Capítulo 50
Sus lágrimas no me conmueven. No fui forjado para sentir lástima.
Y que no esté llorando no significa que no esté sangrando por dentro.
Charlie no es solo mi amor. Es mi única mujer. La mujer que elegí para adorar durante el resto de mis días.
La amo y la odio. Quiero hacer que su dolor desaparezca y, al mismo tiempo, aumentarlo, porque quizá así sienta una milésima parte de lo que me está destruyendo de dentro hacia fuera.
Sí, deseo que sufra tanto como estoy sufriendo yo; que sepa que no voy a perdonarla y que el sabor amargo de la traición me corroe por dentro, porque destruyó lo que teníamos.
Por dentro soy un caos, no importa cuánto control mantenga por fuera.
Las imágenes de nosotros dos, de cómo me enamoré irremediablemente de ella a primera vista, se mezclan en mi cerebro con las de ella semidesnuda en la cama con ese hijo de puta.
“Te amo”.
¿Cuántas veces me lo dijo?
Nunca se lo devolví porque la palabra amor ni siquiera se acercaba a expresar toda la locura que siento.
—¿Qué quisiste decir con “por ahora”? —pregunta, sorbiéndose la nariz.
No consigo mirarla porque su dolor también es el mío. ¿Cómo pude equivocarme tanto con respecto a alguien?
—En cuanto consiga llegar hasta ese chantajista y resolver este asunto, presentaré la demanda de divorcio.
—¿Divorcio? ¡Zehab, nos amamos!
No, yo te amo, Charlie. Tú nos destruiste a los dos.
—Basta. No hagas esto todavía más difícil de lo que ya es. Solo responde mi pregunta. ¿Hay más imágenes como esa?
—Ni siquiera estas deberían existir.
La miro de arriba abajo, sintiendo que mi ira sale a la superficie.
Claro que no deberían existir. Ella no contaba con que su amante intentara sacar provecho a sus expensas.
—¿Estás segura de que no hay ninguna más?
—Zehab, no me trates como a una extraña. Tú me conoces. Sabes quién soy aquí dentro. —Apoya una mano sobre su corazón.
—Ahórranos más vergüenza a los dos. No supliques, Charlie. Se acabó. Nuestro matrimonio fue un error, un acto impulsivo.
“Porque solo había amor y respeto de un lado”, completo mentalmente.
Charlie
Algo dentro de mí se rompe después de lo que dice.
El frío que siento ahora no proviene de sus palabras, es mío. Viene directamente de mi corazón roto.
Dentro de mi cabeza, recuerdo aquel día en Las Vegas. Cómo juré ser suya para siempre.
“Un error”, dijo. “Un acto impulsivo”.
Levanto tanto el mentón que me duele el cuello por el esfuerzo que hago para no derrumbarme frente a él.
Le devuelvo el celular, teniendo cuidado de no rozar sus dedos.
—Yo no me casé contigo por impulso. Te amo y siempre te amaré, aunque en este momento también te odie.
Mi orgullo me está diciendo que salga por esa puerta y que nunca vuelva a permitir que pongas tus ojos sobre mí, pero, en nombre de lo que siento, que es verdadero y eterno, voy a pedirte una vez más que no arrojes nuestra historia a la basura.
Estás herido, pero no tomes una decisión definitiva ahora. Vete y date algunos días para pensar.
Mis lágrimas caen con más fuerza porque estoy actuando en contra de mi propia naturaleza, pero no quiero perderlo por culpa de una mentira que fabricaron.
Él no se mueve. Solo me mira sin ninguna emoción, como lo ha hecho desde el momento en que desperté, así que continúo:
—Esto fue una trampa. Salí con ese hombre, pero la relación terminó mucho antes de que nosotros empezáramos a salir. Y también hay una azafata que me odia y…
Me detengo, avergonzada, porque el amor jamás debería suplicar.
Él no me cree.
Lo único que consigo ver en su rostro es desprecio.
—Algún día descubrirás la verdad. Verás que soy una víctima en esta historia, pero será demasiado tarde. No creo que consiga perdonarte.
Me arde la garganta por el esfuerzo que hago para contener el llanto. No quiero humillarme más de lo que ya lo hice, pero todavía conservo una pequeña esperanza, que se destruye rápidamente cuando comienza a caminar hacia la puerta.
—Ya no tenemos nada más de qué hablar. Solo intenta mantenerte discreta hasta el divorcio. Resolveré el asunto con el chantajista para evitar que esas fotografías tuyas semidesnuda terminen en los titulares de los periódicos.
Me tiemblan las rodillas, pero me mantengo firme, con la cabeza en alto.
—¿Las fotografías? ¿Entonces también crees que soy yo la mujer del video?
—Fue lo primero que me enviaron. Al principio no lo creí, pero, claro, eso fue antes de ver las fotografías y de encontrarte borracha en esta habitación. Sin embargo, no creo que publiquen el video. No conseguirían nada de mí si lo hicieran.
Estoy profundamente herida, pero no permitiré que lo note.
—El chantajista, como tú lo llamaste, creo que, en realidad, no es uno, sino que son dos. No mereces que te haga ningún favor, pero aun así te daré sus nombres: Hayana Hall y Easton Prescott. Son empleados tuyos.
No deja de caminar y abre la puerta.
—Te amo, Zehab, y nunca pensé que algún día me daría placer verte sufrir, pero, cuando descubras que soy inocente, me gustará pensar que tu corazón está sangrando exactamente como el mío ahora.
Tienes razón, nuestro matrimonio fue un error, y me gustaría borrar de mi vida el día en que nuestros caminos se cruzaron.
Sale y cierra la puerta de golpe detrás de él.
Voy al baño a lavarme el rostro y recojo todas mis pertenencias, arrojándolas de cualquier manera dentro de la maleta.
No importa cuántas veces me seque los ojos, el llanto continúa, incontrolable.
Sé que este momento representa un final en varios aspectos de mi vida.
No puedo continuar en Aureum Airlines.
Ni tampoco en Londres.
Si pudiera, me mudaría de planeta.
Sin embargo, esto ya no se trata solo de mí, sino de este bebé que llevo dentro, cuyo padre quizá ni siquiera crea que es suyo.
Tengo que volver a casa. No a Denver, porque ya entregué el apartamento que alquilaba allí.
A mi hogar, a mis raíces.
Buffalo.
Mi tierra.
El lugar donde yo existía antes que él. Antes de que robara mi corazón y lo rompiera.
Quizá allí pueda recoger mis pedazos y cuidar de mi hijo hasta que sea capaz de decirle a su padre que existe.