CAPÍTULO 26 KASDEYA #2
Abro la boca para decirle que no funciona así, pero no tengo tiempo. Me rodea la cintura con el brazo y me aprieta con fuerza contra su costado. Caminamos con pasos torpes e incluso baja la cabeza para fingir que me susurra algo al oído. Nos detenemos y escucho con atención.
—Vaya, me preguntaba cuándo vería al nuevo pasearse por aquí.
Pasha deja salir una carcajada grave.
—Bueno, todos somos hombres, al fin y al cabo.
Clava sus dedos con más fuerza en mi cintura, como si pudiera sentir mis ganas de protestar.
—Asegúrate de lavarte bien, no sabes lo que una de estas puede pegarte.
Las palabras de ese hombre no hacen más que verter ácido en mis venas. Me retuerzo bajo el agarre de Pasha, a punto de escupirle en la cara al guardia, sin embargo, su agarre es demasiado fuerte como para escapar.
—No te preocupes —responde.
Pasamos por su lado y mantengo la cabeza baja mientras caminamos con pasos acelerados.
Puedo sentir la ira irradiando en oleadas del cuerpo de Pasha.
No obstante, guarda silencio, supongo que no es tan imbécil como para no comprender el motivo de mi enfado.
Me ayuda a montar en el caballo y no duda en colocarse detrás.
Mantengo mis manos lejos de él. Pasha no para en ningún momento, y mis muslos protestan debido a lo poco acostumbrados que están a esto.
—Tenemos que ser rápidos si queremos volver antes de que se haga de día y noten tu ausencia —dice como si hubiese leído mis pensamientos.
Sé que tiene razón, aunque mi cuerpo proteste. Decido entablar conversación para que el tiempo pase más rápido, o esa es la excusa que me pongo a mí misma. La verdad es que necesito saber más de él. Del par de hermanos es el más misterioso y el que parece tener algo en contra de mí.
—¿Cómo sabes lo que le ocurrió a la madre de Bryn?
—Sobre eso… Siento mis palabras. No fueron acertadas.
—No, tienes razón. Fue culpa mía.
Guarda silencio durante un par de minutos y creo que ha dado por zanjada la conversación hasta que vuelve hablar:
—Astra es la única familia que me queda, por eso soy tan protector. No puedo evitar que toda esta situación me ponga nervioso. Soy más que consciente de los riesgos.
—No quiero ponerla en peligro, Pasha. Sé distinguir a una buena persona cuando la veo, y tu hermana lo es. No dejaré que nada de esto la perjudique.
Se queda en silencio, reflexivo.
—Entiendo lo que estás haciendo, incluso creo que puede ser una buena estrategia.
Si le dices a alguien que he dicho esto lo negaré.
Jugar a darle celos al rey con su hijo ha sido una buena idea.
Cuando un hombre lo tiene todo es muy difícil impresionarlo, sin embargo, es más que evidente la mala relación entre padre e hijo alimentada por los celos que el rey le tiene.
—Gracias, supongo.
—De nada.
—Lo que ha dicho ese hombre antes… ¿Es porque te está esperando alguien cuando regreses?
—¿Perdona?
—Ha dicho que no te había visto con ninguna… mujer de compañía.
—No, simplemente no encuentro divertido pagar a otra persona para obtener placer. Soy capaz de proporcionármelo por mi propia mano o conocer a gente que quiera pasárselo bien. ¿A qué se debe la pregunta?
—No lo sé. A lo mejor me parece raro confiar en una persona de la que no sé absolutamente nada.
—No hay nada que saber de mí. Soy un hombre simple.
Algunos dirían que bruto. No malgastes tu esfuerzo en intentar conocerme.
—Sus palabras vibran contra mi espalda—.
Además, una vez que todo esto acabe no volveremos a vernos.
No necesitas información sobre alguien que volverá a ser solo un extraño.
—Y yo que pensaba que estabas empezando a cogerme cariño… —bromeo.
—No eres tan encantadora como te crees.
No parece ir en serio. Da la conversación por finalizada y clava su atención en el camino.
No puedo evitar mirar nuestros alrededores, esperando a que en algún momento salgan ladrones o cualquier otra amenaza que piense que somos un blanco fácil.
No sé cuánto tiempo pasamos galopando lo más rápido que es capaz de soportar el animal hasta que empiezo a reconocer el aspecto de las calles.
Hemos dejado atrás la opulencia y el brillo del castillo para internarnos en la realidad de la ciudad.
Desmontamos a una distancia prudencial del lugar.
Mis botas pisan algo blando que no me molesto en mirar.
Seguimos andando, sin mirar fijamente a nadie, ya que eso no atraerá nada bueno.
A estas horas de la noche solo quedan borrachos, ladrones y prostitutas que ejercen en las calles.
El aroma de los perfumes, el incienso y los puros serpentea por debajo de mis fosas nasales, avisándome de que nos acercamos al Red Fear.
En cuanto estamos frente a su puerta, Pasha da un paso atrás, dejándome a mi suerte.
—Haz lo que tengas que hacer, pero no tardes. Estaré aquí fuera esperando.
—¿Por qué no entras?
—No quiero que me relacionen con esos hombres.
Me atrevo a mirarlo a los ojos. Bajo la oscuridad de la noche, estos brillan tanto que parecen hechos de metal.
Por un momento, uno muy pequeño, siento respeto.
Pestañeo un par de veces y me preparo para entrar.
Sé qué clase de escenas voy a ver en el interior, sin embargo, nunca te acostumbras.
Abro la puerta con el hombro, me aseguro de no hacer contacto visual con nadie y me dirijo hacia donde sé que está la habitación de la pequeña Bryn.
No obstante, sabía que no iba a ser tan fácil.
En cuanto una de las chicas descubre mis intenciones, me detiene agarrándome del brazo.
—¡Eh, tú! ¿A dónde te crees que vas? Esa zona está prohibida.
No me queda más remedio que alzar la cabeza y dejarle ver mi rostro. En cuanto me reconoce da un paso atrás y me suelta. Se lleva la mano a la escasa ropa que cubre su cuerpo y se limpia la palma en ella, como si eso fuese a librarla de la muerte si estuviera en peligro.
—Kas…
—Vengo a ver a Bryn.
No dice nada, solo asiente, así que continúo caminando por el pasillo hasta el final.
No me sorprende encontrar la puerta abierta y en su interior a Noelle.
Está sentada en el borde de la cama, cambiando lo que parecen paños fríos de la frente de la niña.
Me apresuro a entrar y acercarme a ella.
Me arrodillo en el suelo y refreno mis manos del impulso de tocarla.
—¿Qué ha ocurrido?
—Hace unos días empezó a encontrarse mal y ha estado en cama desde entonces.
—¿Crees que es…?
—He gastado mis monedas en un médico. Dice que no parece que sea la Nectumbra.
—¿Entonces?
—Infección. Justo hace unas horas que se marchó y me ha dado un brebaje que debe tomarse. Debería haber mejoría pronto. —Acaricia la mejilla de la pequeña, que permanece completamente ajena a todo—. Te dije en la nota que no hicieras ninguna tontería.
—¿Crees que puedes decirme que Bryn está enferma y esperar que no venga?
—Va a mejorar, no tienes de qué preocuparte.
—No parecías pensar igual cuando me escribiste.
—Supuse que no me perdonarías que te ocultara una información así. —Sonríe de forma reconfortante—. Todo saldrá bien. Siento haberte preocupado.
Noto como si alguien hubiese liberado mi pecho de una gran carga. Respiro de forma más ligera.
—¿Cómo es la vida en palacio? —pregunta.
—Superficial e irritante.
—¿Y el príncipe?
Guardo silencio. No porque no sepa qué decir, sino porque no sé por dónde debería empezar. Si empiezo a hablar tal vez vea lo que yo me niego a reconocer.
—Educado, apuesto, pero eso ya te lo habrías imaginado, parece tener un sentido del honor muy fuerte y también es inteligente.
—Vaya, no parece que sea un niño de mamá irritante. Esperaba que me dijeras que lo odiabas.
—Bueno, que sea todas esas cosas buenas no significa que no esté deseando acabar y huir de allí.
Mentirosa.
Suenan unos golpes en la puerta antes de que una de las chicas del burdel asome la cabeza. No puede evitar prestarle atención primero a la pequeña Bryn. A pesar de que la mayoría muestre reservas conmigo, es indudable que la pequeña es adorada por todas. Es un ser demasiado puro.
—Shaula sabe que estás aquí. Quiere hablar contigo.
Suspiro y lanzo un último vistazo a Bryn. Me cosquillean las puntas de los dedos y las comisuras de los labios, pues la necesidad de inclinarme y besar su frente es fuerte. Necesito que sepa que he estado aquí. Sin embargo, sé que no debo acercarme. Me levanto y salgo de la habitación.
—Buena suerte, Kasdeya.
—Nos vemos a mi vuelta, Noelle.
No necesito que nadie me guíe. Voy hasta el despacho y doy un par de golpes en la puerta hasta escuchar la voz amortiguada de Shaula al otro lado.
—Kasdeya —dice a modo de saludo.
—No pareces alegrarte de verme.
—¿Por qué debería? El rey sigue vivo y mis bolsillos no están más llenos.
Su mirada fría cae sobre mí con fuerza.
—Ha habido complicaciones.
—Han llegado los rumores. —Suspira y echa la silla hacia atrás, como si necesitase más espacio para tener esta conversación—. La enfermedad se ha extendido por el palacio. ¿Cómo está nuestra querida familia real?
No se me pasa por alto la mezcla de ironía y odio en su voz.
—Sana.
Se levanta de su asiento y rodea el escritorio para apoyarse en él y quedar más cerca de mí.
—Vaya, qué coincidencia.
—¿A dónde pretendes llegar?
—A ninguna parte. Solo estaba haciendo una observación. Te noto a la defensiva, Kasdeya. ¿Ha ocurrido algo para que estés así?
—¿Además del hecho de que me ocultes quién está detrás de todo esto? No lo sé, a lo mejor la presencia del rey maldito en palacio me está poniendo los pelos de punta. No creo que sea una coincidencia que la enfermedad se haya extendido allí justo después de su llegada.
—Vigila cómo me hablas. Harías bien en recordar que antes de que te diera un sitio donde dormir y un propósito solo eras una rata mugrienta y asustada.