La Esposa Rechazada por ele Magnate (Multimillonarios Turcos nº 5) Capítulo 26
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Capítulo 26

La boca de Charlie es mi perdición. Su sabor se ha convertido en una especie de dependencia química.

Es toda dulzura, pura miel, pero también es fuego, deliciosamente sensual.

Sujetándola por la cintura, intento abrir los botones de su blusa con los dientes y con una mano, y ella me ayuda. Sin embargo, solo consigue sacar uno del ojal, así que únicamente puedo besar el valle entre sus senos.

Ahora la sujeto por el trasero, hundiendo los dedos en la carne desnuda, y supongo que lleva unas bragas de hilo dental.

Vuelvo a atacar su boca mientras mis dedos buscan el calor entre sus piernas y apartan las bragas hacia un lado.

Me besa con voracidad, como si necesitara mi boca para vivir. Cuando rozo muy suavemente su vello húmedo, Charlie desvía los labios y me muerde el cuello con fuerza.

—Quiero dejar huella en ti. Me haces sentir cosas que me dejan completamente fuera de mí. Soy una buena chica.

—No te comportes bien conmigo, Tatlım[11].

Sus dientes vuelven a morderme la piel, pero, cuando apenas rozo su clítoris con un dedo, echa la cabeza hacia atrás y gime con fuerza.

La imagen más jodidamente hermosa del mundo.

—Arrodíllate sobre el asiento. Quiero hacer que te corras —ordeno.

Obedece, pero soy demasiado grandote y enseguida comprendo que no hay manera de que eso funcione.

—¿Estamos solos? —pregunto.

—Sí. Nadie viene a este lago y…

Ya no la estoy escuchando. Me quito el cinturón de seguridad y salgo de la camioneta con ella en brazos.

La recuesto sobre el capó y le bajo las bragas por las piernas antes de guardármelas en el bolsillo.

Retrocedo un paso para contemplarla por completo, porque Charlie, con la falda a la altura de la cintura, la blusa medio abierta, las botas y esa pequeña vulva desnuda para mí, es una provocación irresistible.

—Estoy obsesionado con probar tu sabor, Kalbim[12].

No dice nada y no consigo verle bien el rostro, pero su silencio me resulta extraño.

Me acerco.

—¿Charlie?

—Te deseo, pero júrame que no soy solo una aventura pasajera, Zehab. No me gusta pensar que me ves como alguien desechable.

—No hago promesas que no tengo intención de cumplir, Charlie.

Así que lo que puedo decirte es que, cuando vine a buscarte, eso era lo que pensaba: que sí, eras un desafío que se me estaba metiendo bajo la piel y me impedía pensar.

Pero no necesitaba quedarme. Podría haber tomado lo que quería y haberme marchado.

—No necesito promesas. Solo quiero más de ti.

No añade nada más. Audaz, apoya los pies sobre el capó y separa las piernas, y mi autocontrol desaparece.

Charlie se estremece cuando levanto sus muslos sobre mis hombros y entierro mi cara en su vulva mojada.

Está muy caliente y su sabor es todavía más delicioso de lo que imaginé, pero también es una princesa y no voy a follármela encima de una camioneta.

—Quiero saborear cada parte de tu cuerpo. Voy a hacer que te corras y después te llevaré a tu casa. Pasaré toda la noche dentro de ti.

Siento su humedad deslizarse por mi mentón y, cuando levanto la cabeza para mirarla, Charlie me observa mientras le doy placer.

—Vas a correrte para mí, a llenar mi boca y después vendrás conmigo, ¿entendido? Te quiero completamente desnuda y no será aquí. Tu cuerpo es únicamente para mis ojos. Nadie más toca esto aparte de mí —gruño, apoyando mi palma sobre su vulva antes de volver a devorarla.

En este momento no queda ni una gota de racionalidad en mí. Me siento posesivo con ella. Sería capaz de matar si alguien intentara apartarla de mí.

Tomo todo lo que puedo, devorándola con un hambre incontrolable.

Charlie es muy sensible. Se corre solo con la estimulación del clítoris, y lamo cada gota de su orgasmo porque esa mujer me vuelve loco.

Gime mi nombre y casi levanta el cuerpo del capó para buscar mi rostro cuando no me detengo, ni siquiera después de que alcanza el clímax.

Es necesidad y deseo mezclados en su forma más cruda.

Mi hambre no está ni cerca de disminuir, a pesar de lo que le dije hace poco, así que no le doy descanso y vuelvo a devorarla.

La respiración de Charlie se vuelve más corta y sus talones me atraen hacia ella cuando introduzco el dedo medio en su vagina. Sin embargo, cuando intento tocarla más profundamente, escucho un gemido de dolor que hace que me detenga de inmediato.

—¿Charlie?

Me doy cuenta de que se cubre los ojos con uno de los brazos.

—Creo que este es un buen momento para decirte que nunca hice esto antes. Tuve novios, pero jamás llegué hasta el final porque nunca sentí una conexión con alguien que me hiciera desear…

Deja el resto de la frase en el aire, pero la comprendo, aunque mi cerebro todavía intenta encajar todas las piezas.

Durante varios segundos, me limito a observarla. Semidesnuda, sobre el capó, con una apariencia completamente vulnerable.

Pero enseguida reacciono. La atraigo hacia mí y la tomo entre mis brazos. Regreso a la camioneta y esta vez me siento en el asiento del conductor, con ella sobre mi regazo.

Desplazo el asiento completamente hacia atrás para que estemos más cómodos y le sujeto el rostro.

—¿Por qué no me dijiste que eras virgen?

—¿Quieres que sea sincera?

—Habla.

—No pensé en eso hasta que…

—¿Te hice daño?

—Solo cuando intentaste…

Enciendo la luz del interior de la camioneta porque necesito mirarla mientras tenemos esta conversación.

—Perdóname. Nunca imaginé que fueras virgen.

Ella reacciona mal.

—No es un delito.

—No dije que lo fuera. Solo me sorprendió.

—No tengo por qué ir anunciando mis decisiones. No considero la virginidad un arma ni una virtud, pero me conozco y sé que me sentiría horrible si tuviera relaciones sexuales solo porque todo el mundo lo hace. —Intenta bajarse de mi regazo—. Será mejor que regresemos a casa.