La esposa del doctor
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PRÓLOGO
Todos recordaban a Emma Méndez de una manera distinta.
Algunos recordaban los rizos rubios, la ropa, las fiestas y la vida que mostraba a través de la pantalla de un teléfono. Otros recordaban a Emma Carter: la muchacha que había sido antes de casarse con un médico exitoso y adquirir un apellido que la gente reconocía.
Su esposo recordaba cosas que nadie más podía recordar.
El doctor Daniel Méndez sabía cómo se reía Emma cuando algo la divertía de verdad y cómo cambiaba su risa cuando quería poner fin a una conversación.
Sabía qué cosas dejaba desperdigadas sobre el mostrador del baño, qué la asustaba, qué la entusiasmaba y qué partes de sí misma ocultaba incluso a quienes la amaban.
También sabía que, antes que a él, había amado a otro hombre.
Eso importaba.
Pero no de la manera en que todos acabarían creyendo.
Después de la muerte de Emma, la gente intentó convertir su vida en una historia sencilla. Una esposa joven y hermosa. Un marido adinerado. Un antiguo novio. Celos, secretos y demasiadas personas observando desde las sombras.
Pero el asesinato tiene una forma particular de hacer que cada mentira parezca importante.
Algunas de las mentiras de Emma sí lo eran.
Otras pertenecían a otras personas.
Y una de ellas mantuvo libre a su asesino durante tres años.