolor.
—No tuviste tiempo de hacer nada más que fotografiarla en ropa interior —le digo, recordando lo que me contó en cuanto empecé a torturarlo. En poco tiempo conmigo, me confesó todo—. Pero, basándonos en lo que le hiciste a tu hijastra, sabemos que lo habrías hecho si hubieras tenido tiempo, ¿verdad?
—¿Hermano? —grita—. ¿Cómo puede ser tu hermano? —Parece genuinamente asombrado, aunque esa debería ser la menor de sus preocupaciones. Incluso si yo no acabara con él, moriría pronto porque la sangre le escurre abundantemente de la boca.
—¿No es la vida una caja de sorpresas? Zehab es mi hermano. Bueno, tengo una reunión dentro de poco, como debes haber oído. Terminemos con esto.
—No, por favor...
—¿Sabes quién soy? —Me acerco ahora, sosteniendo un cuchillo en cada mano.
—Un asesino.
—Sí, eso también. Pero no tengo alma, según decía mi propia madre. Suplicar no tiene ningún efecto sobre mí.
—Yo no...
Le clavo ambos cuchillos al mismo tiempo a la altura de los pulmones y le abro las entrañas hasta la cintura.
—Hablas demasiado. Deberías haber usado menos tu maldita boca y más tu puto cerebro. Venir a Turquía detrás de Zehab fue tu último error.
Horas después, envío el primer mensaje a uno de mis hermanos desde que descubrí quiénes eran.
Quiero que Zehab sepa que ya no tiene nada de qué preocuparse en lo que respecta a Easton Prescott.
El teléfono será desechado enseguida. Nunca descubrirá quién soy ni quién envió el mensaje.
Sostengo el pasaporte verdadero de Easton Prescott, no los otros cinco falsificados que llevaba consigo. Lo mojé con la sangre de ese hijo de puta, exactamente debajo de su foto.
Reviso la imagen. En ella se ven perfectamente el rostro y el nombre del expiloto.
Adjunto la foto y escribo: “No necesitas agradecérmelo”.
Se lo envío a mi hermano.
Mi misión con respecto a él terminó. Nuestros caminos jamás volverán a cruzarse.
Zehab
Horas después
—¿Zehab? ¿Pasó algo? Llegaré a Turquía para la fiesta de boda dentro de unas horas —dice Odin al atender.
—Alguien me envió un mensaje anónimo. En él... —Hago una pausa—. ¿Podemos hablar con seguridad?
—Si estás usando el nuevo teléfono que te proporcioné, sí.
—Lo estoy. En el mensaje había una foto ensangrentada del pasaporte de Easton Prescott y una sola frase: “No necesitas agradecérmelo”.
—Alguien lo mató por ti o en tu nombre. Ahora falta saber quién fue y por qué.
Algo en su tono me hace desconfiar.
—¿Por qué tengo la sensación de que sabes más de lo que me estás contando?
—Porque sospecho quién pudo haber sido.
—¿Quién?
—Tienes un hermano desconocido.
—¿Qué? ¿De dónde es?
—También es turco, pero digamos que no anda del lado correcto de la ley.
—¿Un criminal?
—Un poco más que eso. Por lo que sé, forma parte de la mafia turca.
No lo creería si me lo estuviera contando cualquier otra persona que no fuera Odin.
—¿Y cómo lo descubriste?
—Yo soy quien sabe lo que nadie más conoce, Zehab.
—¿Tienes su nombre? ¿Podrías conseguir más información?
—Sí, pero ¿estás seguro de que eso es lo que quieres? Es un criminal, Zehab.
—Descubre todo lo que puedas sobre él.
—Podré conseguir información, pero, en cuanto a encontrarlo, solo ocurrirá si Tarkan Zehirci quiere que ocurra. Ese hombre es como un fantasma.
—Hablaré con mis hermanos al respecto. Dejaré para más adelante la decisión de si quiero conocerlo o no. Gracias, Odin.
—Siempre a tu disposición, amigo.
Horas después, no necesito decir demasiado para tener la certeza de que todos mis hermanos sabían que nuestro padre engañaba a mamá.
Sin embargo, se sorprenden cuando menciono a un hermano.
—¿Es información segura? —pregunta Cenk.
—Cien por ciento. Fue Odin quien me la dio.
Les revelo quién cree Odin que es Tarkan Zehirci y, en el mismo instante, veo un cambio en las expresiones de los cuatro.
—No lo queremos en la familia —dice Qasim—. No forma parte de nuestro mundo.
—Pues ahora forma parte del mío. Mató en mi nombre.