La Esposa Rechazada por ele Magnate (Multimillonarios Turcos nº 5)
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Prólogo
Buffalo - Wyoming
A los once años
Me despierto con los gritos de mis padres discutiendo y, por el movimiento de la litera que está encima de mí, sé que mi hermana del medio también se despertó.
Nuestra habitación es pequeña y no hay otra manera de hacer que quepan dos camas que no sea colocar una encima de la otra. La única de las tres que tiene una habitación para ella sola es nuestra hermana mayor, Andrya.
Su habitación está al fondo de la casa, un poco alejada de la de nuestros padres, pero, aun así, estoy segura de que puede oír sus voces alteradas.
De hecho, quizá toda la ciudad los esté escuchando.
—¿Deberíamos ir? —pregunto todavía en la oscuridad, porque sé que Daylin, mi hermana del medio, está tan atenta como yo.
—¿Para qué, Charlie? Sabes que, si vamos, ella va a mentir, dirá que no es para tanto y que debemos volver a dormir.
Boca arriba, cierro los ojos e intento conciliar el sueño otra vez, pero no lo consigo.
Llevan muchísimo tiempo gritando. De hecho, parece que las peleas de mis padres son cada vez peores. El otro día vi que Daylin escondió los cuchillos poco antes de que llegara nuestro padre. Me asusté y, cuando le pregunté por qué lo había hecho, no me respondió; cambió de tema.
No sé cuánto tiempo pasa, pero oigo roncar a mi hermana. Ella logró dormirse; yo no.
Salgo de la habitación de puntillas de pie, procurando no hacer ruido, tanto para no despertar a mi hermana como para evitar que nuestros padres me oigan.
En el pasillo, me doy cuenta de que ya no están discutiendo, pero, cuando paso frente a la habitación de mis padres, la puerta está cerrada. Sé que eso significa que ella volvió a mandar a papá a dormir en el sofá.
Siempre hace lo mismo cuando discuten. Y sucede tantas veces que ni siquiera entiendo por qué él no prepara de una vez una pequeña maleta y la deja en la sala.
—¿Charlie? —Lo oigo llamarme en la oscuridad.
—Sí, soy yo.
Enciende la lámpara y se sienta. Estaba acostado en el sofá con los zapatos puestos, lo cual, si mi madre lo viera, sería motivo para otra pelea.
Aunque no creo que sus discusiones tengan que ver con los zapatos, sino con que ella dijo el otro día que él estaba “involucrado con personas peligrosas”.
¿Como monstruos? No tengo la menor idea.
Tampoco creo que discutan solamente por culpa de esas “personas peligrosas”, sino porque mi padre es el hombre más guapo del mundo y creo que mi madre siente celos de él.
El otro día la oí decir que, si volvía a engañarla, ya no le permitiría regresar a casa. Le pregunté a Daylin qué significa engañar a alguien, porque eso no tiene sentido. Uno no engaña a su familia. A veces puede decir alguna mentirita, pero eso se hace solo con los desconocidos.
Entonces, ella me explicó que sucede cuando un hombre está casado y besa a alguien que no sea una de sus hijas, su madre, su esposa o sus hermanas.
¿Pero para qué haría papá algo así si ya tiene un montón de personas a quienes besar? ¡A nosotras tres y a mamá!
—¿En qué estás pensando? —pregunta, y solo entonces me doy cuenta de que tengo la cabeza en las nubes, como mi hermana Daylin dice que me pasa siempre.
—En cuando sea grande y pueda ir a vivir al cielo. No a vivir, sino a ser azafata, ¿verdad? Porque, para vivir en el cielo, uno tiene que estar muerto, y yo no quiero morir. Quiero viajar y conocer el mundo, como en las historias que me cuentas.
Nunca hemos salido de Wyoming ni de nuestra ciudad, salvo para visitar algunas ciudades cercanas, como Gray Forks[1]. Fuera de eso, no sé qué existe lejos de aquí. Sin embargo, mi padre ha viajado por todo el mundo porque es jugador profesional de póker.
Jugar al póker consiste en sentarse a una mesa con otros hombres, sostener unas cartas en la mano e intentar adivinar qué están pensando. Mi padre es muy bueno haciéndolo y dice que, de sus tres hijas, soy la única que heredó ese don para leer a las personas.
Lo cierto es que papá ha viajado por muchos lugares del planeta, incluso por Europa. Me dijo que París es hermosa y que también hay muchos otros países que “tengo que conocer”.
Me contó que existe un lugar llamado Turquía, donde la gente toma café con el grano molido dentro de la taza. No sé si eso me gustará, pero tengo muchas ganas de conocerlo, porque papá también me contó que allí se puede viajar en globo.
Suspiro al pensar que realmente necesitaré ese empleo si quiero conocer el mundo entero.
No éramos tan pobres, pero, desde hace algún tiempo, el dinero ya no alcanza para nada, según dice mi madre. Por eso, solamente podré viajar si lo hago gratis como azafata, lo cual es como ser camarera en el cielo.
—Siéntate aquí. —Da unas palmaditas en el sofá, a su lado. Cuando le hago caso, toma mi mano y me besa el dorso—. Te despertaste porque oíste nuestra pelea, ¿verdad?
Asiento con la cabeza.
Él parece cansado y, en cuanto a mamá, apuesto a que estuvo llorando. Sus peleas siempre terminan así, pero mi padre nunca llora.
—¿Por qué discutieron, papá?
Coloca el dedo índice entre mis cejas.
—Eres demasiado pequeña para preocuparte por esas cosas. Si sigues frunciendo así el ceño, dentro de algunos años parecerás una pasa.
No quiero sonreírle porque mi hermana mayor dice que las mujeres debemos mantenernos unidas, así que debería ponerme de parte de mamá, pero también amo a mi padre.
Ser hija no es fácil.
—¿Tienes novia?
No sé por qué se lo pregunté, ya que no es asunto mío, pero su respuesta me toma por sorpresa:
—A veces los adultos hacen tonterías, Charlie.
—¿Los hombres adultos?
—Todos los adultos, hombres o mujeres. ¿No puedes descubrir la respuesta a tu pregunta mirándome a los ojos?
Me concentro e intento leer su expresión, tal como él me enseñó.
Creo que pasan varios minutos y no sucede nada. Sacudo la cabeza, molesta por no poder demostrarle a mi padre que tengo ese supuesto don que, según él, heredé.
—No puedo adivinarlo.
—Eres muy buena leyendo a las personas, Charlie. No se trata de adivinar, sino de saber prestar atención a los detalles. Sin embargo, tienes una debilidad. Me amas. Y, como me amas, no puedes leerme ni leer a ninguna de las personas de esta casa.
—No te entendí.
—Cuando mezclamos los sentimientos con la razón, todo se vuelve más confuso. —Me besa en la frente—. Tendré que viajar, Charlie. ¿Te portarás bien mientras esté fuera?
—¿Otra vez? ¡Si acabas de regresar de tu viaje hoy!
Me mira de una manera extraña.
—Sí, y esta vez tardaré un poco más, pero nunca olvides cuánto te amo.
Algunos meses después
Escuchar a escondidas está mal, pero no quiero que me vean. No quiero hablar con nadie ni oír a Andrya, Daylin y mi madre decir que mi padre “recibió lo que se merecía”.
Está muerto. El sheriff vino hoy a nuestra casa para comunicárnoslo.
Me siento en el suelo y me cubro los oídos, odiando que las paredes y la puerta, que parecen hechas de papel, no impidan que escuche a mi familia decir que fue lo mejor.
¿Mejor para quién?
No para mí. Él era un “mentiroso” o un “traidor”, como lo llamaba mi madre, pero era mi padre. Un padre al que yo amaba y que era bueno conmigo. Creo que, de ahora en adelante, tendré que ocultar ese amor para que mamá no se enfade conmigo.