La esencia del bambú Capítulo 37 #3
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Capítulo 37 #3

—¿Ya se te ha olvidado que interpuso una denuncia falsa contra mí?

Es una mala persona, que me ataca una y otra vez porque soy un estorbo para ella —chilla de forma acalorada—.

Nunca has querido reconocer que me odia y haría cualquier cosa para quitarme de en medio.

Mira, Jaime, voy a hacerte una pregunta porque me resulta muy sospechoso que la defiendas, incluso en esta situación, sin dudarlo siquiera después de lo que te he contado, y ya no aguanto más. Por favor, quiero que seas sincero.

—Tienes mi palabra de que así será. —Bufa tratando de ganar tiempo para serenarse.

—¿Te has acostado con ella? —pregunta tras un silencio prolongado— Contéstame, por favor.

—Sí —admite, pues no pensaba mentirle.

—Lo sabía —solloza llena de rabia—. Ahora todo cobra sentido. Por eso la defiendes. Me dais asco. No vuelvas a llamarme jamás.

—Sara, ¡espera, por favor! Escúchame.

—¿Que te escuche? Creo que ya no necesito oír nada más.

Una hora antes…

—Alfredo, ¿has visto a Silvia? —le pregunta cuando le ha abierto la puerta— lleva mi teléfono.

—Supongo que ha bajado al bar a tomarse una copa para celebrar que le he pedido el divorcio. Pero tu teléfono se lo ha dejado ahí. —Señala a la mesa.

—Anda, no me jodas, que no estoy para bromas —entra para recogerlo— Tengo ganas de meterme en mi habitación y no salir hasta el domingo por la noche, aunque primero necesito recuperar mi teléfono, y de paso, me vas contando ese chiste.

—Te hablo totalmente en serio. Era algo que tarde o temprano tenía que pasar —le confiesa en tono pausado.

—No me lo esperaba después de tantos años. Se os veía bien, ¿qué ha pasado?

—¿De verdad que nos veías bien? —bufa incrédulo—. Jaime, hay que estar ciego para no darse cuenta de que nuestro matrimonio nunca ha funcionado. Tú sabes mejor que nadie, que ella jamás ha estado enamorada de mí —le confiesa con desagrado—, siempre ha ido como una perra en celo detrás de ti.

—No digas tonterías, eso no es verdad —le suelta en tono airado.

—¿En serio me vas a hacer creer lo contrario?

Después de tantos años, me jode que me tomes por imbécil.

Sabes perfectamente que ella se casó conmigo porque la dejé embarazada.

Siempre sintió unos celos locos por Sandra, y ahora los vuelve a tener por Sara.

—Da un sorbo a su bebida— Desde la primera vez que vio cómo la mirabas el día de tu cumpleaños, supo que ella no era como las demás mujeres con las que te has acostado.

—Yo nunca he hecho nada para darle falsas esperanzas.

—Algo sí hiciste. —Jaime lo mira con un gesto que lo dice todo—.

Aunque siendo justo debo reconocer que fue en un momento en el que estabas roto de dolor por la muerte de Sandra, y ella supo muy bien aprovechar la ocasión.

No tengo ninguna duda de que te acostaste con ella una sola vez —aprieta el vaso, a pesar de hablar en tono tranquilo—, y eso hizo que todavía se volviera más loca por ti.

—Siempre lo has sabido. —No era una pregunta—.

Aquello fue el error más grande de mi vida.

Es cierto que solo fue una vez, y te juro que es algo que lamentaré siempre.

No voy a tratar de justificarme como has hecho tú.

Estar destrozado por la muerte de mi mujer no me justifica de ningún modo haberme acostado con la tuya.

—Después de aquello, preferí fingir que no sabía lo que hicisteis, hasta que descubrí que te gustaba Sara más de la cuenta, y empecé a soltarle a Silvia migas de pan para que fuera detrás de vosotros como lo que es…

una perra. Era gratificante contarle de pasada dónde y con quién ibas a estar, y ver como ella rápidamente buscaba una excusa para presentarse a aguaros la fiesta.

—Sonríe con amargura—. Pero eso ya no va a ocurrir más.

A partir de ahora voy a dejarte tranquilo porque me he enamorado de una mujer excepcional, que además de curar a mi padre del cáncer, me ha hecho comprender, que lo mejor para empezar una nueva vida junto a ella, es pasar página sin rencor.

A mi hijo ya le he hablado de María y me ha deseado suerte, y eso me ha dejado el camino despejado para ir a presentársela muy pronto.

—¿Qué tienes pensado? —pregunta Jaime muy sorprendido.

—Quiero romper con mi matrimonio y también con la sociedad que tenemos cuanto antes.

Me voy a vivir a Mallorca y no quiero que nada ni nadie me ate a vosotros.

Pronto tendremos una reunión los tres, para dejarlo todo firmado y cerrado.

—Da un hondo suspiro—. Espero que no pongáis ninguna traba al respecto.

—Te aseguro que llegaremos a un trato justo en el que los tres estemos de acuerdo. Ya sé que no te va a servir de nada, pero te pido perdón por haberte traicionado —le dice muy sincero.

—No te preocupes, ya lo he superado —hace un gesto con la mano—. Silvia se va a poner muy contenta, ahora que por fin va a tener vía libre. Está convencida de que va a conseguir separarte de Sara para quedarse contigo —añade sonriendo de medio lado.

—Pues se va a quedar con las ganas, puesto que eso no va a suceder jamás.