La Elite Epílogo
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Epílogo

Un año después.

Stef

Fue difícil. Nos mudábamos de una ciudad a otra con la esperanza de que eso nos ayudara a recuperar el equilibrio interior que habíamos perdido. Cambiábamos de hoteles, de pisos, de casas. Intentábamos hacer amigos y nos decepcionábamos de la gente. Seguíamos adelante.

A veces, el peso de la vida adulta resultaba tan aplastante que se convertía en una prueba para Nick y para mí. Nuestra relación, construida sobre prohibiciones, pasión y peligro, resultó ser demasiado frágil y no siempre resistía la presión de las circunstancias.

Discutíamos mucho. Muchísimo. Nos separábamos durante una o dos semanas y luego nos añorábamos con un dolor casi animal.

Aprendimos a perdonar y a soltar. Aprendimos a ser sinceros. Aprendimos a respetar las opiniones y las emociones del otro. Fue difícil, pero, con el tiempo, todo eso empezó a dar sus frutos.

El tío Sasha desapareció. No sé dónde está ni qué fue de él. Quiero creer que está bien.

Eva también pagó el precio de su bondad. La despidieron cuando descubrieron que me había ayudado a escapar.

Nuestras familias, tanto la de Nick como la mía, por supuesto, no se volvieron más cercanas, pero aun así llegaron a cierto entendimiento.

Al menos dejaron de buscarnos y de intentar devolvernos a casa por la fuerza.

Mi padre sigue vivo, el señor Solyar también, y eso ya es un gran logro, teniendo en cuenta sus planes anteriores.

Soy feliz con Nick. A pesar de su carácter detestable y de otras «virtudes», sigue siendo mi mejor elección.

Lo que nos espera es un misterio. Pero no tengo miedo. Estamos juntos. Después de todo lo que hemos vivido, seguimos juntos. Estamos curtidos y confiamos el uno en el otro.

Nick

Las circunstancias me convirtieron en un hombre.

Gracias a ellas, aprendí a establecer prioridades.

Crecí, cambié. Encontré un buen trabajo, terminé mis estudios mientras trabajaba y ahora planeo hacerle a mi amada una propuesta de divorcio, por absurdo que suene.

Stef nunca se tomó en serio nuestro matrimonio, y eso me tiene harto. Nos divorciaremos.

Y luego volveremos a casarnos. Quiero que lleve mi apellido, que sea mía. Quiero que luzca un anillo de bodas en el dedo. Que todo el mundo sepa que hay alguien dispuesto a protegerla.

Sí, nos cuesta. Pero ¿a quién no le cuesta hoy en día? La vida es una lucha: por el dinero, por el amor, por la libertad. Estoy dispuesto a luchar. Tengo un incentivo: mi chica.